Siempre escuchamos y leemos que “los hij@s no son de nuestra propiedad”, pero con las mamás, parece que no lo tenemos tan claro. Con ese versito de que “madre hay una sola”, creemos que es una especie de superhéroe con adivinación que tiene que poderlo Todo!

Hay una etapa en la vida de todo ser humano, en la que estamos muy pegados a mamá (o a quien ocupe ese lugar de maternaje), y creemos que somos una sola persona. Es un momento especial, cada madre lo vive de diferente forma, para algunas es maravilloso estar unidas a su bebé casi todo el tiempo y prefieren no soltar ese momento, y para otras es realmente agotador. 

Más allá de cómo lo vivió (o vive) cada mamá, lo cierto es que, poco a poco es necesario separar esa díada y empezar a funcionar cada un@ con su cuerpo y su alma propios. Y ahí comienza lo que hoy quiero compartirles, que realmente me parece importantísimo para el desarrollo sano de un ser humano. 

La piel, el cuerpo, como envase de nuestro ser interno, es lo que nos permite unirnos o separarnos de las otras personas. Es el vehículo desde el cual entablo todas las conexiones con los demás. Desde donde me comunico y me presento al mundo. Por ende, es imprescindible, enseñar a nuestros pequeños cachorros, que mamá sufre si la pisan, que no le gusta que le peguen, ni que la muerdan o le tiren cosas. Parece una obviedad pero les aseguro que no lo es! Hablo frecuentemente con mamás que no pueden/saben decirles que no a sus pequeños/as hijos/as cuando están siendo maltratadas, simplemente porque son chiquitos/as. Que se dejan pisotear mientras juegan junt@s en el suelo, que les permiten gritos descomunales o mordidas hasta sangrar porque el/la pequeño/a está enojado/a, o tiene hambre, etc. Estas mamás que admiten ser quienes absorben lo que sea mientras sus hijos e hijas son muy pequeños, pueden ser también permisivas a maltratos y exigencias de parte de sus hijos e hijas a medida que crecen, y ya la situación se torna peligrosa. 

Por qué no empezar mientras son pequeños? Eso facilitará el camino…..

Pues para llegar a comprender que en nuestros cuerpos gobernamos nosotr@s, que el amor y la violencia no pueden convivir, que lo que me duele, le duele a la otra persona también, etc, hubo adultos que me lo fueron enseñando mientras fui creciendo….. En cambio, si mamá permitió casi todo siempre, pareciera que es de mi propiedad, que eternamente me dirá que sí, que no le molesta nada. Parece que puedo contar con ella para lo que yo quiera y sin restricciones. Y si algunas veces me dice que no, es confuso y me genera mucho enojo. Porque no hubo educación en los límites que toda madre tiene, no nos enseñó a respetar su cuerpo, su palabra, su cansancio, sus ganas.

Y cuando somos grandes, que nos encanta la idea de tenerla “a mano” para que cubra todas nuestras necesidades, o que la telepatía nos comunicara sin mediar obstáculos, nos encontramos con que (la mayoría de las veces) la realidad es otra  y sufrimos por ese malentendido constante. Es frecuente que la incomunicación sea evidente y poco constructiva, pues fuimos soñando una mamá a nuestra medida, que responde exactamente a lo que estamos precisando, que no parece tener que ocuparse de ella porque siempre fue sólo mamá full time. 

Deseo que esto que hoy comparto, nos ayude a repensar-nos, reinventarnos y para que este nuevo paradigma que nos abraza sea internalizado y nos permita (como siempre digo) crecer y criar, en amor y libertad. 

Mi mamá no es MÍA, es un ser humano distinto, separado, con sus batallas, con sus proezas, sus sueños y sus limitaciones. No puedo hacer con ella lo que quiero, a mi gusto, esperando que siempre acceda. Puede decir no quiero, no puedo, no me gusta. Puede estar en desacuerdo con lo que hago, opinar diferente, esperar otra cosa…. Y eso no necesariamente es desamor o desamparo. Generemos espacios de diálogo con mamá, revisemos nuestras expectativas y exigencias para con ella, y luego le preguntemos abiertamente y sin juzgar. 

Para nuestro crecimiento personal, para criar en amor y respeto, para comprender a las otras personas, etc, tener una buena relación con nuestra madre, nos allana el camino… manos a la obra en eso!

Les deseo buenos vínculos hoy y siempre.

Hasta la próxima!

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