Como decíamos en la nota anterior (Me saca que me griten), ¿Quién no quiere vivir mejor? Para eso hay que hacer cambios. Y para saber qué cambiar, hay que revisar, reflexionar y ponerse en acción!

Queremos profundizar un poquito más, en esta herramienta que nos sirve para mejorar todas las relaciones, todos los vínculos y construir una nueva realidad: la comunicación! Pues el modo en el que nos comunicamos habla de nosotras mismas, de nuestra posibilidad o no de mirarnos, de lo que nos cuesta, de lo que nos duele, de lo que nos une y lo que nos aleja.

Cuando nos sentimos incómodas, ya sea en la familia, en las actividades o con nosotras mismas, y queremos cambiar eso, la gran herramienta transformadora es el lenguaje. Lo que nos decimos internamente (pensamientos) y lo que verbalizamos hacia afuera. Eso que pensamos y decimos, tiene un efecto en nuestras vidas, un resultado. Y es en esa consecuencia que se manifiesta, donde tenemos la posibilidad de ver y cambiar.

¿Les pasa que hay días que parece que todo el mundo nos pelea?

Una suerte de encuentros desafortunados con personas que están en una postura opuesta a la nuestra, o la cola del cajero en donde hay quejas y discusiones, o una llamada que no nos gustó, etc…. Podríamos poner muchísimos ejemplos.

Lo cierto es que esos días quizá sea más difícil ponerse a reflexionar, aunque es lo ideal para quien busca cambiar algo en su vida! Porque son los días en que seguramente más salen a la luz nuestros aspectos instintivos, esas reacciones que vienen de lo profundo y que, si no les prestamos atención, siempre estarán ahí gobernándonos…. Aparecen frases como: “yo soy así, temperamental!”, pero esa resignación, nos condena a intercambios agresivos y días de mucho sufrimiento.

Lo que les proponemos es animarnos a hablar distinto, tener en cuenta lo que sentimos y lo que puede causarle a quien se lo decimos. Hablar con respeto, creer en la magia que se produce con un buen diálogo. En todos lados, las palabras son constructoras y destructivas, depende cómo se usen….

Cómo le hablamos a nuestros hijos, por ejemplo, es un gran aspecto para revisar, porque recordemos que los niños aprenden por imitación, así es que, hablarán de la misma manera que son tratados!

Y con todas las personas con las que tenemos vínculos que nos importan, tenemos presente cómo es la comunicación?

Aquí les compartimos algunos tips a tener en cuenta para no caer en una comunicación agresiva y mejorar las relaciones.

  • Evitar el uso de calificativos despectivos (aunque parezcan comunes e inocentes). Por ejemplo, eliminemos las palabras: “tonto, torpe, bruto, vago, improlijo, burro, salame, hartante, etc.”
  • Descartar TODO tipo de insultos. Aunque creamos que los usamos en broma. Sobre todo con los niños, es muy dañino para su autoestima.
  • Evitar las descalificaciones y evaluaciones negativas respecto al hacer o pensar de otras personas.
  • Respetar la opinión de los demás, aunque eso incluya una crítica hacia nosotras. Podemos pensar diferente, estar en desacuerdo, pero aun así tratarnos bien y querer lo mejor para ambos.
  • Pedir lo que deseamos o necesitamos de manera amable y clara, sin suponer que la otra persona “debe darse cuenta sola”. Parece muy obvio, pero muchas veces se generan tremendas discusiones por lo que creíamos que el otro debería haber hecho, pero nunca lo dijimos o fuimos confusas en la expresión.
  • Descartar los gritos. No hacen falta, es una sensación de impotencia que nos generan las situaciones y gritamos para que “el otro entienda”, pero hacen mal, dañan y generan un ambiente muy hostil para la convivencia.
  • Potenciar lo que sí podemos, en nosotras y en los demás. Felicitar, alentar y compartir alegrías, es hermoso y hace muy bien a las relaciones.
  • Colaborar en la solución de problemas de quienes nos rodean, escuchando amorosamente, con atención y predispuestas a dar un punto de vista que pueda ayudar. Evitando consejos imposibles de poner en práctica.
  • Olvidarnos de frases como: “te dije que te iba a pasar eso!”, “pero no te caen las fichas!”, “sos o te hacés?”, “de tal palo….”, “si me hubieras hecho caso….”, y taaantas otras por el estilo. Leamos con el corazón y nos daremos cuenta de que son frases soberbias, donde nos ponemos como “sabelotodo”, mientras delante nuestro, la otra persona está sufriendo.
  • Dejar de quejarnos por todo: del clima, del país, de la familia, de la economía, de la escuela, del trabajo, etc….. La queja es otro gran destructivo, nos genera negatividad y contagiamos eso hacia nuestro entorno.

Estos son apenas algunos ejemplos, de un mar que tenemos, para hacer de nuestras comunicaciones un lugar de encuentro ameno y sanador.

Los buenos diálogos, generan lindas relaciones, apoyo, sensación de seguridad y por lo tanto, aumentan nuestra autoestima. Imaginen lo importante que es aplicarlo en la familia!

Hay una ola mundial trabajando en mejorar las comunicaciones, ¿te sumás desde dónde estás?

Vivir mejor es un gran plan y se necesitan muchas personas que quieran trabajar en eso!

Nosotras nos sumamos y estamos muy contentas con los cambios que pudimos ver en nuestras vidas, te animamos a subirte a este tren….

Hasta la próxima!