La mayor parte de su vida gira en torno al básquetbol, desde muy pequeña manifestó siempre su pasión por este deporte dejando muchas cosas de lado sólo para disfrutar del juego.

Hoy a los 31 años ya recibida de psicóloga sigue con ese sentimiento intacto que la llevó a profesionalizarse como “planillera asociativa”, trabajo por el cual pasa muchas horas de cada fin de semana fiscalizando partidos de básquet. Desde siempre formó parte del club Ingeniero Lucas Vázquez aquí trabaja en pos de esta disciplina siendo delegada y planillera. Gracias a su perseverancia y tenacidad llevó a esta institución a ser parte como club invitado de la Asociación Cordobesa de Basquetbol instancia más que importante para un club chico.

Trabajó incansablemente desde el 2015 por el resurgir del básquet femenino en Monte Cristo tratando de que recupere su espacio en este club como también le dedicó tiempo y esfuerzo para que el resto de las categorías de varones pudieran avanzar en las competencias.

A su adolescencia la marcaron los lindos momentos que disfrutó jugando este deporte por lo que su lucha constante es contagiar a quienes lo practican de ese entusiasmo que significo tanto en su vida. Fanática del club Atenas de Córdoba trata de asistir y alentar a su equipo cada vez que sus tiempos lo permiten.

Su tesón la llevo a pelear por el club Ingeniero para la creación de la categoría B1 que le da la posibilidad hoy de la alta competencia.

Épicas Mujeres” charlo con Eugenia Ardiles, conocedora del básquet como pocos y motor impulsor para que hoy tanto la mujer como los niños y adolescentes puedan practicar este deporte en Monte Cristo. Ella nos cuenta como su profesión y su pasión van de la mano con la finalidad de disfrutar un deporte.

Eugenia contanos ¿cuál es tu función en el Club?

Soy Delegada desde 2015, coordino todos los partidos de básquet en todas las categorías. En 2013 me llamó Aquiles Torres para ser planillera, luego Gustavo Gómez me propuso ser delegada. Planillar es registrar todo lo que pasa durante el partido, es ser un compañero del árbitro. Yo registro los puntos, las jugadas, los jugadores, etc. Durante la semana estoy en el torneo de Monte Cristo, sábados y domingos en el torneo de Córdoba todo el día, veo 16 equipos cada día. Y en la semana voy con los chicos acompañarlos a todos los partidos.

Fuiste una de las protagonista de muchos cambios dentro del Club Ingeniero, verdad?

En 2014 Gustavo entra al Club y a jugar en la categoría de los grandes y allí se activaron varios cambios, ya que el básquet estaba muy relegado. En un principio teníamos muy pocos chicos. Decidimos entrar en la Asociación Cordobesa de Básquet, en una “copa amistad”, para clubes chicos. Poco a poco nos fuimos organizando con los papás para ir avanzando. En 2015 sentí que faltaba algo, ya teníamos un profe pero sus horarios eran complicados y no podíamos crecer. Se había inaugurado la cancha que está en el playón, en un esfuerzo conjunto entre la Municipalidad y Mosaicos Blangino, así que era el momento perfecto. Comencé a ir a las reuniones de la Asociación, allí me propusieron ser sede del Encuentro Nacional de Mini-básquet, pero no teníamos ni espacio, ni los chicos suficientes. A partir de ahí empecé a moverme, eran muchas cosas para organizar. Me comuniqué con la gente de la Asociación Noreste, para ver si podíamos organizar algo en conjunto. Ahí doy con el Profe de la zona, no pudimos armar nada porque ya se habían comprometido con otro torneo, pero charlando con él resultó ser de Córdoba y ahí nomás lo invité a ser profe en nuestro Club. El profe tenía un proyecto genial y ahí nomás empezamos las clases en el playón. Pasamos de tener 15 chicos a 60 en mini-básquet.

¿El básquet femenino estaba abierto?

Ahí fue cuando me entusiasmé y recluté el básquet femenino. A pesar de que no me tenían fe, empecé a llamar a todas las chicas que forman el equipo hace unos 13, 14 años atrás. La primera clase ya eran unas 12 chicas, mucho más de lo que yo esperaba. Todas las chicas de categoría primera, con horarios complicados, pero logramos armar un equipo. Desde 2015 hay unas 8 chicas fijas y otras que van y vienen.

¿Tuviste alguna dificultad cómo mujer?

No, sólo cuando empecé a ser planillera en la Asociación un profe, de otro club, me echó en cara que yo no era planillera profesional. Eso lejos de bajonearme me motivó a hacer el curso y sacar el carnet, a pesar de que yo sabía todo, por mi experiencia de tantos años.

¿Sos psicóloga ?

Si, para mi la psicología está totalmente relacionada con el básquet. Mi tesis de Psicología es sobre el básquet. No puedo separarme, lo  disfruto mucho. Algunos años trato de hacer otras cosas pero siempre vuelvo al club. Hice un posgrado en psicología del deporte, ya estoy especializada en eso.

¿Cómo está el Club ahora, respecto al básquet y tu trabajo?

Medio complicado. Los chicos han tenido un cambio, el profe de Santa Rosa se nos fue, le ofrecieron un puesto importante,  porque lo vieron trabajar con nuestros chicos, así que se lo llevaron a Instituto. Fue una pérdida muy grande, pero era un gran sueño para él así que estamos muy contentos por él. No es fácil conseguir entrenadores que motiven tanto. Somos el único Club con una estructura de básquet y ha sido un esfuerzo enorme durante varios años. Lo que más cuesta es el compromiso, de los padres, de los chicos. Este año dimos un gran salto y entramos en la Asociación. Ya veníamos participando de la Liga Estudiantil y allí surgió la necesidad de organizarnos mejor, hacernos carnet, pagar árbitros, etc. Empezamos con los más grandes, les fue muy bien, terminaron segundos y surgió la idea de entrar en la Asociación. Este año llamé a una reunión de padres y les planteamos que para entrar debíamos todos asumir el compromiso, ya que son muchos gastos. Logramos formar una nueva categoría: La B1. Nuestra prioridad es que los chicos vengan a jugar, más allá de que puedan o no pagar la cuota. Por supuesto que los gastos son muchos pero yo siempre les digo a los padres que se acerquen a hablar conmigo, que no los dejen de mandar por una cuestión económica. Hoy la situación está muy complicada.

