El fenómeno de las divinas y las populares escondidas tras la cortina de las redes sociales.

 La televisión no siempre es un entretenimiento saludable y eso lo sabemos desde que nos decían “no te pongas cerca del tele”, “no veas tanta televisión”. Nadie duda de la  repercusión, no siempre positiva, en el desarrollo del niño y el adolescente. La influencia va más allá de la moda, la violencia, el hábito y la imitación; realmente moldea nuestra percepción de la vida, de las relaciones sociales y las ideas políticas. 

La televisión usa el más viejo sistema de aprendizaje que es la repetición. Al repetir en forma permanente un contenido logra fijarlo en nuestras mentes con formato visual y auditivo. Así no solo consiguen que recordemos slogans publicitarios, sino supuestos ideales y formas de conducta, hasta llegar a normalizar algo que antes era discutido. Solo estando muy atentos lograremos descifrar esos mensajes y tener una visión crítica de lo que nos están transmitiendo, pero la verdad es que la televisión a veces está encendida como ruido de fondo en una casa y llega a nuestros cerebros de forma inconsciente, sin que podamos procesar la información y realizar un verdadero análisis.

Muchos programas de los últimos años han tenido efectos potencialmente patológicos para el público infantil.  Con solo observar a un grupo de niños en un club o colegio, fácilmente se puede ver como surgen situaciones aprendidas de la televisión. En instituciones sociales pequeñas observamos cómo se agrupan niños para excluir a otros o para burlarse; surgen también lideres grupales que determinan con quien se puede jugar o no, y que características físicas o intelectuales hay que tener para pertenecer a un grupo. Así empezamos a hablar de acoso escolar y adoptamos el término extranjero, bullying, para hablar de ello. Yo prefiero profundizar en una situación que he decidido  llamarla “el fenómeno de la serie Patito Feo.” 

Las series para niños y adolescentes plantean, desde hace muchos años, esta división entre Divinas y Populares. Pero este fenómeno no  solo es entre niñas, los varones también se proponen y soportan desafíos y rituales para pertenecer al grupo con mas liderazgo de la institución. Esto existe hace años, el tema es que antes sucedía cuando las personas ya teníamos internalizadas un montón de reglas traídas por nuestros padres y maestros y además pasaba a la vista de los adultos que podían intervenir y sanar.

 Hoy, en cambio esto se ha trasladado a las redes sociales.

Entonces el control se escapa de los adultos (padres, abuelos, tíos, docentes, niñeras) y queda en manos de los productores de televisión que transmiten a nuestros chicos valores diferentes, que ellos repiten, a falta de buenas conversaciones con adultos de referencia. En otros casos se lo cuentan a otro niño y adolescente que resuelve las situaciones, en soledad, bajo los mismos parámetros. Los chicos hoy pasan muchas horas solos, frente a las pantallas. Lo sabemos, aunque hagamos de cuenta que tenemos todo bajo control.  

Es necesario crear ambientes de charla en casa, volver a mirar lo que los chicos ven en televisión e introducir ese corte en lo que perciben para permitir el análisis con ellos. Basta con preguntarles que sucedió en ese capítulo y que piensan ellos al respecto. Instalar la pregunta que cuestiona la creencia o el valor transmitido,  permite enseñarles a ponerse en el lugar del otro ¿Cómo se habrá sentido el personaje? ¿Por qué crees que lo hizo?

La televisión  sin duda también sigue indemne para servir a la educación y, también, para ser el vehículo del cambio cultural en procura de la paz, el cuidado del medio ambiente y la reivindicación de valores que hoy reclama el mundo globalizado. Pero este tipo de contenidos son los que se transmiten en canales con poca convocatoria de televidentes y en horarios de menos audiencia.

 En palabras del Dr. Osvaldo Panza Doliani (2001):

 “Es decir, que la televisión es una de las más poderosas herramientas para enseñar y mejorar a las personas, cuando las personas que la conducen ejercitan ese propósito con convicción y cuando la comunidad, comprende las modificaciones cerebrales y de todo el organismo que tal medio impone naturalmente, seleccionando contenidos y adecuando los tiempos de su uso.”

Lic. Cecilia Cattaneo

Psicopedagoga. MP: P-121727.