Llega diciembre y parece que nos ponemos más ansiosos y vulnerables que nunca.

Un mes de Cierres, de despedidas, de muchos recuerdos y esperanzas de que lo nuevo llegue pronto y sea mucho mejor que el año que se va.

La mayoría de las personas sienten aires de renovación con la llegada de fin de año, pero al mismo tiempo, un cansancio que se manifiesta en cuerpo y mente. ¡Por supuesto, que nuestros hijos perciben estos estados, y no quedan exentos!… para ellos posiblemente también sean momentos de tensión, cansancio y nerviosismo. Depende de la edad que tengan, pueden mezclarse en este tiempo los miedos por sus notas escolares, la vergüenza de participar en actos y demostraciones, el cansancio de todo un año lleno de actividades, y el deseo de que las vacaciones les permitan hacer más cosas de las que nuestros adultos cuerpos pueden resistir. Comienzan los pedidos de permisos para ir de acá para allá, las tentadoras actividades veraniegas, el tiempo libre, los horarios relajados, etc… Una serie de enormes cambios en tan poco tiempo, que suelen llenarse de fiebres, dolores de panza, llantos de aparente sinrazón, irritables pequeños que no sabemos cómo conformar….

El fin de año marca el cierre de ciclos relacionados a la educación. Muchas actividades se “adaptaron” a ese ritmo, de repente nos quedamos sin clases, sin deportes, sin horarios, sin actividades de ningún tipo, y con un agotamiento que parece que sólo nos permite arrastrar los pies.

Y ahí viene el gran desafío: qué hacemos con estos enérgicos seres que demandan atención, objetos, regalos, comidas, paseos, etc, etc,

Creo que podemos reflexionar otras formas de transitar estos meses, que debieran ser de alegre descanso en familia, con posibilidad de salir a caminar o disfrutar del agua, leer más de lo habitual o compartir con nuestros hijos actividades que a todos nos permitan recrearnos. Pero los padres no somos “Piñón Fijo”!, no es nuestro rol entretenerlos permanentemente, o comprarles juegos para que no se aburra. Sí debemos saber proponer actividades que luego los niños puedan llevar a cabo o compartirlas con ellos, pero siempre monitoreando lo que hacen de manera consciente y segura.

A veces nos cuesta decir no, o ya es suficiente por hoy. Pero los niños necesitan parámetros que les permitan descansar su psiquis…..

Ya lo he compartido muchas veces, y me disculpo por insistir en lo mismo, pero hay cosas que a los niños no les debemos preguntar, sino decidirlas por ellos. Por qué? Porque emocionalmente un niño aún no puede decidir si es mejor un video juego de guerra o uno de crucigramas, siempre va a elegir lo que le brinda más adrenalina, más placer, y lo que juega la mayoría! Y mucho menos podemos dejar en sus manos la cantidad de horas que “debería” estar haciendo determinada actividad, o el horario de levantarse a la mañana, de bañarse, etc… Como siempre digo, los niños tienen que jugar, mucho y sanamente. Pero para eso debe haber adultos responsables de decir hasta dónde y bajo qué condiciones.

A veces los papás damos permisos que ponen a los hijos en situaciones de mucha vulnerabilidad, eso que confundimos con “querer lo mejor para ellos” o “que tengan todo lo que nosotros no tuvimos”, deja a los chicos en una encrucijada difícil de sortear, que les genera nerviosismo, miedos, e inseguridad.

Si les damos a elegir entre tomar gaseosa todos los almuerzos o agua con limón, qué pensamos que van a elegir??? Un niño no dirá: “mamá no voy a tomar gaseosa todos los días porque es malo para mi salud”. Tampoco se preguntará si su alimentación es de buena calidad y equilibrada. Mucho menos pretendamos que salga de la pileta por propia decisión a las horas que el sol es demasiado fuerte! Porque les encanta estar en la pile y no pueden ocuparse de esos riesgos…..son niños y quieren disfrutar de lo que les gusta!!!!!

Entonces, coincido con los autores que utilizan la palabra desamparo para definir estas actitudes adultas de dejar hacer…. No importa la razón por la que decidimos comprarle juegos para más edad, o permitirle que esté todo un día fuera de casa con 10 años sin saber dónde y con quiénes está, o que salga a boliches para mayores cuando apenas cumplió 15. Lo cierto es que en esos casos nuestra presencia es Ausente, y los deja desamparados… vulnerables frente a los peligros sociales e indefensos frente a decisiones que no saben tomar aún….

Vuelvo a insistir, los límites o parámetros, permiten al niño crecer tranquilo. Porque sabe profundamente que alguien se ocupará de él para bien, aunque se queje, aunque reniegue, en su interior tiene la seguridad de que los adultos con quienes vive, son personas de confianza, que quieren lo mejor para él hoy y SIEMPRE.

Este fin de año lo aprovechemos para revisar lo que nuestros hijos necesitan realmente. Les digamos millones de veces que son importantes y valiosos para nosotros. Y regalemos “eso” que sabemos que podrá disfrutar hoy con una sonrisa, pero que además, les dejará el corazón lleno del amor que más necesita: el de los adultos que lo cuidan.

Felices Fiestas para todos!