El mito de la mujer perfecta, nos acecha cual fantasma detrás de nuestra propia sombra. Nos habla claro y rígido, personificado en cualquier ser humano que nos rodea y nos arremete con algún comentario que desata la frustración interior al máximo.

Frecuentemente en las rondas de conversaciones femeninas, sobre todo si pasaste los 35, aparece esa íntima confesión del sinsabor que sentimos por lo “conseguido” hasta el momento. Una hiper-autocrítica que nos mantiene disconformes con la vida que tenemos y viendo en la sociedad un exigente enemigo que nos demanda ser buenas en todo!!!

Si no sos madre todavía, posiblemente esa sea tu materia pendiente, aún sabiendo que te dedicaste a trabajar en otros aspectos de tu vida y/o resolver cuestiones personales profundas para encontrar hoy un sentido más amplio de existencia.

Si ya sos mamá, quizá te quedaste con las ganas del exitoso desarrollo profesional, o pudiste con ambos roles, pero sentís la culpa de no haber estado lo suficiente con tus hijos.

Si tenés trabajo, puede que no estés plenamente contenta con lo que haces,  pero si sólo sos ama de casa, quisieras salir un poco y dedicarte a algo más! Si estudiaste, hay que seguir perfeccionándose. Si estás en el deporte, es tiempo de replanteos, y de cambios.

Puede que haga ya mucho tiempo que hacés una misma tarea o actividad, y estés con ganas de cambiar eso, pero te da miedo empezar algo nuevo con las inseguridades que conlleva. O quizá quieras viajar, mudarte, estar en pareja, o separarte, etc, etc. Podríamos hacer una larga lista de roles que cumplimos las mujeres pero que no nos hacen sentir completas!

Tenemos muchos ejemplos de situaciones en las que, por alguna frase o consejo que nos dijeron, nos sentimos la peor del mundo, la que no puede, la que no sabe nada, vulnerable total! Aunque seamos divinas y exitosas, parece que siempre hay “esas áreas” en las que nos sentimos hundidas…. Como si la felicidad completa no existiera, o sea una expresión de cuento de hadas.

Por suerte, cada vez más, encontramos autores, terapeutas, pensadores, que nos ayudan a reflexionar sobre este modelo exigente y demandante en el que nos criamos. Donde nunca es suficiente, sea lo que sea que hagamos, estamos entrenados en encontrar lo que falta, lo que no sabemos, lo que no hicimos, lo que salió mal…. Un modo muy frustrante de ver la vida, que inevitablemente nos conecta con el “vaso medio vacío”.

En cambio, nos hace sentir tan bien cuando valoramos lo logrado, a sabiendas de que siempre podemos mejorar algo más, pero disfrutando de lo que sí pudimos. Es imprescindible que comencemos a reconocer esos diálogos internos que nos humillan, nos desvalorizan y nos enojan.

Entonces podremos cambiar ese modelo cultural que nos exige ser personas perfectas (que en la vida real no existen), productivas al máximo, físicamente siempre jóvenes, buenas madres, buenas compañeras, profesionales o emprendedoras, cultas y actualizadas, y, en lo posible, sin tristezas ni bajones; que no nos enfermemos y mucho menos que necesitemos algún tipo de contención emocional!

Y cómo cambiamos ese paradigma?. En principio, siendo sinceras y respetuosas con nosotras mismas y con otras mujeres cuando se sienten en ese vacío. Comprensivas con lo que no pudimos, comprometidas con mejorar y agradecidas con lo logrado hasta hoy.

Si decimos: “Me propongo estar bien, aceptarme y superar los obstáculos”, llegarán todas las herramientas necesarias para lograrlo. Esto no implica que haya días menos buenos, claro que sí, pero seremos pacientes con nuestro proceso de transformación.

Te proponemos que te animes a ser una mujer completa y feliz. La idea de perfección, no sé…. tirala por la ventana!!!

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Hasta la próxima….