Cuando pensábamos en adolescentes, pensábamos en chicos llenos de energía, que se llevaban todo por delante, que luchaban por lo que querían y deseaban lograrlo sin límites de ningún tipo. Amaban estar con amigos y soñaban con ser grandes para lograr lo que se proponían.

Pero en este último tiempo ha cambiado la realidad de esta etapa de la vida, el mundo está distinto, los nuevos paradigmas no hacen más que mostrar que es imprescindible renovarnos! Y ya lo hemos leído y escuchado de la sabiduría de grandes pensadores y profesionales que nos muestran que las crisis sociales se reflejan en los niños, por lo tanto en los adolescentes. Tenemos un mundo en crisis, con sus Instituciones, sus modelos y estrategias en crisis, los adultos hemos perdido algunas certezas y estamos muy atiborrados de información que a veces ayuda, pero otras veces confunde bastante.

Perdimos la seguridad que nos brindaban nuestros padres y abuelos, pues ellos también cambiaron y se están buscando… Y en este escenario, los adolescentes que nos miraron desde que nacieron, también cambiaron, no saben muy bien qué es lo verdadero, aún no encuentran el Sentido Profundo de la Vida, están permanentemente conectados en un mundo virtual que no parece llenarles el alma!

Pensemos por un momento: ¿qué es lo importante para ellos? ¿Lo preguntamos alguna vez?

Creo profundamente que la etapa adolescente está siendo cada vez para más chicos, de gran sufrimiento, porque a sus cambios hormonales, físicos y de carácter, que ya conocíamos, se suman en esta época las dificultades de salir solos a un mundo que parece no comprenderlos, que les ofrece el placer inmediato y el vacío total casi al mismo tiempo. Un mundo con roles cambiados, con adultos que quieren ser jóvenes eternamente y niños adultizados, con una adolescencia que a veces se extiende hasta los 30, pero que con frecuencia se ve interrumpida precozmente por embarazos, abusos, exigencias o desamparo de padres que no estamos viendo el “paisaje” completo.

Siempre digo que conocernos a nosotros mismos y superar los obstáculos, será el mejor legado que podemos dejarle a nuestros hijos (sobrinos, nietos, alumnos, vecinos, etc). Los adultos tenemos la gran responsabilidad de mostrarles un mundo con posibilidades de Ser Felices, un mundo que puede ser construido por todos y en el que entremos TODOS. Es urgente que nos preguntemos cuál es el sentido de nuestras vidas?, de qué me quejo todos los días?, a dónde ponemos el foco de nuestra atención?.

Los adolescentes no necesitan palabras, necesitan vernos realizados y entusiasmados con el correr de la vida. Que disfrutemos de cumplir años y de la experiencia adquirida, que cuidemos los vínculos, los tratos, que elijamos sonreír y saludarnos al levantarnos a la mañana y cuando nos reencontramos en casa después de las actividades.

A veces en lo más simple del día a día están las grandes enseñanzas que podemos transmitir a las generaciones venideras….

 

Que lo importante sea la vida!

Si lo vivimos con certeza, nuestros hijos lo experimentarán para sí mismos y su existencia tendrá Sentido.