Cada familia es un conjunto complejo de costumbres, expectativas, diferencias, necesidades, valores, materiales, emociones, palabras, sentimientos y tantas cosas más! Por lo tanto, resulta muy difícil intentar homogeneizar una sociedad, que todos pensemos igual respecto a algunos temas, que nos alimentemos igual, que deseemos lo mismo, que soñemos idéntica realidad, etc.

Por lo tanto el desafío como mamás es tomar conciencia de lo que es mejor para nuestros hijos, más allá de las sugerencias externas, de lo que la familia del lado puede o hace, de lo que nos dicen los libros, de lo que los familiares opinan o lo que la ciencia diga. La gran tarea como madres es descifrar “eso” verdadero para cada hijo y propiciar que lo encuentre en la vida. Dejemos de creer que todos los niños son iguales y que hacen las mismas cosas, y que si unos pueden todos pueden, etc. Sí es cierto que hay parámetros comunes que nos orientan en algunos aspectos esperables, pero cada hijo, en su especial existencia, manifestará sus necesidades y es maravilloso aprender a leerlas.

Para quienes tenemos más de un hijo, podemos observar esas diferencias en muchas cosas de la vida cotidiana: sus gustos, sus deseos, lo que aman, el modo en que duermen, los colores o sabores que prefieren, qué clima les gusta más, las actividades, la ropa…. Y cuando alguno de nuestros hijos merece consideraciones especiales, aprendemos como nadie en el mundo a leerlas y pretender cubrirlas lo más cercano al 100% posible.

Vuelvo a insistir en que cada familia es compleja y va logrando equilibrarse de acuerdo a sus necesidades y costumbres, pero hay momentos en los que una situación especial amerita a que busquemos soluciones distintas, caminos nuevos, personas que nos ayuden o lugares lejanos que puedan enseñarnos otras maneras de resolverlo. Lo importante es no quedarse en lo conocido y aceptado, simplemente porque no aprendimos otra cosa. Cuando las circunstancias nos invitan a cambiar, hay que hacerlo!

Y con los hijos no será la excepción!

Me encuentro constantemente con muchas historias en las que el motor del cambio han sido los hijos, ya sea por atender a su salud, por brindarle una realidad diferente a la que nosotras vivimos, por algún sufrimiento específico o acompañando sus sueños más profundos…. Cuando esa fuerza nos invita a cambiar para ellos, es un momento mágico! Pero no creamos que ese cambio es por el afuera, en realidad es nuestro profundo deseo de hacerlo lo que nos permite concretarlo.

La vida es un cambio permanente, aunque la cultura y las publicidades nos intenten convencer de que tenemos que lograr la estabilidad. Lo variable, lo que no se estanca, lo flexible, es lo real. Nada en la naturaleza es igual de un día para el otro, porque la vida tiene movimiento. Por lo tanto, en nosotros pasa lo mismo y adaptarnos nos hace fuertes y más felices.

Ser flexibles no es resignarse, sino cultivar nuestra capacidad de moldearnos frente a las situaciones que atravesamos diariamente.

No le tengamos miedo a cambiar, es natural y sano. Y si les enseñamos a nuestros hijos a hacerlo, le estamos propiciando una valiosa herramienta para su historia!

Sufrirán menos si pueden aceptar lo que la vida les presenta y adaptarse a eso, sabiendo que está en sus manos la posibilidad de mirar desde otra óptica y que la situación se modifique.

No nos olvidemos que a veces cambiar es sólo una cuestión de pensamientos y desde allí, todo se transforma!

Bienvenida la era del cambio! De la transformación interna. De la unión por el bien común.

Desde ahí nos propusimos encontrarnos con vos y hacer nuestro mundo cada día más feliz.

Seguimos juntas!

Hasta la próxima…