Ella es Noelia, se convirtió en una exitosa emprendedora muy rápido y muy joven, pero las circunstancias de la vida hicieron que cambiara el rumbo y le dejaron enseñanzas tan profundas que decidió convertirlas en su propósito de vida. Tres años después está dando sus primeros pasos en una nueva etapa que la llena de felicidad y le permite conectarse con su mejor versión. Charló con Épicas Mujeres y nos permitió conocer su historia en esta nota.

Hola Noe, contamos desde el principio, cómo empieza tu historia? 

Mi historia va en paralelo con lo que le pasó a mi papá, fue estafado y quedó en la calle. Esto fue un disparador que me permitió resolver un tema que yo traía desde hacía mucho tiempo… no aceptaba mi cuerpo. Yo competí en fitnes llegué a tener un cuerpo 0% grasa y aun así vivía en una lucha constante contra mi propio cuerpo. Yo soy Lic en Kinesiología y Fisioterapia, y Téc. en Actividades y Entrenamiento Físico, hace tres años atrás era dueña de un gimnasio, mi papá tenía una de las fábricas de calzado vulcanizado más grande de Argentina. Su socio lo estafa y lo deja en la calle, yo tenía 30 años. 

En los últimos 3 años he aprendido más cosas que en los otros 30…  Me tocó encargarme financieramente de mi familia, ya que perdieron todo. Eso me causó muchísimo estrés y mi negocio empezó trastabillar, terminé vendiendo mi gimnasio, mal vendido, por desesperación, por ayudar, a mi papá, a reabrir una fábrica de la cual dependían 35 familias. El estrés era tan grande!… y me encontró en medio de una competencia de fitnes, dónde no me pude preparar bien… Haciendo dieta empecé a engordar y mi preparador físico me recomendó una serie de quemadores de grasa y suplementos dietarios. Llegue a tomar 30 por día, una locura!. Me intoxiqué, no pude competir, colapsé emocionalmente y eso me llevó a terminar 3 meses en la cama con 25 kilos de más, todos de golpe. 

Yo estaba en la cama, con un enorme problema financiero y no sabía si al otro día iba a tener plata para pagar las cuentas. A veces la vida te arrincona, yo tenía que aprender…

A mis 14 años sufrí de bulimia y anorexia y hasta ahora mi vida había sido una lucha por conseguir el cuerpo perfecto, en eso enfocaba toda mi energía. En esos tres meses perdí todo lo que había logrado en 16 años. 

Hoy entiendo que aumentar esos 25 kilos no era el fin del mundo, pero en ese momento sentía que estaba en el pozo más profundo en el que una persona puede caer. Subí 25 kilos porque comencé a tener una serie de atracones, producto de haberme “muerto de hambre” durante los meses que me entrenaba para competir. 

Competía porque estaba obsesionada con tener un cuerpo perfecto, y cada vez quería más y nunca estaba conforme. Nunca llegaba a verme bien, mi mente estaba programada a nunca llegar a esa meta. Ahora se que: “La felicidad es hoy y ahora”. Si vos todo el tiempo pensas: -cuando tenga esto voy a ser feliz, cuando me reciba, cuando me case, cuando tenga un hijo… voy a ser feliz-  entonces nunca lo vas a ser, porque le estas diciendo a tu cerebro que aún falta algo, que la felicidad es para el futuro… tu mente te va a obedecer.

¿Cómo saliste de esa situación en la que habías caído?

Lo primero que tuve que hacer es salir de los atracones compulsivos. Entendí que algo estaba mal y empecé a investigar, hasta que encontré una chica en EEUU que tiene un método donde plantea que -“si entendes como funciona tu cabeza vos mismo entendes por qué tenes determinado comportamiento y lo podés manejar”-. 

Lo primero fue correrme de la posición de víctima y esto es para toda situación que te toque en la vida. Cuando vos crees que todo te pasa a vos, que la vida te castiga, que tenés mala suerte… nunca vas a poder salir. Yo entendí que esto pasó, pero no ME pasó, ¡así es la vida y debemos enfrentarla sin sentirnos víctimas!. 

