Les pasó que hay días que los pequeños están más irritables? Como si todo los pusiera “sensibles”, se enojan, lloran, se tiran al piso, sin un sentido evidente. Y como padres, miramos la escena sin saber muy bien qué hacer. Parece un berrinche, pero no es como siempre. Lo retamos hace un ratito pero no le dimos demasiada importancia. Y aunque tratemos de encontrar la causa, no hay nada que parezca estar a la altura de semejante estado de susceptibilidad!

Hay edades de los niños, sobre todo muy pequeños, en las que todavía no pueden discriminar sus propias emociones. Se confunde un dolor físico con una tristeza, una frustración con el enojo, y casi todo termina generando las mismas conductas… Como madres vamos descifrando esos llantos o pedidos poco a poco, en un aprendizaje largo y a veces muy difícil.

Claro que hay momentos en que el niño puede calmarse con unas palabras y un abrazo que lo haga sentir seguro. Quizá una broma o una distracción también pueden ser herramientas para que su foco de atención cambie y su ánimo mejore. Como hacen los abuelos muchas veces, que salen a salvar la escena con un chiste o una invitación y el niño comienza a reír, posiblemente se resguarde en esos brazos que lo esperan y se acabó el berrinche! Pero también ocurre que los niños no se calman con todo lo mencionado, y más, siguen llorando sea donde sea que se encuentren. Y es que verdaderamente necesitan llorar! Aunque no lo sepan conscientemente, los pequeños también acumulan emociones y todo eso que no pudieron elaborar en algún momento, surge como un llanto sin sentido, algunos mal llamados “caprichos”, que simplemente se pasan al dejarlos que salgan sus lágrimas….

Si aún no probaron, las invito a intentarlo! Es una gran herramienta, simplemente abrazarlos y dejarlos llorar el rato que sea necesario, sin hacer nada más. O quizá también podamos mencionarlo, poner en palabras “eso” que el niño no puede decir, como por ejemplo: “necesitás llorar?, vení que mamá te abraza para que esas lágrimas salgan”, puede parecer un poco loco para algunas familias, pero les aseguro que si lo hacemos desde nuestro amor sincero, el niño lo siente verdadero, y puede soltarse con esa confianza.

Todas las emociones que no se expresan a la larga pesan, se enquistan. Es natural llorar, reír, enojarse, divertirse. Es parte de la vida, aunque a veces lo olvidamos un poco!

Los niños tienen más libertad para expresarse, una mente sin preocupaciones. Evitemos frases como “no llores que quedás feo!”, “no te tires al piso que sos grande!”, “no juegues así que se te van a reir!”, y muchas otras similares….

Si queremos niños sanos y felices, les brindemos ambientes de confianza para expresarse, con respeto y aprendiendo a encontrar los contextos adecuados para cada situación. Siempre detrás de un llanto hay una necesidad, revisemos eso que se esconde disfrazado de un escandaloso pedido, lo invisible, lo verdadero. Eduquemos para que los adultos del mañana sepan reconocerse en sus fortalezas y en lo que les cuesta un poco más. La vida nos pone situaciones inevitables en las que las emociones están a flor de piel.

Cuanto más nos conocemos, más herramientas tenemos para afrontar las dificultades y disfrutar de lo que nos gusta.

No le tengamos miedo al llanto y la risa, a la tristeza o la alegría. Les demos un lugar en nuestras vidas y evitaremos emociones encajonadas que nos ahogan y nos quitan vitalidad!

Hasta la próxima…