Si hay algo que tenemos en común las mujeres es que vivimos llenas de miedos, pero también es cierto que estamos aprendiendo a enfrentarlos, a no dejarnos vencer.

Las mujeres más importantes de nuestra historia tienen algo en común, los pasos más importantes que dieron en la vida fueron después de algún acontecimiento traumático, una pérdida, un reto, un desengaño o una frustración.

Y aunque suene utópico soy de las que cree que todo lo malo puede convertirse en una oportunidad. Por eso hace pocos meses atrás si alguien me preguntaba a qué me dedicaba, si estaba conforme con mi vida o si era feliz, sin dudarlo hubiera dicho que estaba muy conforme y feliz. Pero después de un episodio incómodo que me hizo pensar me di cuenta que estaba muy cómodamente parada en un lugar que no era el que había soñado para mí.

La vida nos va arrastrando, nos enamoramos, formamos una familia, tenemos hijos, tratamos de ser profesionales o por lo menos buscar una actividad que nos guste y que nos permita sobrellevar las necesidades de nuestros hogares y nuestra autoestima, y en el camino nos vamos olvidando de los sueños que teníamos cuando éramos más jóvenes.

Seguir un sueño es casi imposible en los tiempos que corren, tener éxito es para algunos pocos y nos queda conformarnos con ser buenas hijas, buenas alumnas, buenas novias, buenas esposas, buenas madres, hasta en algunos casos ser un poquito feliz.

El mundo evoluciona demasiado rápido y no nos da tiempo para adaptarnos a esos cambios, el tiempo que necesita un ser humano, un tiempo que nos permita aprender algo nuevo sin estrés y sin dejar de vivir.

¿Porqué cambian tan rápido las cosas, porqué las novelas duran tan poco, la moda cambia muy rápido, una vez que aprendimos a usar las herramientas de Facebook ya están cambiando algo y ni hablar que los teléfonos que debemos cambiar por lo menos una vez al año?

Con ese panorama me resulta imposible aprender a adaptarme al mundo y nos limitamos a ir SOBREVIVIENDO lo mejor posible.

Qué bueno sería tomarnos unas horas al día para apagar el celular tomar una hoja y una lapicera y escribir esos sueños que tuvimos una vez y que por uno u otro motivo fuimos dejando pasar.

Es muy probable que nos parezcan totalmente inalcanzables, pero quien sabe, si a ese papel lo pegamos en un lugar que podamos verlo todos los días y si de a poco armamos un pequeño e ingenuo plan… tal vez, quién sabe, podamos cumplir un sueño y nuestra vida se transforma PARA SIEMPRE.