Hoy quiero hablarles de una escena que se repite frecuentemente en todos los hogares. ¡Quién no ha visto a un niño en estado de desesperación detrás de su mamá? O colgado de sus piernas mientras mamá intenta hacer una tarea. Un llanto desgarrador y no hay quien pueda consolarlo porque sólo quiere los brazos de su mamá….

La cosa se pone peor aún, cuando esa imagen se repite muy seguido en una familia, cuando esa dependencia es tan intensa, que mamá se ve realmente agotada de un niño que literalmente cuelga de su cuerpo todo el día, que llora desconsolado cuando se va, que no quiere estar con otras personas, que no descansa bien a la noche porque necesita estar con ella, etc… Intento ser muy gráfica en esta imagen porque si bien es una escena muy común, genera angustia en el niño, cansancio agotador en la madre y desconcierto en todo el ambiente.

En estas situaciones, es muy frecuente además, que aparezcan ideas del entorno, a modo de consejo para salvar la situación, como: “dejalo que llore porque si no se va a acostumbrar mal”, “ese chico está muy malcriado”, “vos tenés que tener tu espacio”, “tiene que aprender a estar solo!”, etc. Hay personas que pueden escucharnos y sus palabras nos alivian, pero hay otras personas, que en el afán de resolverlo rápido, nos tiran frases de este estilo, que no remedia la situación y deja a esa mamá más desconcertada que antes.

Nos guste o no, podamos comprenderlo o no, el niño demanda porque NECESITA. Ningún bebé o niño pequeño se levanta una mañana pensando: “hoy voy a estar pegado a mamá todo el día!”. No, el niño quiere estar pegado o cerca de mamá porque es su contención, es su resguardo, es quien le da la seguridad que su corazón necesita para enfrentar sus miedos. Entonces, volviendo a la escena de este niño llorando, veamos cómo podemos atenderlo y hacerlo partícipe de la tarea que estamos realizando, hay espacios en los que podemos incluirlos, y según la edad, podemos incorporar actividades para realizar juntos, y ese tiempo se torna productivo para ambos.

Imaginemos como ejemplo, una mamá que trabaja varias horas afuera de casa. Cuando llega, su pequeño la recibe con un llanto desconsolado, producto de esas horas que no la vio, y mamá, cansada de todo el día de trabajo, tiene mil cosas que hacer en casa, no sabe por dónde empezar, comienza a desesperarse también, se enoja o posiblemente entra en llanto. Con varios cambios de elementos, esta situación se repite en gran cantidad de hogares. A eso se suma que frecuentemente los niños no duermen bien a la noche, por lo que, esta misma mamá cansada, se levanta varias veces a verlos y tranquilizarlos para que vuelvan a dormir, o termina trayéndolos a su cama para poder descansar un rato más.

Si sos mamá, seguramente te pasó. En esta nota queremos transmitirles que cuanto más conscientes somos de la necesidad real del niño, más fácil superamos esta etapa. ¿Qué quiero decir con eso? Que el niño está pidiendo algo que le falta, no nos enojemos con él, tratemos de ejercitar la empatía y por un momento mirarlo sintiendo lo que él está sintiendo. Nuestros hijos no están pensando mal de nosotras porque nos fuimos, pero tampoco entienden que son responsabilidades adultas que hay que cumplir. Ellos nos necesitan, y esa es toda su sabiduría. Su cuerpo y su alma lo piden a gritos. Necesitan la energía de mamá para estar tranquilos, para desarrollarse, para crecer. Y si no la tienen, empiezan las demandas desesperadas, llantos, berrinches, enfermedades, mala conducta, etc.

Siempre teniendo en cuenta la edad, les voy a compartir una ecuación que suele aclarar bastante el panorama: la demanda del niño será igual a la cantidad de horas que esté separado de su mamá al día. Entonces, si llegamos de trabajar o lo retiramos del jardín/escuela y nos pide atención casi absoluta, no nos asustemos. Veamos de qué forma lo escucho, lo miro, lo abrazo, lo atiendo hasta que ese interior en ebullición se calme. Si ponemos toda nuestra conciencia en ellos, sin teléfono de por medio, sin conversaciones con otros, sin retarlos, sino escuchando y viéndolos atentamente, esa demanda puede durar una hora. Pero si lo hacemos a medias, apuradas, con mil cosas en la cabeza mientras ellos nos hablan, etc, el pedido de atención se torna eterno. Y llegamos a la noche todos agotados y desconociéndonos.

La atención que le brindamos tiene que ser plena, acompañada de nuestros sentidos, mirándolos a los ojos, tomando contacto con ellos. De esta forma el niño se tranquiliza internamente, porque está seguro de que su mamá está presente en su vida y puede contar con ella. Si esto no sucede, el niño hará un gran esfuerzo para reemplazar esa ausencia con otras presencias, pero la demanda seguirá existiendo, y empiezan a tener mal comportamiento en la escuela, o enfermarse mucho, por dar unos ejemplos.

La maternidad es una entrega, un servicio que hacemos las mujeres que tenemos hijos, y si aún no somos conscientes de eso, empecemos a pensarlo y sentirlo así. Es un rol en el que otro ser humano depende 100% de nosotras al principio…. Por lo tanto, la calidad del vínculo en esos primeros años, será un garante de cómo pueda desarrollarse posteriormente.

Lejos de ser un peso para las mamás, saber esto nos da lucidez, responsabilidad y la posibilidad de nutrirnos para brindar lo mejor. Los miedos existirán siempre y las inseguridades de si estamos haciendo bien o no, también. Pero no dejemos que esas incertidumbres nos detengan, busquemos ayuda cuando sea necesario, nos formemos, leamos, charlemos. Por fortuna hay mucha información de calidad, al alcance de todas, es sólo cuestión de querer sanar nuestros vínculos y hacer lo mejor que podamos por nuestros hijos.

Recuerda que puedes compartir tus experiencias, tus inquietudes, escribiéndome a valegazzoni@gmail.com o a info@epicasmujeres.com.ar

¡Que tengas un hermoso día! Hasta la próxima.

Lic. Valeria Gazzoni