Aunque las generaciones pasen, las épocas cambien y las familias se modifiquen, el amor sigue y será siendo siempre el motor de todas las cosas, no tenemos duda de eso. Hoy queremos contarte la historia de Mauro y Natalia.

Esta historia nació y perdura en el corazón de una de las panaderías más lindas de nuestra ciudad: Artesanos del Sabor.

Natalia cursaba su último año del secundario cuando la familia Moyano abría su panadería en Abril de 1997. Se hizo una linda costumbre para Nati salir del colegio y pasar por la panadería antes de llegar a casa. Allí conoció a las hermanas de Mauro. Las chicas se hicieron amigas y al poco tiempo con el lanzamiento del plan Primer Paso Natalia entró a trabajar en la panadería.

Mauro también estaba terminando el secundario, algunas veces la había cruzado y ya sentía como el corazón le latía fuerte al verla, pero ella no parecía darse cuenta de esto.

Pasaron varios años alimentando una linda amistad que se mezclaba con el trabajo, las salidas con amigos… incluso compartieron algunas clases de tango. Poco a poco y casi sin darse cuenta Nati descubrió en ese amigo a un compañero especial. Es difícil percibir en la juventud cuando el verdadero amor se apodera de nosotros.

Un 1º de enero de 2003, entre festejos, bailes y risas Mauro le robó el primer beso y el tiempo se detuvo para esos corazones. No se dijeron nada y cada uno se fue por su lado. La confusión, el miedo, el entorno y los sentimientos encontrados se apoderaron de Natalia. Por suerte, Mauro tenía más claros sus sentimientos, había estado esperando el momento indicado y no pasó mucho tiempo hasta que fue a buscarla para poner las cartas sobre la mesa y resolver la situación.

A partir de ese día, con algunas dudas y con la cautela de quien no quiere herir al otro comenzó una relación de amor, de esos amores que se alimentan con pequeños gestos, con paciencia, con dulzura, con errores de los que se aprende, con miedos que se superan, con penas que se abrazan…. De esos amores que se vuelven fuertes como un roble.

Una noche Mauro se arrodilló frente a Nati abrió su mano con dulzura y le dio un par de anillos, invitándola a pasar el resto de la vida juntos. Para este entonces Natalia estaba completamente loca por él así que, el 11 de Junio de 2006 se casaron y allí comenzó otra aventura.

Construir una vida juntos no siempre es fácil, alejarse de la familia paterna y encarar un futuro de a dos conlleva muchas pérdidas pero también se vuelve una oportunidad para descubrirnos como personas nuevas, independientes. Así lo vivieron y surgieron proyectos juntos, primero la sandwichería, que tiempo después anexaron a la panadería. Más tarde vinieron los niños, primero Genaro, luego Juana… y mientras la familia se reacomodaba, a esta aventura de ser padres, surgió la posibilidad de emprender la pastelería. Hoy Nati está abocada a ella de la mano de su suegra Nancy, capacitándose y aprendiendo todos los días, mientras Mauro está actualmente a cargo del área productiva de Artesanos.

Ya no les toca trabajar codo a codo, cada cual tiene su rol pero permanecen juntos en la aventura y de ellos aprenden sus pequeños hijos, que también participan de las labores de la empresa familiar. Es una forma de compartir junto a sus padres el amor, el esfuerzo y las ganas de construir una vida juntos.

Te gustó esta historia? Te invitamos a celebrar el amor, a redescubrir a esa persona que tenés al lado, porque no hay nada más mágico y más simple para ser feliz.

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