– Mientras la maestra guardaba sus cosas en la cartera, sin mirar a los alumnos les dijo:

-¡Para mañana quiero la tarea terminada!

María una de las mejores alumnas, pero la más tímida y silenciosa del cuarto grado, guardó paciente sus cosas y salió del aula.

De regreso a casa, mientras su hermana mayor le preparaba la merienda, sacó de la mochila su cuaderno de tareas y leyó:

Jueves 15 de agosto

Preguntar a alguna persona mayor de la familia.

¿Qué significa la infancia?

Miró a su hermana que escuchaba  música a todo volumen con los auriculares puestos, y desistió de la idea de hacer la tarea con ella, que seguía bailando y cantando mientras acomodaba algunas cosas en la cocina. Su madre estaba trabajando y volvía tarde, su padre estaba de viaje. Quedaba una  opción, hablar con su abuela. Frente a la puerta de la habitación de la abuela recordó a su mamá diciendo  –La abuela no está bien, está enferma, olvida algunas cosas, dice otras sin sentido. No la molesten, quiero que me ayuden a cuidarla—  María sabiendo que era su última opción en ese momento, dio un par de golpecitos a la puerta, abrió suavemente y entró.
La abuela sentada en la cama, leyendo un viejo y arruinado libro, miró a la nieta y con una amplia sonrisa le dijo:

-Hola María ¿cómo estás?

-Bien abuela, tengo que hacerte una pregunta de la escuela.

La abuela se levantó con mucha dificultad, caminó a cerrar la puerta y volvió a la cama.

-¿Cuál es la pregunta? – dijo la abuela mientras acariciaba el mentón de la niña y sonreía tiernamente.

María abrió su cuaderno de tareas, buscó entre sus hojas y dijo:

-“Preguntar a alguna persona mayor de la familia ¿Qué significa la infancia?”

-¿Sabes por qué esta vieja camina lento? –preguntó la abuela a María, que movió su cabeza diciendo que no  sin levantar la vista del cuaderno.

-Porque cargo sobre mis hombros muchos recuerdos –comenzó a responder la abuela-  algunos que pesan demasiado, otros que de a ratos olvido. Y busco, busco, busco mucho hasta que encuentro alguno que me deja ser feliz solo un segundo.

En cambio cuando somos niños ese lugar donde se guardan los recuerdos todavía está vacío. Eso nos hace ser felices todo el tiempo, no tenemos odio, no sabemos de envidia, no existen los prejuicios. De pequeñas cosas hacemos un juego, y de cada juego hacemos un mundo.  Reímos o lloramos cuando tenemos ganas porque no nos importa el “qué dirán” solo nos importa lo que sentimos. 

Ser feliz no es poca cosa, es todo los que somos de niños y todo lo que anhelamos de grandes, por eso los grandes queremos volver a ser niños.

La abuela abrazó a María, que ahora escuchaba atentamente, le dio un beso en su cabeza y acariciando su cara le dijo:

-No sueñes con ser grande, sueña a lo grande ahora que puedes.

María abrió nuevamente el cuaderno, y escribió con su lápiz todo marcado por sus dientes:

“SER FELIZ”

Autor:  Jorge L. de la Plaza