En 1954 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estableció un Día Universal de Niño, con el objetivo de motivar a través de su celebración “la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero”.
Cada país fue libre de elegir el día y en Argentina se decidió conmemorarlo el segundo domingo de agosto, pero se va moviendo por conveniencias del mercado.

Parece que necesitábamos un día para recordar que los niños tienen derechos y necesidades, para saber que son importantes, o para depositar en ese día la obligación de regalarles algo a los más chiquitos de la familia, como ya lo hacíamos con el día del padre y de la madre.

Hoy quiero invitarlos a que reflexionemos sobre lo que significa ese día para nuestra sociedad, las expectativas que ponemos allí o los deseos que intentamos cumplirle a los pequeños.
¿Qué hacemos? ¿Qué importancia le damos a los niños de esta época? ¿Qué tanto (o tan poco) nos preparamos para su llegada a nuestras vidas?

Todos los días tenemos la oportunidad de agradecerles a nuestros pequeños tesoros por estar con nosotros, por enseñarnos a amar desde la pureza, a transitar esta vida con una sonrisa y sin rencores. El niño pequeño (antes de que la cultura se lo apropie) nos muestra otro modo de vivir, opuesto a las dificultades de la vida adulta. Nos demanda que ESTEMOS PRESENTES, que los acompañemos en su desarrollo, en sus experiencias, que podamos escuchar sus miedos y sus sueños, y también que les contemos algunos de los nuestros.

Los niños están pidiendo que les enseñemos juegos, que cocinemos juntos y compartamos esa comida. Que salgamos de paseo con una pelota o un barrilete, ¡que dejemos de verlos como autosuficientes a los 5 años y como grandes a los 10!
Los niños piden la tablet, o el juego que vieron en la tele, pero detrás de ese objeto desean unos adultos que los amen y les aseguren que estarán SIEMPRE para lo que necesite. Adultos que los guíen cuando no saben qué hacer y que los escuchen cuando se sienten angustiados o confundidos.

Intentemos mirar más allá de lo aparente, descifremos lo que necesitan nuestros pequeños realmente. Que el Día del Niño sea un día para compartir y celebrar la vida que llevamos juntos, con aciertos y errores. Que nos sirva como adultos para valorar lo IMPORTANTE, sin precios comerciales, sino con la seguridad de que estamos brindando lo mejor de nosotros cada día que compartimos con nuestros hijos, sobrinos, nietos, vecinos, alumnos, etc…
Amemos a los niños en su fibra más pura, dejemos que desplieguen sus talentos y que nos enseñen sus descubrimientos…. compartamos con ellos su niñez sin APURO! Ya tendrán tiempo para ser grandes.
¡Les deseo un Muy Feliz Día del Niño en Familia!