En tiempos de New Age, se habla mucho sobre el soltar. Soltar lo viejo, soltar los dolores, las ataduras, los mandatos, el sufrimiento, las culpas…. Pero ¿cómo aplicamos eso cuando hablamos de hijos? ¿Qué sería soltarlos?

Es un término quizá un poco confuso para aplicarlo a la relación padres-hijos, pero si hablamos de soltar en el sentido de dejarlos que crezcan, que hagan sus propias experiencias, que se animen a superarse, la frase comienza a tener otro sentido.

No parece una tarea sencilla para algunas madres, dejar a sus hijos que se vayan despegando de sus brazos a medida que crecen, que elijan estar con otras personas, que quieran ir a otras casas, que disfruten de quedarse en el jardín a jugar con sus amigos y amen a sus seños….

¿Este apego (mamá-hijo) es negativo? No en sí mismo. Es natural para una relación que nace de la dependencia absoluta. Un vínculo tan intenso que se torna inseparable por momentos y que puede ocasionar mucho sufrimiento para ambos cuando la separación es muy brusca. Pero reconocer que nos cuesta despegarnos de nuestros hijos, no significa que nos quedemos con eso. Es importante que tengamos conciencia de que, a medida que los niños crecen, irán conquistando nuevos ámbitos de desarrollo, aprenderán a confiar en otras personas, a disfrutar de los espacios y los vínculos fuera del hogar, etc. Es preciso que se animen a expresarse, a interactuar con el mundo, siempre con los cuidados pertinentes y sin apurar nada.

Hay una edad, hasta los tres años aproximadamente, que cuanto más cerca de mamá, mejor. Pero luego empieza el momento de socializar, de salir poco a poco y aprender a relacionarnos con el afuera. Los miedos de que “les pase algo” son normales, pero no deben ser invalidantes. Es importante ayudarles a nuestros hijos a desenvolverse más allá de nuestro hogar, prepararlos para la vida, como dice esta frase tan conocida. Para eso estamos juntos como familia, para enseñarnos y aprender, para que la relación de confianza que podamos generar, nos habilite a ayudarlos siempre que lo necesiten.

Pero no generalicemos, otras madres pueden más fácilmente permitir ese “destete” de sus pequeños sin tanto miedo o sufrimiento. Como siempre decimos, es importante conocernos y aprender cada día más sobre nuestras fortalezas y debilidades como mamás, para así poder mejorar y que nuestros hijos se beneficien de ese cambio.

Podríamos pensar en qué herramientas les brindamos para que vayan aprendiendo a cuidarse, a desenvolverse “allá afuera”. Teniendo presente la edad y su capacidad de comprender algunas situaciones, les iremos explicando los peligros posibles, en quienes pueden apoyarse si les pasa algo, qué cosas no deben permitir que les hagan o les digan, qué situaciones pueden ser un motivo para buscar otro equipo de juego, etc.

Para ser prácticas y claras, hay situaciones que sabemos que pueden ser muy placenteras para los niños y que no corren peligros, mientras que hay otras circunstancias, que claramente incluyen riesgos para los pequeños, que podemos y debemos evitar.

Cuando nuestros hijos salen de casa y de nuestros cuidados, tengamos presente algunas reflexiones que hacen a la tranquilidad de todos:

  • Las personas que estarán a su cuidado ¿son de mi confianza?
  • ¿Es importante para su crecimiento la salida que va a realizar?
  • ¿Le expliqué a quién debe acudir si necesita ayuda?
  • ¿Sabe mi pequeño qué juegos y compañeros son riesgosos para él?
  • ¿Le agrada lo que va a realizar? O ¿es una obligación para él?

Éstas y otras preguntas, son necesarias para que como madres podamos estar más tranquilas a la hora de que nuestros hijos se alejen de nuestras miradas.

Cuidar no es igual que controlar.

Proteger no es lo mismo que encapsularlos a nuestro alrededor.

Preservarlos no es atarlos.

Y a propósito de atar, les dejo un cuento para quienes se quedaron con ganas de seguir profundizando en el tema, se llama La Familia Delasoga, es una historia corta que nos ilustra cómo a veces, por amor, nos atamos de tal manera, que resulta un sufrimiento.

¡Que tengan una hermosa jornada!

Hasta la próxima.

Y no olviden que pueden enviarme sus dudas y consultas a valegazzoni@gmail.com