El camino emprendedor está lleno de satisfacciones pero llegar a él puede ser un gran desafío. Lo cierto es que en algún momento de la vida se enciende una luz interior que nos impulsa a encontrar aquello que nos mantiene vivos, que nos desafía, que nos nutre, que no es incondicional, sino más bien una gran oportunidad a la cual decidimos si tomar o dejar ir… así lo vivió Glenda Ávaro, nuestra primera emprendedora de este 2020 y con quien inauguramos el Espacio Emprendedor, un lugar donde encontrarnos todas aquellas quienes vivimos el llamado a ser “la dueña de tu vida”.

Glenda vive en Monte Cristo desde hace 15 años, llegó junto a Ariel su marido y aquí nacieron sus dos hijos Ignacio de 11 años y Santino de 8 años. Es una mujer sencilla, con ojos curiosos y trato encantador, su simpatía te anima a quererla desde el primer minuto y su historia me dejó muchos mensajes que quise compartir, porque cada una de nosotras tiene una historia diferente pero todas en algún punto pasamos por emociones similares.

Cómo empieza tu historia emprendedora?

Hace muy poco en realidad, yo trabajé siempre en relación de dependencia, en una empresa del rubro de envases plásticos, estuve allí 9 años, haciendo trabajos administrativos. En el último tiempo estuve en la parte financiera, era un puesto de mucha responsabilidad. Siempre me encantó mi trabajo y lo hice con muchísima responsabilidad pero personalmente me fui cansando, no era una cuestión económica, sino más bien una etapa. Pasaba muchas horas en la fábrica y si bien el trabajo me gustaba por momentos me causaba mucho estrés y angustia, hasta que dejó de hacerme feliz y ahí comencé a buscar respuestas.

Primero comencé a hacer terapia, Fernanda Mansur, mi psicóloga, me ayudó un montón a aprender a pensar más en mí… uno no se da cuenta pero las responsabilidades y la misma vida te va llenando de ocupaciones hasta que no das más… yo sentía que me quería ir.  

Es un momento muy difícil porque se te cruzan muchos pensamientos, como por ejemplo el hecho de tener un buen trabajo en tiempos donde tanta gente está desocupada; contar con un sueldo fijo sabiendo que tengo una familia y tanto mi marido como yo siempre trabajamos; no ser agradecida con todo lo que tenía… era una gran contradicción de emociones en la cabeza. Y por otro lado… no es fácil, a los 40 años, pensar qué quiero hacer?…

Por dónde empezaste con esa búsqueda?

Lo que yo sabía es que no quería revender algo, mi necesidad era hacer algo desde cero, crear… y si era posible venderlo, bienvenido sea! Buscaba hacer algo por mí, que me llenara. En un principio para darle aire a la cabeza ya que mi vida era: casa – trabajo, trabajo – casa, necesitaba salir de esa rutina.

Así que en Mayo de 2018 me inscribí en un curso de vitro fusión con Emilia Depetris, tal vez porque yo me sentía con la mano y el gusto para hacer cosas. Terminé y se me ocurrió invertir un dinero en algo productivo, así que decidí comprar un horno para vitro, con la idea en mi cabeza de llevarlo más allá. Ese fue un momento importante porque cuando me puse a averiguar me dieron la opción de comprar un horno dúo, es decir que también me sirviera para cerámica… salía un poquito más, pensé ¿por qué no?. Al tiempito hice un taller de mosaiquismo, que también me encantó, luego hice uno de cerámica… y descubrí rápidamente que lo que quería era hacer utilitarios. La cerámica me gustaba porque podía hacer piezas para la cocina. Ahí fue cuando Keyla y su familia del Almacén del Ceramista, me animaron y me ayudaron muchísimo para empezar a probar. Hice muchas macanas al principio y me encantó! La Primer horneada me hizo llorar! Cuando abrí el horno y vi todo lo que había hecho no lo podía creer.

Vos seguías trabajando?

Si si, yo hacía todo esto en mis pocos tiempos libres, cuando volvía a mi casa. Las primeras piezas me parecían horribles, las tenía en casa y mis amigas me decían que estaban divinas. Ellas fueron las que me empezaron a encargar cosas.

En diciembre yo aviso en la fábrica que quiero una reducción de horas, por un lado porque estaba agotada mentalmente y lo necesitaba y por el otro porque me entusiasmaba la idea de dedicarle más tiempo a la producción de cerámica. No sabía si lo iban a aceptar, pero mi decisión estaba tomada, a pesar de todas las contradicciones que esto me generaba a nivel familiar y también personal. Y no me puedo olvidar del apoyo incondicional de mis viejos, ellos siempre están ahí y yo sabía que ante cualquier circunstancia contaba con el aporte de la empresa familiar que tenemos mis viejos y mis hermanas en Ar-Glass SRL, empresa que mis padres crearon para nosotras y donde voy una vez a la semana a trabajar desde hace 10 años.