Cuando entendí que yo no era la víctima de mi vida, si no la protagonista, tenía que aprender cómo funcionaba mi cabeza. Ahí descubrí que los seres humanos, al igual que los animales, actuamos por instinto en casos de emergencia. 

Mi cuerpo estaba muriéndose de hambre y mis atracones no eran más que un reflejo de supervivencia. Cuando vos tenés una obsesión, como yo tenía, por tener un cuerpo perfecto, pasas de la dieta extrema al atracón. Y esta situación se repite tantas veces que se vuelve un hábito y finalmente lo automatizas, sin darte cuenta. 

Primero tenía que dejar de hacer dieta… aprender a escuchar a mi cuerpo y prestar atención “cuándo tenía hambre y cuando no”. Necesitaba normalizarme y eso significaba que la comida fuera algo normal y que yo pudiera salir y comerme una pizza con mis amigos o desayunar con mi familia. Comer normal en sociedad y no a escondidas. Comer sin sentir CULPA. 

Para lograr eso tuve que dejar de pensar “qué comidas engordan y cuales no”… olvidarme de lo que es prohibido. Debía observar cómo yo reaccionaba a cada comida: “me gusta o no me gusta”, “lo como a atraconazos o lo como normal”. 

Aprendí que: todo lo que le decimos al cerebro que está prohibido genera un efecto inverso que hace que lo deseemos aún más.

Empecé a tener una relación con mi cuerpo, sin dietas, es como una conversación, cuando comienzo a tener hambre me pregunto: qué querés comer? Y me respondo, si esa respuesta implica algo que luego no me hace sentir bien, entonces hago, conmigo misma, algunas concesiones. Me digo: esto me hace sentir somnolienta, mejor como esta otra cosa… y así empecé a relacionarme sanamente con mi propio cuerpo.

Hoy ya es algo natural, hace 3 años atrás nunca me lo hubiera imaginado. Todos te dicen si vos querés este cuerpo ideal matate a dietas y gimnasio y lo vas a tener, pero nadie te dice que en poco tiempo lo vas a perder.

En mi gimnasio yo había entendido este concepto y lo aplicaba para mis clientes pero no en mí. Yo sabía que para que alguien se mantenga en el gimnasio tenía que hacer algo que lo haga sentir feliz y por eso zumba es un éxito, porque te sentís bien y te hace feliz, respirás mejor, dormis mejor. 

Entonces descubrí que el problema no era la comida, si no, lo que yo le decía a mi cabeza… Todo empezó en mi niñez, mi mamá siempre hacía dietas y yo me crie viendo eso. No quiere decir que ella es la culpable, vivimos inmersos en una cultura que te enseña que: “si estás flaca estás más linda!” Y la gente en la calle te dice: “qué linda que estás, estas más flaca!”. Entonces nuestro cerebro aprende: flaca = linda y sobre todo cuando somos niñas y aunque ya seamos flacas queremos ser más flacas, porque todas queremos ser lindas y queremos ser aceptadas.

Y hacemos dietas porque la comida engorda y entonces: la comida es la culpable. Cuando vemos una foto lo primero que vemos es lo fea que estamos en lugar de lo lindas que estamos. Nos pasa a todas. Es algo que nosotras decidimos pensar de nosotras mismas y cuando lo repetimos constantemente lo volvemos automático. Ni siquiera lo cuestionas, el cerebro pone play y suena solo. 

¿Cómo esto de programar tu mente?

Cuando vos queres encontrarte defectos, vas a encontrar defectos. Si querés encontrar virtudes, vas a encontrar virtudes. Vemos la vida según como programamos nuestra cabeza. Nuestro cerebro hace lo que nosotros le decimos. El tema es ¿Cómo nos comunicamos con nuestro cerebro para hacerlo funcionar bien? Esa es toda la magia.

El aceptarte hoy así como sos te libera de todas las presiones. Amarnos es lo más difícil y entender que las emociones, como la felicidad se generan con los pensamientos. Y si vamos un poquito más atrás llegamos a las creencias, estas son los pensamientos que no cuestionamos, que son ley. 

Debemos observar cuáles son esos pensamientos arraigados en nuestro subconsciente y que forman nuestras creencias. Cuando cuestionamos nuestras creencias es cuando empezamos a cambiar.

