Es posible que no tengamos muy en claro por qué se conmemora nuestro día un 8 de marzo, pero siempre es bueno recibir algún presente o simplemente un saludo. Tal vez, y en evidencia de la visibilización cada vez más frecuente de la desigualdad entre hombres y mujeres, sea momento de que nos comprometamos con nuestra propia causa, con nuestra propia lucha. Quizá, si supiéramos las razones de la celebración de este día y conociéramos la entrega de mujeres valientes, no podamos evitar sentirnos orgullosas de ser mujeres.

El Día Internacional de la Mujer, antes llamado Día de la Mujer Trabajadora, conmemora la lucha de la mujer por la plena igualdad social, política y económica, lo que implica la equiparación jurídica y legal, la igualdad de libertades, el desempeño en cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral, la defensa de la maternidad libre, la libertad sexual, entre otros aspectos.

En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, a raíz de la propuesta de Clara Zetkin, pionera en la reivindicación de los derechos de las mujeres, entre ellos el derecho al voto.

Se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Días después, el 25 de marzo, 123 jóvenes trabajadoras murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, encerradas y sin ninguna posibilidad de escapar. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos y en posteriores conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer debido a las condiciones laborales que llevaron al desastre.

A lo largo del siglo XX, la lucha por los derechos de las mujeres se ha extendido e intensificado, lo cual ha traído aparejado cambios concretos en las relaciones de poder y en la idiosincrasia globalmente. En nuestro país particularmente, ejemplo de avance positivo es el hecho de que, según el último censo, seis de cada diez egresados de universidades públicas y privadas son mujeres. Mientras que en una década las profesionales casi se duplicaron, los hombres profesionales crecieron solo 50%. Desde hace varios años, la matrícula femenina en las principales universidades del país ha aumentado, incluso entre aquellas facultades que habían sido tradicionalmente masculinas. También tienen un mejor rendimiento académico.

El lema del Día Internacional de la Mujer de 2017 fue: “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”. Según el INDEC, las mujeres en Argentina ganan, en promedio, un 30% menos que los hombres, ampliándose la brecha en puestos de menor jerarquía. También las mujeres son las más afectadas por la informalidad laboral, el desempleo (10, 2 % frente al 8.5 % en hombres) y la pobreza. Lograr la igualdad de género en el trabajo es indispensable para el desarrollo de una sociedad equitativa.

Así las cosas, según el informe elaborado por la Comisión de Mujeres y aprobado por el Parlamento Europeo, en la Unión Europea demandaría al menos 70 años, a este ritmo, alcanzar la igualdad salarial. En la misma línea, faltarían 40 años para conseguir un reparto equitativo de las labores domésticas, 30 años para lograr una tasa de empleo similar y 20 años para tener una representación política equilibrada. Y es posible que a Latinoamérica le lleve algunos años más.

Pero, en algún punto, al comparar las condiciones en las que viven otras mujeres, en otras latitudes, donde las libertades personales están totalmente cercenadas y el acceso a la educación, al trabajo, a la salud reproductiva, a la participación política o alguna clase autonomía es casi nulo, podríamos considerarnos algo afortunadas al formar parte de la sociedad occidental.

Tenemos un largo camino de lucha por delante, por un lado, para consolidar las conquistas alcanzadas después de siglos de postergación del género y, por otro, para ganar nuevas batallas en materia de igualdad de derechos y oportunidades. Todavía podemos recorrerlo juntas.

“Señor, los perros están ladrando. — Tranquilo, Sancho, es señal de que estamos cabalgando.”