Finalmente en la fábrica me dijeron que no, y justo ese mismo día, pienso que por un golpe de suerte, me llamó una amiga que había una vacante en otro trabajo, así que renuncié y me fui. No fue fácil… esa fue una de las decisiones más difíciles. Trabajé en el nuevo lugar pocos meses, hasta agosto de 2019 hasta que por cuestiones de poca producción quedé desempleada. Creo que ese fue el trampolín que me permitió dar ese gran paso. Me hizo fácil tomar una decisión que me estaba costando mucho tomar.

Cómo viviste estos cambios?

Los primeros días sin trabajo fueron difíciles, llorar y no saber qué hacer… más que nada por no tener un sueldo. Mis sueldos me ayudaron a comprar las cosas necesarias para mi emprendimiento, por eso estoy tan agradecida. Poco a poco me fui acomodando y experimentado mi felicidad. Lo más hermoso fue compartir con mis hijos cosas que nunca habíamos vivido, Ignacio tiene 11 para 12 y yo nunca había estado en casa al medio día, esperarlos con la comida lista, ir a las reuniones del colegio sin tener que pedir mil permisos y explicarle a nadie sobre tu vida… fue maravilloso… me quedé con Santi en una jornada de la escuela, él estaba tan contento… fue hermoso.

No reniego de mis trabajos, antes nos organizábamos, dejaba la comida preparada de un día para el otro y nos repartíamos las tareas con Ariel que es mi gran compañero y el amor de mi vida, además de su familia y la mía que siempre nos dieron una mano cuando teníamos que trabajar todo el día y faltaba alguna niñera. Por supuesto que en lo económico influye, pero te vas acomodando, de alguna forma…  Si en algún momento tengo que volver a ser empleada lo voy a ser, aprendí mucho, fue una gran experiencia pero en mi interior quisiera, con todo mi corazón que este emprendimiento funcionara.

Hace 5 meses que estoy de lleno con esto y he crecido mucho, nunca me ha faltado trabajo, empecé con amigas, familia, conocidos… todas me hicieron pedidos y me sirvió para perfeccionarme porque las primeras piezas me salían horribles… recién ahora me siento feliz cuando abro el horno y veo lo que hago.

Aunque te confieso que soy muy perfeccionista y tengo que aprender a no ver tanto los defectos porque son piezas artesanales y todos me dicen que es normal y es lo que las hace especiales, me cuesta.

Qué fue lo más difícil?

Tomar la decisión… y luego cuando sacaba las primeras piezas del horno, era un desastre… no sabía si iba a lograrlo, pero poco a poco entendí que estaba en un camino de aprendizaje, de cambio. Que necesitamos ser conscientes de este proceso, darnos el tiempo necesario, que el error es normal y hace falta. Pasa lo mismo en la producción, cuando te encargan 6 tazas tenés que hacer más porque es muy probable que alguna se rompa o salga defectuosa… el error es parte del proceso.

Por qué elegiste el nombre Dekuji, qué significa?

Cuando empecé con todo esto pensaba dentro mío y buscaba palabras muy significativas para expresar lo que estaba viviendo. Quería algo que significara GRACIAS. Estoy muy agradecida a la vida de todo lo que tengo, mi familia hermosa, mis amigas, toda la gente que se ha cruzado en mi camino, tener siempre trabajo y ahora, la posibilidad de hacer esto que tanto amo.. Dekuji significa “gracias” en checo, me gustó como se escribe, como suena. Representa todo lo que siento en este momento de mi vida.

Qué cosas podemos encontrar en Dekuji?

Utilitarios para el hogar, todo lo que podés poner en la mesa: platos, bowls, ensaladeras, fuentes, caroceros, azucareras, yerberas, mates, tazas, vasos, pocillos y después cositas que han ido surgiendo como: macetas me piden mucho, espiralero, porta ovillo, porta esponja, escurridor de cubiertos, porta utensilios para cocinar, jaboneras, hornitos, etc.

Cómo te visualizas cara al futuro?

Yo se que me va a ir bien, siento que lo que hago es lindo, la gente me lo dice, siento la seguridad de lo que hago. Estoy aprendiendo, tomo clases, mientras voy experimentado me voy capacitando, soy muy consciente que necesito este proceso. El taller con Vale de Noctilucas me ayudó un montón y descubrí gente muy generosa en este camino de crecimiento. Estoy convencida que me va a ir bien, vuelo con las ideas.

Cómo ves la comunidad emprendedora?

Es genial, hay mucha energía positiva, todos te dan una mano. Estoy re agradecida, cada persona que me ha cruzado me ayudó. El primer día que quedé sin trabajo Mari de Haditas del Aire me golpeó la puerta y me invitó a una feria. No sabía que llevar, fui con las cosas que tenía, eran las primeras que hice, llevé todas las piezas súper baratas en un 2×1 y me lo sacaron de las manos, me sentí súper feliz. Fue una gran experiencia.

Todos, todos, familia, amigos, colegas, clientes, todos me ayudaron muchísimo… por eso estoy tan agradecida de vivir esta experiencia maravillosa.

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