Si una persona te dice: fea fea fea desde que sos chiquita, lo más probable es que crezcas creyendo que sos fea, aunque seas realmente la mujer más hermosa del mundo. Cuando te mires al espejo te vas a ver fea y te vas a sentir fea.

La única manera es ser consciente de que esto es una “creencia”, un pensamiento arraigado y deberás preguntarte si “realmente es así o no”. Todos somos capaces de cambiar nuestra realidad si realmente queremos hacerlo. Es incómodo, sí! Tu cabeza va a defender tu creencia, vas a tener que luchar contra tu propia mente.

¿Te costó mucho aplicarlo a vos misma?

Yo leía todo esto y no lograba aceptarme, le pedía al cielo que me llevara. No tenía ganas de vivir, ya no tenía motivos. Pasaron tres meses y un día me avisan que uno de mis mejores amigos muere. Él sufría de obesidad, yo lo había ayudado a bajar de peso en mi gimnasio pero hacia muchos meses que no lo veía. Le pedí a mi mamá que me comprara ropa, porque no me entraba nada de lo que tenía en el placard y fui a su funeral. Nadie me reconocía, fue lo más humillante que me pasó, verles las caras me rompía el corazón. 

Hoy entiendo que estoy en esta vida para aprender y para ayudar a un montón de personas que pasan por estos procesos y sufren. 

Antes de tener mi gimnasio empecé a estudiar comunicación, me gustaba el arte, la fotografía, pero mi obsesión por el cuerpo fue tan fuerte que me desvió de mi esencia y ahora, estoy volviendo a todo eso.

Pasé una adolescencia horrible, mis problemas con la alimentación me alejaban de la gente, los últimos 20 años de mi vida no pueden haber sido en vano, me tienen que servir para ayudar a los demás. No quiero que otras personas, que otras niñas sufran lo que yo sufrí, es mi deber contar lo que yo aprendí. Yo las puedo entender porque yo lo viví.

¿Sentís que hay muchas mujeres, que sufren porque no aceptan su cuerpo?

Argentina es el segundo país con desórdenes alimentarios en el mundo, es una cuestión cultural.

Hoy me veo más hermosa que nunca, me relajé y me conecté conmigo misma. Yo no sabía cómo manejar mi cabeza y le pasa al 90% de las personas. 

¿Cómo es tu nueva vida?

Soy multifacética, siempre lo fui, necesito adquirir conocimientos todo el tiempo, conozco varios idiomas, viajo mucho. Hoy me ocupo de la fábrica que reabrió mi papá y donde todos trabajamos. Tengo mucha visión y se dónde quiero llegar. El problema de muchos emprendedores es que no tienen claro dónde quieren llegar, entonces van por donde los lleva el viento. Yo me propuse que nuestra fábrica iba a exportar y hoy lo estamos haciendo, tenemos un punto de venta en Hawái, otro en Londres y estamos por abrir uno en Dubái.

Para ser emprendedora lo primero que necesitamos es setear la cabeza. El estrés es producto de tus pensamientos, es miedo. Para que las cosas te pasen tenes que estar atenta y ser feliz, las personas tristes no ven nada. Las oportunidades van a pasar a tu lado y no las vas a ver. Debemos acostumbrarnos a gratificarnos, a decirnos cosas lindas. 

¿Crees que las mujeres somos muy prejuiciosas? 

Muy! Si nos decimos cosas lindas ya pensamos que somos egocéntricas, es algo cultural que debemos cambiar. Y nuestra situación económica también es consecuencia de nuestra cabeza, no de nuestros recursos, lo tenemos todo para ser una potencia. Si le preguntas a alguien como está te dice: “y… remándola”, cada cual tiene un problema peor que el del otro y así nos pasamos la vida lamentándonos.

Escribiste un libro, cómo surge esta idea?

Comencé a escribir sobre mi historia y me salió un viaje de trabajo a Hawái. Allá conocí gente y me pasaron cosas increíbles. Cuando volví sentí que me había graduado en este proceso de la vida, donde sané y cerré un ciclo. En muy poco tiempo terminé el libro, lo revisaron en la editorial y lo aprobaron. Sale a la venta en Noviembre. Con él espero ayudar a muchas personas, me encanta hacerlo, me hace feliz.

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