El adolescente necesita del grupo para sentirse a sí mismo. Su identidad de niño ha sido quebrada y se encuentra en un cuerpo y en un colegio que no son el mismo que el de toda su vida anterior. Es el equivalente a mudarse a un mundo con costumbres diferentes, idioma diferente, vestimenta diferente. En lo corporal es lo mismo que perder el control sobre el cuerpo, como una gripe fuerte, que nos obliga a acostarnos porque nos debilita y no entendemos que le pasa a nuestro cuerpo.

Su mente, su biología, hormonas y su cerebro están desconectándose y conectándose de nuevo. Sería algo así como cambiar las llaves de luz de una casa por completo y  también las luces para poder hacer todo el cableado de nuevo. Sería como entrar a la biblioteca de la mente, sacar la mayor parte de los libros, sacar el polvo, las telarañas de los recuerdos más viejos y colocar los libros con una nueva categoría de orden. Realmente su cableado cerebral cambia dos veces en la adolescencia.

Así, con ese desorden en el pensamiento, enfrenta la escuela secundaria y su vida. Entonces en medio de ese caos, necesita algo de que sostenerse. Sus padres, quienes no entienden por qué está “en la edad del pavo” no parecen ser confiables; entonces recurren al grupo de pares (amigos).

Hoy el grupo de pares está en los grupos de Whatsapp, Instagram o alguna otra red social; cada uno de esos chicos con su propia biblioteca desordenada y su propia historia. 

Años atrás, en los primeros tiempos de la pubertad, se reunían y hacían fiestas en una casa de familia, llevaban comida, bebida y bailaban. Los padres sabían quiénes eran los dueños de casa y quien recibía a sus hijos. Los adultos estaban presentes sin estar entrometidos en la fiesta.

En cambio, hoy en los grupos de las redes sociales  hay participantes que no se conocen; hay amigos de los amigos, pero realmente ellos no saben quiénes son. Siguen y comentan a personas que generan tendencias y los mantienen como ídolos, comentan sus publicaciones y se hacen amigos de otros seguidores detrás de una pantalla. Años atrás esto de estar entre desconocidos llegaba después, en la época de salir a bailar, o en la universidad. 

Con tanto desorden en la biblioteca mental y pasando por una búsqueda desesperada por una identidad, el adolescente busca cosas que copiar para armarse. Copia la pose y la ropa de la chica que  más “me gusta” colecciona en internet, los desafíos que hacen otros, las modas efímeras, los retos riesgosos. Es que el adolescente pasa primero por la desconexión del cableado del pensamiento racional y en otro momento por un importante movimiento emocional. En ese enredo es difícil tomar decisiones conscientes de los riesgos.

Allí aparecen cosas para las cuales no tienen capacidad de discernimiento. El adolescente se cree inmortal, necesita probarse a sí mismo todo el tiempo, se ve grande, alto y fuerte y cree que puede con todo, que puede cuestionar hasta a sus padres.

Si en ese desorden de la biblioteca mental no existe un historial de amor, contención, cuidado, límites; el adolescente no tendrá desde donde decidir por lo bueno o por lo malo. Si en cambio hubo adultos que actuaron como tutores, como guías, se sentirán amados y se amarán, se cuidarán. Es decir con ese pasado en su propia infancia, de alguna manera recordarán sus bases y  usaran los ejemplos de cómo cuidarse y amarse para auto-protegerse. Aunque se sientan impulsados a un desafío que el grupo imponga, tendrán un límite interno: “hasta acá llego”, “esto no”, “no tomo más”, “no manejo borracho”, ”no consumo eso”.

El problema es cuando el uso de internet comienza antes. Cuando un niño accede solo, sin vigilancia a videos, a canales determinados de televisión, a conversaciones de adultos; la construcción acerca del ideal de persona se ve matizado por otros contenidos, los cuales en una mente sana podría provocar rechazo o miedo;  pero en una frágil, se fijará con fuerza. Y la adolescencia es una época de gran fragilidad porque el cerebro y las emociones están desordenadas.

Los medios masivos de comunicación, emiten mensajes repetitivos: algunos positivos y otros no tanto. Esos mensajes están disponibles a toda hora, sin horario de protección al menor. De esa manera llegan a mentes muy jóvenes, antes de tiempo:

Así muchas adolescentes se filman bailando en forma sensual (baile del caño, árabe, regatón, perreo), sacándose selfies sexies y subiéndolas al perfil whatsapp a instagram. Por otro lado otros adolescentes pasan tiempo ingresando  a portales de juego online, conectándose con personas de todo el mundo. Lejos queda esto de la americana o el asalto en una casa de familia. En este vínculo, no existe el contacto cara a cara, solo escuchan la voz o leen un mensaje textual en la pantalla. ¿Cómo adivinar el gesto, la intención, la mirada detrás de lo dicho?. El gesto tiene una importancia vital en la comunicación. No es lo mismo decir algo cara a cara que mandar un emoticón.

Ningún chico crece solo, aunque parezca que nacen sabiendo todo. Ser padres, tíos, abuelos, no termina con la presencia del niño en casa, no termina delegando todo en la escuela, requiere análisis, observación y corrección de como se está haciendo. Ser tutor es tutelar, vigilar, acompañar guiar, sostener. El tutor de un árbol, debe estar derecho, firmemente plantado, y sostener al frágil arbolito con una atadura firme pero suave, que no lastime la corteza,  que le deje espacio para crecer y que se vaya soltando de a poco a medida que el tronco se engrosa y las raíces se hacen más profundas.

Lic. Cecilia Cattaneo