Cómo nos cambia la vida la llegada de los hijos, no? Pero sobre todo, el primer hijo!

He sido oídos de muchos relatos de mamás primerizas que se sienten exhaustas, realmente agotadas, desorientadas y angustiadas, en medio de la afortunada situación de recibir a su tan amado bebé. Y son contradictorios, confusos y hasta incómodos, estos sentires contrapuestos, de ser la mujer más feliz del mundo con su hijo en brazos, pero al mismo tiempo una pecera de lágrimas por no saber qué hacer frente a muchas situaciones que se presentan en su día a día.

Y más difícil se pone la cosa, cuando un conjunto de “opinólogos” rodeamos a esa madre con consejos (a veces dificilísimos) que debería llevar a cabo para que tal o cual cosa suceda, o para que el niño esté bien. Consejos que quizá ya no se aplican a esta vida moderna, o que pudieron funcionar para algunas madres, pero ya no. Opiniones sobre la leche, el sueño, la marca de pañales, dormir en la cuna o en brazos, los llantos, el abrigo, la piel, si es parecido a alguien, y qué será cuando sea grande! Pueden parecer muy útiles, pero no siempre lo son…..

La mamá que tuvo un embarazo estresante, un parto largo, una cesárea inesperada, un bebé internado, o simplemente todo salió “bien”, pero está confundida, necesita tiempo para encontrarse con su bebé, conocerse mutuamente desde dos cuerpos separados que ahora son. Respirarse en la felicidad del encuentro y el susto que todo lo nuevo implica. Resolver las angustias que brotan por momentos, acunar sus hormonas y a su hijo en el mismo abrazo.

La madre puérpera, no necesita de nuestras presiones, del “tenés que”. A veces los consejos la sumergen en un espejo de comparaciones que la alejan de lo natural, para encasillarla en el deber ser. Ese bebé recién despierta en este mundo y necesita una mamá conectada al 100% con él. Que descifre cada llanto, cada mirada, cada gesto o malestar. Y eso se logra, sí se logra! Con una mamá segura de sí misma, que puede mirar a su hijo más que al resto del mundo, y que no se engancha con cada opinión que cruza volando por sus oídos.

Sé que muchas estarán pensando que lo hacemos para ayudar, sí, es así. Pero las invito a mirarnos un poquito más. Revisarnos en el rol de espectadoras y limpiar para el futuro esas actitudes que pudieron dañar a otras mujeres sensibles en su debut como mamás. Pulir esas ayudas y escuchar a esa madre que nos dice que no “le sale” lo que le proponemos! Qué más puedo hacer para ayudarla? Quizá una sugerencia que no la haga sentir inferior. Quizá mencionar algún libro o unos consejos que vimos por ahí en algún portal de maternidad. También podemos ofrecernos a cuidar de ella, ayudarle con la casa, las compras, algo del trabajo pendiente, no sé. Hay muchas cosas en la que podemos ser de gran ayuda para una mamá reciente…

Muchas cosas para hacer, muchas emociones encontradas, y un bebé que demanda 24 horas. Para algunas mamás es más sencillo que para otras, por eso es  importante que podamos escuchar, saber lo que esa mujer está necesitando o lo que quiere compartir.

Cada hijo llega con un nuevo desafío, y es distinta la experiencia de maternarlos. Pero hablamos del primer hijo porque es el que marca el antes y el después de este nuevo rol. Tanto para descubrir, tanto para aprender!

Los que rodeamos esa escena podemos ser de mucha ayuda, o empeorar la situación.

Les propongo sumar: cálidas palabras, ayudas concretas, exceso de comprensión, consejos sabios y aplicables. De seguro serán muy bienvenidos para esa madre que indudablemente también necesitaría que le canten un arrorró….

Que tengas una feliz jornada, nos encontramos en la próxima!