Hoy en  “chicas viajeras”, vamos a contarles la historia de una mujer que eligió quedarse a vivir en las sierras cordobesas con un nuevo modo de ver y transitar la vida. Quizás el viaje no llegó tan lejos en lo físico pero sí en lo espiritual.

Soledad Chialva es Fotógrafa, Reikista, e Instructora de Yoga, pero además hace artesanías, manualidades y cocina para vender en las ferias y a los que conocen sus habilidades.

Desde sus 4 años vivió junto a su mamá y sus tres hermanos en Capilla de los Remedios, un pueblo que les dio el amor y la contención que necesitaron, después de perder a su papá cuando todos eran muy chiquitos. Recuerda haber encontrado en ese Río Suquía, la conexión con la naturaleza que de alguna manera marcaría su vida para siempre. “Me escapaba para estar en el río, conocía todos los caminitos y recovecos para llegar en bicicleta hasta la orilla y pasar un tiempo sola ahí.”

Río Squía, vista desde el puente de Capilla de los Remedios

En 2002 se mudan a Monte Cristo para poder seguir estudiando Fotografía en Córdoba, una profesión que ama y que redefine permanentemente de acuerdo a los cambios que fueron sucediendo en su vida.

Actualmente vive en una Comunidad originaria en Bialet Massé. “Creo que lo que marcó mi decisión de vivir en las Sierras fue una estadía en la casa de mi madrina en Villa Giardino. Caminando esas callecitas sentí la fuerza de la decisión de que cada uno puede elegir dónde quiere vivir, y para mí ese lugar eran las Sierras!” Así empieza a contarnos cómo fue su recorrido y sus pasos, guiada siempre por el sentir.

Su primera experiencia de viaje sola fue a Capilla del Monte, al pie del Uritorco, a pasar Año Nuevo en un camping. “Fue la primera decisión fuerte que hice desde mí misma, ya sentía la necesidad de mudarme de Monte Cristo pero todavía no se aclaraba hacia donde, ni cuándo. Ese viaje fue muy revelador, vi que podía estar sola y disfrutarlo. Sentí profundamente que se abría una puerta y empezó a tomar fuerza mis ganas de seguir viajando y conocer el mar”.

Había fallecido su mamá hacía dos años, sus hermanos cada uno con sus familias formadas y esta joven soñadora y audaz, empezó a hacer su propio camino, sintiendo que en cada paso que daba la acompañaba la bendición de sus padres.

“Estaba entre Brasil y Uruguay, pero decidí ir a Uruguay, a un pueblito que se llama Punta del Diablo. Saqué el pasaje y me fui en carpa, 10 días sola y sin teléfono!. Fue una experiencia hermosa, conocer el mar me conectó aún más con la naturaleza y con mi interior, me encontré gente amigable y fui recorriendo lugares que me maravillaron y me enseñaron distintas formas de vivir.”

Volvió a fines de enero de la playa y a partir de allí su mente, más abierta y decidida la fue llevando por nuevos caminos. A los pocos días comenzó a tomar clases de danza afro en Unquillo, conoce gente del lugar y en unos meses estaba mudándose a vivir sola, en las Sierras Chicas! “Unquillo fue el lugar que me animó a animarme! Viví en un departamentito interno, en el patio de la casa de Moni (una amiga del alma), con un Lapacho gigante frente a mi puerta y un algarrobo del otro lado de la casita. Lo sentí como un lugar mágico, fue mi primer espacio elegido para vivir y no dejé de admirarme todos los días de los paisajes que veía cada mañana al levantarme y al salir. Tenía el Pan de Azúcar al frente que estallaba en su verde y sus colores! El agradecimiento fue diario y vivir ahí me cambió….”

En las próximas vacaciones planificó ir a Brasil, ya no por simple turismo, sino con la idea de conocer más íntimamente el modo de vida. Se quedó cuatro meses, trabajó en cocina, conoció lugares con la naturaleza en su máxima expresión, donde el hombre respeta el medio ambiente por encima de todo. Se sumergió en una isla selvática, aprendió de los lugareños y se sorprendió a cada instante…. “me quedó muy marcado en una de las comunidades, cómo las personas nativas del lugar tienen la última palabra y resguardan el territorio. No hay vehículos, sólo bicicletas, para cuidar la naturaleza, porque no se pisan siquiera las raíces que sobresalen de los árboles”

Años anteriores a este viaje, Sole ya había conocido a la Comunidad Ticas de Bialet Massé, había participado en varias ceremonias, como Inti Raymi y Pachamama, y fue invitada a vivir en comunidad cuando así lo sintiera. Su viaje a Brasil y el regreso a dedo por el norte de ese país, tenía también como objetivo conocer otras comunidades ancestrales, aprender de ellos y traer esa sabiduría a Córdoba.

Esta experiencia reafirmó lo que su interior gritaba: vivir en comunidad es posible, hay que encontrar la forma que se adapte a cada grupo de personas y animarse. “Ver tantas comunidades, tanto cuidado de la naturaleza, tantas formas de vida distintas, me hizo desarmar muchas estructuras y confirmar que no estábamos tan locos al querer proteger la naturaleza, revalorizar la cultura comunitaria, la herencia que dejaron nuestros ancestros.”

Se despidió de Unquillo, pasó unos meses en Córdoba mientras se acomodaban las ideas y las acciones, y en 2016 se muda a Bialet Masse, primero alquilando una cabaña con una compañera y sus dos hijitas, y en el verano se instala en el campo de la comunidad, en carpa.

El territorio comunitario tiene construido un SUM de barro y madera, realizado en unas jornadas de trabajo tipo Mingas, donde algunos constructores capacitaron en la técnica, mientras los participantes aprendían y avanzaban juntos en la obra. Además del SUM hay una casita, también de construcción natural, y la de Soledad que está en proceso inicial. “Será un hexágono de construcción natural y techo de paja, en una zona del territorio apta para realizar las actividades de cuidado y reforestación del monte que la comunidad lleva a cabo desde hace años”.

En el campo no hay luz ni agua corriente, el respeto por el monte y la valoración de los recursos naturales, son la premisa fundamental de quienes allí habitan. Se hacen trabajos de reforestación permanentemente y se está gestionando ayuda económica para poder cavar y tener agua de pozo, mientras tanto traen el agua del arroyo en tachos y bidones, y el agua para tomar, de una vertiente.

Cuando llegó el invierno, compartieron este espacio comunitario del SUM, donde se cobijan, cocinan, se reúnen y duermen, mientras cada uno va dándole forma a su casa!

“vivir en la comunidad es como un viaje, uno se va desprendiendo, va sintiendo lo que verdaderamente es necesario y lo otro lo va dejando. Es darse cuenta que para ser feliz, para trascenderse a uno mismo, tenemos que ir soltando capas, sabiendo que fueron cosas impuestas, miedos que nos limitan y nos estancan, es más fácil de lo que creíamos. Es sentirse libre y aprender a ver que la naturaleza es el gran vergel que todo lo ofrece.”

“Soy una agradecida de todo lo que voy viviendo. Vuelvo siempre al origen y estoy convencida de que este camino no sería posible sin los padres que tuve, sin haber nacido donde nací y cada una de las experiencias que fui viviendo en la vida, sé que este cuerpo es el viaje, lo permanente es lo que trasciende, y lo que nos mantiene unidos está más allá de lo físico!”

Estas son algunas de las Postales que Soledad hace para vender y difundir su amor por la naturaleza. Podés adquirirlas al 351 675-2493