A sus 34 años se encuentra plena y feliz junto a su familia. Reciente madre de Gaspar (5 meses) es una aventurera de corazón abierto y scout por elección.

En el año 2010 decidió ser uno de los 31 expedicionarios que hicieron el cruce Sanmartiniano por el “Paso de los Patos”, arriesgada travesía en la que durante 10 días y 9 noches recorrieron 150 km a lomo de caballo, soportaron temperaturas de 10°C bajo cero y una altura máxima de 4450 mts. Una experiencia dura pero muy reconfortante que le cambió la perspectiva de ver la historia del Padre de la Patria como también a valorar lo que tiene tanto en lo afectivo como material.

Su espíritu aventurero también la llevó a hacer “El camino del Inca” otra travesía muy exigente en lo físico pero que la lleno de energía y vivencias únicas.

Profesora de “Educación Especial”,su vida era vertiginosa y transcurría entre sus múltiples compromisos de docente, empleada, scout, esposa, amiga, ama de casa pero con la llegada de su hijo aprendió a disfrutar de la tranquilidad de estar con su familia.

En este mes Sanmartiniano “Épicas Mujeres” charlo con Marilena Fernández quien nos relató su experiencia en uno de los cruces de los Andes como también su vida de scout en el grupo que acaba de festejar 25 años de vida además de su flamante maternidad. Una mujer intensa, inquieta y soñadora que no se permite reprocharse lo que no hizo por eso está llena de proyectos por delante.

¿Cuándo te iniciaste como scout?

Sí, arranqué en los scout a los 14 años, empecé por mis amigas, mi mamá no quería que fuera porque pensaba que no iba a durar. Siempre me gustó mucho la naturaleza, viajar. Vos entras a los Scout por los campamentos y los juegos pero luego te das cuenta que lo principal es la enseñanza de los valores.

¿Cuéntanos cómo se te ocurrió participar de esta travesía?

La Asociación Sanmartiniana Cóndor, es una especie de grupo juvenil muy parecido a los Scouts organiza todos los años la travesía por el Paso de Uspallata, que es el camino que hizo el Gral. Las Heras, pero en 2010, como se cumplía el bicentenario, lo hicieron por este otro camino y ahí es cuando yo me entero y me anoto.

A mí siempre me gustó el turismo aventura. Analía Ríos con Roxana Cattáneo habían ido en 2008 por el otro paso, entonces ya me habían contado de la experiencia. Aunque esa travesía es más accesible ya que te ayuda Gendarmería. En ésta que hice yo fue diferente porque se hacía a paso de mula, teníamos que cargar con las carpas y todo lo necesario.

¿Cuánto cuesta hacer una travesía así?

En ese momento, 8 años atrás, pagué $ 3300,- más el pasaje de Córdoba – Mendoza.

¿Con quién fuiste?

Yo me anoté con Pablo Gazzoni, mi cuñado, lo anoté medio de prepo para que me dejaran ir a mí. Nunca pensé que nos iban a aceptar porque pedían mucha experiencia, haber hecho otro cruce de los Andes y sobre todo en el uso de caballos, cosa que nosotros no teníamos. Como soy muy perseverante mandé una nota explicando que era scout e hicimos todo lo que nos pedían y nos aceptaron.

¿Tenías experiencia con caballos?

Muy poco, de niña en el campo de mis abuelos, pero mi cuñado nada, practicamos acá antes de ir con los caballos de Molina y Pérez, que nos prestaron.

¿Con cuántas personas hiciste esta travesía?

Éramos 31 expedicionarios y 10 baquianos, había 2 médicos entre los expedicionarios y contábamos con el apoyo del helicóptero de salvataje del Aconcagua por cualquier emergencia.

Una chica tuvo un ataque de pánico en medio del cruce que no pudo cruzar a caballo, demoramos muchísimo porque tuvieron que cruzarla caminando.

Otra de las chicas se quebró un brazo volviendo, por suerte. El caballo se asustó y la tiró. Nada grave pero podría haberle pasado a cualquiera.

¿Te imaginas como habrá sido el cruce de San Martín allá en 1817?

Si, lo pensábamos y comparábamos todo el tiempo y es increíble pensar en lo que hizo San Martín, durmiendo sobre los caballos y comiendo charqui de carne. Sobretodo pensar que después de semejante travesía debía llegar a Chile y pelear una guerra. Nosotros éramos 40 personas con toda la tecnología y equipamiento, ellos fueron muchísimos.

Además de ser una aventura increíble, nace en uno un sentido de patriotismo muy fuerte, lo vivís muy de cerca. Llevábamos tareas asignadas y cada día a alguien le correspondía dar una charla sobre algún aspecto de la vida de San Martín. A mí me tocó “los valores de San Martín”, otros hicieron sobre cartografía, topografía, etc. Eso nos enseñó muchísimo de su historia.

¿Qué comían?

Al medio día era una comida al paso, no había tiempo que perder,  atún, jardinera, algún sándwich. A la noche ya si comíamos caliente, la preparaban los baqueanos. Después nos dividíamos las tareas del desayuno, platos, etc. Éramos muchos y había mucho que hacer.

Cuando llegamos a Gendarmería pedimos permiso para cazar un guanaco y comimos carne a  la llama, fue la primer comida como la gente que tuvimos después de varios días.

¿Cómo eran las noches?

Las noches eran muy lindas, se armaba fogón y payada porque los baqueanos llevaban todo. La noche más fría hizo -10ºC, por supuesto íbamos preparados con camperas térmicas, carpas, bolsas de montaña, etc. Y no faltaba el mate con grapa, jaja…

¿Fue difícil de realizar?

