En medio de la alegría de un nuevo nacimiento, solemos encontrarnos bastante ansiosas por no saber cómo contener al hermano mayor (o los hermanos mayores) con la llegada del bebé. Hemos escuchado a cantidad de familias que no saben qué hacer con los celos de los hermanos, que a veces se ponen muy peligrosos para el indefenso nuevo integrante, y tememos no saber cómo actuar en ese momento.

Lo cierto es que la disputa por el amor materno que se desata en el interior del niño mayor, puede manifestarse de variadas formas y a veces complicar bastante la convivencia. Es importante reconocer que (dependiendo de la edad del niño mayor), el miedo de no ser más querido por su mamá se hace a veces tan intenso que le resulta imposible de ocultar. Ese pequeño que llega y se acapara todas las atenciones, pasa a ser por momentos su enemigo número uno, y es esperable que reaccione con desagrado o agresión. Quiero decir con esto, que es común que los niños deseen la desaparición física real de su hermano recién nacido. No nos asustemos con eso, dependiendo de la edad del niño, serán diferentes las preguntas, los cuestionamientos y las herramientas con las que podemos ayudarlos. Por ejemplo, los menores de 5 años aún no tienen real noción de la muerte, entonces desear que su hermano se vaya no tiene el mismo significado que para un adulto, ellos desean que ese pequeño desaparezca de sus vidas y todo vuelva a ser como antes, un paraíso donde se lo amaba y mimaba sin restricciones.

Frases como: “que lo cuide la abuela”, “quiero que vuelva a tu panza”, “porqué lo trajiste!”, “yo no quería un hermano”, “por qué no lo dejaste en la clínica con el doctor?”, “dejalo en la cuna”, y tantas más….son reacciones esperables para un pequeño que no alcanza a comprender profundamente la situación y que de repente tiene que compartir su tesoro más preciado, el amor de mamá.

Los más grandes, son partícipes de la alborotada fiesta que suele producir la llegada de un bebé, y posiblemente comprendan y acepten más fácilmente el cambio de dinámica, las atenciones compartidas, etc. Por eso es importante tener presente la edad de los hermanos mayores y, por ende, las necesidades que tienen en esa etapa.

Siempre sugerimos los terapeutas, y como mamá pude comprobarlo, que si el hermano mayor participa de la espera y llegada del bebé, la situación se hace amena y feliz. Pues ese hermanito que llega a su vida, le significa alegría, puede compartir con papá y mamá los momentos en que descubrimos cada gesto y movimiento del bebé, divertirse y “ayudar” desde sus posibilidades para que su hermanito esté bien.

Cuando hablamos de niños pequeños (menos de 5 años) es importante que le expliquemos de a poco lo que sucederá, y mejor si ya la panza se nota, porque aún les resulta muy difícil la abstracción de que dentro de mamá hay otro ser que pronto estará fuera, que es muy delicado y hay que cuidarlo todo el tiempo. Lo más probable es que con los días y la práctica, se vayan dando las posibilidades de conexión entre el recién llegado y los hermanos, y todas las dudas y conductas que se generen serán resueltas de manera diferente a lo planeado. Pero hay cosas que el hermano mayor puede hacer y ayudan a que ese vínculo se construya desde el amor: que colabore en las acciones que llevamos a cabo con el bebé, aunque no le salga, aunque tengamos que hacer doble trabajo, dejemos que participe algunas veces, en cambiarlo, que elija una ropita, que le dé la mamadera, le muestre un sonajero, le ponga el chupete o sea el encargado de presentarle a su hermano a las visitas que llegan a su casa.

También es importante respetar sus necesidades y no pensar por él. Solemos generarle espacios de distracción fuera de su casa, con abuelos, tíos, amiguitos, jardín, alguna actividad física, etc, que pueden ser muy buenos, siempre que el niño quiera ir. Pasa muchas veces que necesitan quedarse en su casa y “custodiar” lo que va sucediendo con esta nueva relación que comenzó, tratemos entonces de permitir eso. Que pueda seguir estando con mamá, y también con el bebé, pero principalmente con mamá.

Hay frases como: “le hacemos un lugar al bebé?”, “vení y nos sentamos los tres”, “querés upa vos también?”, que seguro van a ir relajando y con los meses se dispondrá a buscar los brazos de papá, o simplemente aceptar este espacio compartido.

Los celos pueden ir y venir de todos modos, llegar en algún momento y desaparecer luego. Los hermanos juegan y se pelean en cuestión de minutos, pero cuando la relación se construyó desde el amor, eso prevalece. Y es responsabilidad de los adultos estar atentos a que la competencia no se instale, a que el compañerismo sea la premisa familiar, y eso se trasladará a todos los ámbitos. Será un niño que comparte con sus compañeros, que disfruta de jugar con otros y que se preocupa por el bienestar de los demás.

Y en el mejor de los casos, serán adultos que prioricen el bien común, el amor por el otro y la cooperación, que tan necesaria es para el desarrollo benéfico de una sociedad.

Que tengan un hermoso día. Hasta la próxima!

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