En mi vida el rol de la mujer ha sido siempre de mucha importancia. Nací en una familia de mayoría femenina y me crié mirando y admirando mujeres que hacían cosas maravillosas!

Amo ser mujer y siento que mi alma lo eligió a sabiendas de que no siempre sería fácil, pero que tendría muchísimas oportunidades para disfrutar de la feminidad y para aportar mi granito de arena en este mundo, desde una mirada que intenta abrazar la diversidad….

Estamos en una época maravillosa y desafiante para la mujer. Sensible y cruel al mismo tiempo. Una especie de carrera contra todos, sin metas claras ni grandes premios. Veo muchas mujeres agotadas y menos felices de lo que quisieran, a pesar de que pareciera que lo tenemos todo!

Como mamá, cuando llegó a este mundo nuestra pequeña hija, sentí ese amor profundo que había sentido con sus hermanos, sumado a una maravillosa sensación de compañerismo infinito, que sólo nos brindan los lazos con mujeres significativas en nuestras vidas. Rápidamente el orden de prioridades cambió, y no hubo mujer más importante desde ese día, hasta hoy….. Con el tiempo fui conectando con la gran responsabilidad que tenía en la transmisión y aprendizaje de esta pequeñita. Sabía que, inevitablemente, sería su espejo durante los primeros años, y que lo que viera en mí, quedaría grabado en ella para siempre. Sabía que el trabajo que yo hiciera para sanar-me, sanar-nos, sería vital…. Por eso me embarqué aún más en la reparación de mis vínculos, con mis ancestros y conmigo misma. Con la conciencia de la trascendencia, porque de eso depende lo que pueda transmitirle…

Amé y amo a esta niña más de lo imaginado…

Por supuesto que me equivoqué y me equivoco un montón. Que el aprendizaje no es siempre sencillo. Que esta pequeña-gran maestra hizo que mi mundo cambiara sustancialmente, que me propusiera metas diferentes, que mire con otros ojos la realidad, que sueñe otro futuro….

Les cuento todo esto, porque creo que nos merecemos en el mes de la mujer, ahondar en nuestro reflexionar, replantearnos aún más hacia dónde estamos yendo, ¿cuál es el mundo que les espera a nuestros hijos? El que estamos construyendo en cada acto….

Ser mamá nos da la posibilidad de llegar cerquita del corazón de nuestros niños, de transmitirles nuestros valores, nuestros sueños, pero también, nuestras heridas, nuestros dolores, nuestros conflictos! Por eso resulta tan importante estar bien, amar la vida, superarnos y encontrar el camino para ser cada día mejores.

Cada obstáculo, cada crisis, cada dificultad que transitamos, les deja a nuestros hijos un mensaje de poder, de victoria! Es el ejemplo de que las batallas se desatan en nuestro interior y se resuelven con nuestras propias fuerzas… que no hay enemigos afuera, sino fantasmas que alumbrar en nuestro mundo interno.

Hoy les escribo desde mi rol de mujer y mamá. Y de mamá de una mujercita que crece y me enseña a cada instante. Que me motiva a buscar nuevas rutas, nuevos destinos. Una pequeña que me impulsa a que me revise constantemente, a que no me confíe de lo acostumbrado y heredado. Una pequeña que en poco tiempo hizo de su presencia una aventura y que me necesita fuerte y flexible como el bambú.

Honro su venida a mi vida y todo lo que transformó. Lo que nos brindamos diariamente y los desafíos que tenemos por resolver! En ella veo el futuro y la posibilidad de que las generaciones que vienen puedan ser mujeres acompañándose en lo hermoso y en lo difícil…. Mujeres que se respeten y se comprendan profundamente. Cada quien con sus propias sandalias, pero caminando hacia el mismo lado!

Desde este espacio en el que participo, creado por mujeres para ayudar a todas las mujeres que están en la búsqueda de una realidad mejor, les deseo que podamos conectar con lo bello y lo importante del género, en cada rol que ocupemos. Sólo se trata de volver a lo original, de expresar la esencia femenina y contagiar así a las próximas generaciones….

Bendecido mes de la mujer para todas!

Hasta la próxima….