Si, por la altura, más que por el caballo. Fueron 150 Km, lo hicimos en 10 días, 9 noches. Llegamos al cruce con Chile y volvimos también a caballo. Eran 6 a 8 horas de cabalgata diaria, pero lo que más me mató fue la altura, me mareaba mucho.

Si yo hubiera sabido los lugares por los que tenía que pasar antes de anotarme capaz que lo pensaba bien, nunca me imaginé lo difícil que iba a ser.

Había lugares de precipicio donde pasaba sólo el caballo, ni siquiera podías pasar con el guía, eras vos y el caballo y a tus pies el precipicio muy muy alto.

Si mirabas para debajo de la cornisa veías los esqueletitos de mulas ahí abajo, eso te da un poco de miedo.

¿En algún momento te sentiste abatida?

Si, el 3er día, cuando hacemos la 4450 m de altura el punto máximo, “La Cuesta del Espinacito”, si o si lo tienes que cruzar, porque ahí no se puede hacer noche. Al otro día teníamos el día de descanso. Primero cruzaron las mulas que llevaban la comida y perdimos comunicación con ellos, así que nos volvimos por seguridad. Al volvernos tuvimos que acampar en un lugar no planeado, muy frío, con mucho viento y perdimos el día de descanso, porque al levantarnos tuvimos que volver a hacer la cuesta. Ese día fue el más duro, me descompuse, estaba muy cansada. Luego pudimos contactarnos con las mulas, gracias a dios. También extrañábamos un poco. No teníamos nada de comunicación, dejamos los celulares antes de salir, durante 10 días nada.

Yo estaba con Pablo, él tenía a su hijo Thiago, era chiquito y lo extrañó mucho. Con el resto éramos todos desconocidos, había gente de todo el país y terminamos haciéndonos amigos, hasta el día de hoy mantenemos el contacto. Nos hemos juntado varias veces, incluso la Asociación ha hecho juntadas con todas las expediciones. Con Laura, mi compañera de expedición nos hicimos muy confidentes, compartíamos carpa y nos ayudábamos mucho.

¿Podrías decir que cambio totalmente tu perspectiva?

Sí, empiezas a valorar mucho lo de uno, hace 20 años que soy Scout pero esto no se compara con nada. Todos los días llegábamos y teníamos que armar la carpa y desarmarla, ensillar el caballo, atenderlo. En 10 días me bañé una sola vez, y una vez me lavé la cabeza con agua de deshielo. No teníamos baños, muy difícil.

¿Hiciste amistad con tu caballo?

Yo lloré cuando me despedí de mi caballo, no nos decían sus nombres, yo le había puesto “Pepe Pancho”, por San Martín, ya éramos amigos, dormía la siesta arriba del caballo. Al principio el caballo hace lo que quiere, pero cuando pasan los días aprendes a dominarlo y hacerte amigo.

¿Cómo fue llegar a la meta?

En el lugar dónde está el monumento a Los Libertadores, en el cruce a Chile, ahí dejamos ofrendas que habíamos llevado, banderas, etc. A mí me tocó la imagen de la virgen. Allí se hace un acto protocolar, muy emotivo. Imagínate que llegamos galopando porque era una llanura, fue muy lindo. Se despliegan las banderas argentinas y chilenas. Y después emprender el regreso, igual de difícil.

El día que volvimos hubo un sismo y hubo derrumbes. Una de las chicas se cayó del caballo y se quebró un brazo. Y bueno, nos podría haber pasado a cualquiera.

¿Esa fue tu última aventura de ese estilo?

No, dos años después hice el Camino del Inca, fue más fácil porque no era tan riesgoso, pero es físicamente más duro porque era mucha caminata y me hizo mal la altura de nuevo.

¿Qué significa para vos ser scout?

Es mi vida, antes que nada soy scout, después lo demás, con esto me identifico. Los Scouts me han dado una vida de experiencia y todo un grupo de amigos verdaderos. Lo único que no hice dentro del grupo, fue encontrar a mi pareja.

Sigo en el grupo porque es el único lugar donde siento que hago algo para los demás. Me siento útil y me llena.

También fuiste mamá, ¿esto fue un cambio en tu vida?

Fue un freno de mano en mi vida, siempre fui muy activa, tenía muchas actividades. Sin embargo fue muy esperado y cuando llegó Gaspar todo lo demás pasó a un segundo plano, no extraño nada. Este año me separé de todo para abocarme a él, recién ahora me tengo que reincorporar a algunas actividades, pero no como antes, voy a tomarme un tiempo para disfrutarlo. Elegimos con Mauricio una crianza con apego, respetuosa y eso implica ocuparse y renunciar a otras cosas.

¿Qué mensaje podes dejarles a las mujeres?

Me gusta esta frase que dice: “Nadie se arrepiente de ser valiente” las cosas que no hacemos nos las reprochamos mucho más de las que hacemos, ya sea una aventura espiritual, un negocio, una carrera, un viaje. Con Mauricio siempre pensamos esto, no queremos reprocharnos el no haber podido hacer algo que teníamos ganas. Cualquier persona que tenga ganas de hacer algo debe pedir ayuda, asesorarse y no dejar de hacer lo que quiere. Cada uno debe cumplir con su misión y su objetivo en la vida.

Si te quedaste con ganas de más te dejamos este link para que veas una expedición completa por el mismo camino que recorrió nuestra valiente Marilena, pero filmado 3 años después.