Viajar es una de las mejores terapias para el alma, cuando nos sentimos solos, tristes, cansados o estresados no hay mejor remedio que unas vacaciones.

Cuando viajamos cambiamos drásticamente nuestra rutina, vemos gente distinta, caminamos hacia lugares diferentes, comemos cosas que no comeríamos en casa y nos obligamos a prestar más atención a cada paso, ya que no podemos funcionar en “automático”.

Cuantas veces te paso de salir de casa hacia el supermercado y tener la sensación de que dejaste la puerta abierta o la cocina prendida y sin embargo hiciste todo tal cual debías hacer aunque no registraste ninguno de esos pasos, tu cuerpo iba por un lado (en automático) mientras tu mente iba pensando qué cocinar esta noche, no te pasó nunca?

Por eso cambiar las rutinas, los lugares y las personas hace que las conexiones en nuestro cerebro empiecen a funcionar, la energía comienza a fluir y nuestra mente disfruta.

Disfrutar o sentir placer, estaba mal visto hace unos años, casi casi como un pecado, por suerte los tiempos han cambiado y la ciencia ha comprobado que el placer mejora nuestro estado físico y mental.

Después de un año muy agotador, de las rutinas, de las obligaciones y de hacer tanto sacrificio deberíamos todos, por nuestra salud: TOMARNOS UNAS MERECIDAS VACACIONES. Pero no en casa, unas vacaciones de verdad, afuera, donde sea. La clave es salir de la rutina.

Existen muchos paisajes maravillosos en este bendecido mundo, pero uno de mis favoritos es “La Playa”, para las que vivimos rodeadas de tierra, en medio del campo no hay nada más estimulante que soñar con la hermosa arena blanca en los pies, la brisa sanadora del viento mezclado con la sal del mar y el mágico sonido de las olas…

Lamentablemente el mar nos queda un poco lejos, pero para las que tienen posibilidad les diría que enfoquen toda su energía en llegar al mar.

No importa si es Brasil, Uruguay, el Caribe, Chile o México, eso es lo de menos… lo importante es llegar, abandonar la valija en el piso, sacarnos los zapatos y correr hacia el mar, como si fuera ese amor que nos estuviera esperando desde toda la vida.

No hay forma de explicar la sensación, la conexión espiritual que sentimos al exponer nuestros cinco sentidos frente al mar. Es como una fuerza que nos transporta, por un momento desconecta nuestras preocupaciones de la mente y nos obliga a escuchar, oler, mirar y sentir en la piel toda esa energía.

Volver de unas vacaciones en el mar es volver: FELIZ, renovado, fresco y con ganas de enfrentar lo que sea.

Destinos hay muchos, ofertas y paquetes también, incluso para los más valientes hay grupos de personas que se suben a un bus con mochila al hombro y van sin mucha más información por donde el camino los lleva. Y en nuestra ciudad tenemos unos cuantos ejemplos de jóvenes aventureros que se animaron y les fue muy bien!

¿A vos te gusta viajar?  Escribinos a info@epicasmujeres.com.ar y contanos tu historia o tu proyecto de viaje.