Muchas veces nos encontramos en callejones sin salida. Los motivos pueden ser muchos y muy diversos: falta de inspiración para crear nuestros productos, no saber cómo manejar las redes, falta de tiempo, falta de recursos económicos, falta de planes u objetivos concretos. Otras veces simplemente estamos cansadas o perdimos la motivación. Estos momentos son muy comunes en la vida de una emprendedora, son parte de los ciclos de la vida y tenemos que aprender a sobrellevarlos.

Hoy recordé algo que escuché muchas veces y que tiene que ver con esto: cuando todo parece complicado y difícil de resolver es bueno volver unos pasos atrás. Me pasó intentando ayudar a mi pequeña a resolver problemas de matemáticas, cuando me di cuenta que aún no recuerda todos los números. Entonces pensé: tal vez convenga volver hacia atrás, seguir intentando con lo más simple hasta que se vuelva una experta y recién ahí dar el siguiente paso.

A los adultos nos suele pasar algo similar. Cuando estamos bloqueados en cosas que no podemos resolver es bueno recordar cómo fue que empezamos, dónde estábamos antes y como llegamos allí, así será más fácil encontrar la manera de resolverlo. Cómo lo haría un niño? Tratemos de desactivar el pensamiento complejo. Y si aún así nos sentimos confundidas  podemos pedir ayuda a alguien que lo vea desde afuera. También ayuda mucho hacernos algunas preguntas como: qué busco con esto o qué quiero lograr? Para qué? Cuándo? Qué sería lo primero? Lo puedo hacer yo?, etc.

Algunas veces nos planteamos objetivos complicados, procesos que no conocemos muy bien porque los vemos en otros o decisiones que involucran muchos factores. Entonces, tratemos de desarmar el embrollo en el que nos hemos metido, separemos todas las piezas, pongamos distancia y volvamos a empezar, esta vez de a poco.

Repetir ciertas acciones varios días seguidos nos puede ayudar a afianzar lo que hoy nos resulta difícil, por ejemplo intentar usar una nueva herramienta digital, implementar un nuevo proceso, incorporar a alguien nuevo al equipo.

Cuando nuestro negocio es grande y tiene muchas estructuras, sobre todo si estamos solas, tratemos de identificar los procesos, simplificarlos, estructurarlos, convertirlos en rutinas. Esa suele ser una buena manera de avanzar y resolver situaciones complicadas. Luego iremos encontrando el tiempo, las ganas y las capacidades para agregar tareas, productos, desafíos a nuestro negocio. Lo importante es ir paso a paso, porque en el camino nos equivocaremos muchas veces, algunos errores nos costarán tiempo y dinero, entonces empecemos cometiendo errores simples y aprendamos a corregirlos para que cuando llegue el momentos de las grandes decisiones tengamos la experiencia, la confianza y la templanza suficiente para enfrentarlos.

Los momentos más complejos de mi emprendimiento han sido cuando más relajada me sentí, paradójicamente. El vacío o el cambio de rutina suelen tener un efecto de “mareo” en mí. Tal vez también te pase y por eso algunos dicen: “trabajo mejor bajo presión”. No creo en absoluto en esta frase, la presión es una mala consejera. Sin embargo, sí creo que los cambios de rutina pueden desviar nuestra energía y hacernos perder el foco, por eso, cuando sientas que la cosa se ponen difícil te propongo volver al lápiz y al papel, remontarte al comienzo del problema y hacer un plan para resolverlo, puede que no salga a la primera, incluso que te lleve semanas resolverlo. Mi secreto: confiá en tu capacidad, en tu expertiz, en tus tiempos. No todas somos tan rápidas, ni tan listas. Eso sí, todas somos capaces!.