Ya hemos dicho muchas veces que emprender no es para cualquiera; se necesitan cualidades, ganas, apoyo y mucha convicción. A veces, también se necesita tiempo y tozudez. Sin dudas, todo esto es parte de la personalidad de esta mujer.

Celeste Isuani nació y creció en Río Primero y su familia, muy tradicional y reconocida en la ciudad, le brindó las bases que necesitaba para salir adelante. Todo parecía muy sencillo para ella, sin embargo, el destino, el amor o vaya a saber qué, la sacó de su camino. De repente, Celeste se vio instalada en Monte Cristo, con un pequeño hijo y un montón de responsabilidades que afrontar. Volver sobre sus pasos a la casa paterna era una opción, pero le habían enseñado que a la vida hay que afrontarla, que si caemos, nos sacudimos el polvo y volvemos al camino. Así fue cómo decidió comenzar de nuevo, sin olvidar esa pasión que le transmitió su abuela. Claro que, en los tiempos de la abuela, ser pastelera no era un oficio, mucho menos una profesión; será por eso que fue difícil contar con la aprobación familiar para desarrollarse en la pastelería. Por suerte, el tiempo le daría una mano.

A pesar de tener otros trabajos, los fines de semana Celeste se dedicaba a su pasión, las tortas. Cada vez le gustaba más y sin darse cuenta fue convirtiéndose en un trabajo.

Ya hace nueve años, con el apoyo de su marido Oscar, decidió encarar la elaboración de tortas como su actividad principal. Le dio identidad a su negocio y logró montar un emprendimiento desde cero, hacerlo crecer y posicionarse.

Hoy se divide entre las tareas de la casa, sus hijos, la familia y sus amigos. Recibe el apoyo de todos para poder dedicarse plenamente a Amore mio. Para ella es un gran desafío conjugar su trabajo y su familia sin descuidar a ninguno de ellos, pero se siente segura y confiada como para enfrentarlo. Sabe que trabajar los fines de semana es un sacrificio enorme, especialmente por sus hijos, sin embargo, la recompensa y la satisfacción de sentirse realizada después de tanta lucha compensan todo el esfuerzo.

Hacer tortas para Celeste es llevar felicidad a las familias. Cumpleaños, casamientos, bautismos, baby shower, etc.; es estar presente en momentos realmente felices que unen.

Ante un nuevo proyecto, pone todo su empeño en lograr el sabor, la calidad y la estética que el cliente desea. Cada torta es un mundo, por lo que intenta ser cálida, sincera y hacer las recomendaciones que una amiga haría. Se toma el tiempo necesario para explicarle todos los detalles referidos a la elaboración de la torta para que el cliente pueda realmente participar en su planificación y la sienta suya, preparada especialmente para él.

Ella se considera perfeccionista y le gusta estar atenta a cada detalle de una torta pero, debido al crecimiento en ventas que ha tenido su emprendimiento, fue necesario comenzar a delegar. Espontáneamente, ha logrado formar un equipo de trabajo dentro de su casa: Oscar reparte y colabora en la compra de materiales y su hijo mayor Diego participa en el manejo de las redes sociales, medio por el cual Amore mio se mantiene en constante contacto con sus clientes, especialmente por Facebook, red social a través de la cual obtiene su mayor volumen de ventas. Además, Vero Rego y Vero Montenegro colaboran en la decoración y preparación, cuando es necesario.

La pastelería está muy de moda y los clientes son cada vez más exigentes. Siempre hay nuevas técnicas que aplicar y diferentes cursos por hacer, por eso, Celeste está en constante perfeccionamiento y renovación para lograr estar a la altura de lo que los clientes demandan y poder seguir creciendo en su rubro.

Ama la pastelería para la hora del té y la pastelería gourmet. Procura elaborar cosas originales, sin perder la calidad, ni escatimar en materiales. Ella considera que su fuerte es el sabor porque es algo que sus clientes le remarcan y elogian; “les gusta lo de adentro”. Se siente segura a la hora de innovar y apostar a nuevos sabores porque sus clientes le demuestran su fidelidad. Por esta misma razón, intenta no fallarles, estar siempre disponible para conservar esta relación de confianza.

Celeste sueña con tener dos pastelerías, una en Monte Cristo y otra en la ciudad de su infancia, Río Primero. Formar una empresa familiar, seguir creciendo, ver a sus hijos orgullosos, trabajar en lo que siempre la apasionó y, además, llevar felicidad a otras personas mediante sus tortas son grandes satisfacciones que atraviesan hoy el presente de esta pastelera y la hacen sentir verdaderamente plena.

Agradecemos el trabajo de producción de:

Ariel Sosa Galian y Yamile Marquez