¿Cómo generaron sentido de pertenencia?

En el Club hicimos una campaña muy grande con el esfuerzo de todos. Hace unos años nadie conocía nuestro club, hoy en cambio, ya somos referentes de la zona. El Club Ingeniero es conocido por sus categorías y por la buena participación en todos los torneos, eso me llena de orgullo.

¿Cuáles son los desafíos de este año?

La Asociación junto con la Secretaria de Deporte determinaron, que todo jugador debe ser registrado en la Federación, para resguardar el derecho formativo. Nosotros pertenecemos a la Asociación Noreste de Córdoba, al principio no lo sabíamos. Habíamos empezado a jugar en la Asociación. Eso generó todo un movimiento. A nosotros no nos conviene viajar hacia Santa Rosa, el costo del transporte es muy alto, teniendo a Córdoba a un paso. Por eso tratamos de negociar o llegar a un acuerdo con la Sede. La Asociación Noreste nos registró en su sede y nos permite jugar en Córdoba como Club invitado. Esto complicó mucho mi trabajo, teníamos muchos planes pero todo esto significaba presentar muchos papeles y hacer muchos trámites. Al final se generó una reunión entre los presidentes de las dos Asociaciones para llegar a un acuerdo por nuestro Club y finalmente ambas Asociaciones harán una competencia con encuentros asociativos, donde los encuentros se harán una vez acá otro allá y así.

¿Todo ese trabajo está dando frutos?

Los chicos están ganando mucho, y algunos se nos han ido a otros Clubes, eso nos ha bajado la motivación en el equipo. Nosotros recién este año fichamos los chicos. Cuando un club grande se quiere llevar un jugador de un club chico tiene que pagar por ese jugador y esto le permite al club chico invertir en la preparación de chicos nuevos y darles un mejor desarrollo. A mí no me molesta que los chicos se vayan a jugar a otro equipo, por el contrario es un orgullo. Entran a los 10, 11 años chiquitos, pero cuando se va un jugador nos hace un hueco en el equipo.

¿Y en el femenino, cómo están?

En el femenino, entramos este año en un torneo ATEP. El año pasado fue un boom porque ahora se exige a los clubes tener, por lo menos, un equipo femenino. La idea es fomentar la disciplina. Actualmente tenemos 1 sola categoría. Es más difícil con las mujeres, aún es visto como un deporte de hombres, lamentablemente. Tenemos la categoría primera de entre 23 a 34 años más o menos. Nos hace falta difusión. En Monte Cristo a las nenas las mandan a tela, patín, gimnasia, pero no a básquet. Somos un grupo muy unido. Los resultados no son importantes. Todas vamos a disfrutar. Entrenan 2 veces a la semana miércoles y viernes a las 21.30h con el Profe Gonzalo Lorenzo. Nuestra ciudad tiene el potencial para armar todas las categorías.

Estás muy abocada al Club, parece.

Yo vivo para el Club. El año pasado tuve que dejar de jugar por cuestiones de salud, este año volví a jugar en el equipo femenino y me encantaría tener más tiempo. Ahora quiero también ponerme a trabajar en mi profesión. El Club siempre fue mi cable a tierra, me ayudó a sobrellevar mis problemas de salud. Gracias a Dios tengo propuestas de trabajo, que me hacen sentir muy bien. Ahora tengo que pensar qué hago el año que viene, porque no puedo con todo.

¿Cómo ves a los chicos de ahora?

Yo no entiendo que los chicos me digan, no puedo venir porque tengo que estudiar o porque se pusieron de novios. Cuando era adolescente mi mamá me amenazó, me prohibió ir al Club si no sacaba las materias que tenía bajas. Aquiles, mi profe de básquet en aquel momento, me bancó y a escondidas de mi mamá seguí yendo al Club, hacía cualquier cosa para juntar plata y pagar la cuota del club. Ese año salimos campeonas y me eligieron como jugadora destacada. Ahí mi mamá se enteró y las materias las saqué a fin de año. En aquella época, no importaba si llovía, hacía frío o se cayera el cielo, íbamos a jugar igual. Cuando uno quiere puede hacer todo lo que se propone. Es cuestión de organizarse. Si tenés que estudiar, hacelo el domingo, búscate el tiempo, andá adelantando. Ahora los chicos ponen muchas excusas. Yo lo viví, por eso sé que se puede.

¿Cuál crees que es el problema?

En los adolescentes es fundamental el deporte, les da muchas herramientas en la vida. La ciudad creció mucho y hay muchísimas opciones para los chicos/as, lo importante es que hagan alguna actividad, lo que sea.

El tema es que se aburren muy rápido y dejan antes de lograr entusiasmarse con algo. Para engancharnos necesitamos tomarnos tiempo, no ir dos clases y listo. Involucrarnos nos hace ser parte de algo, competir y entrenar y a la larga nos hace sentir mucho mejor, porque vamos logrando cosas, nos desafiamos y eso es fantástico. Los chicos empiezan a tener un propósito, una meta que los motiva a seguir y los aleja de las depresiones, de los vicios.

¿Cómo te imaginas en el futuro?

Trabajando como psicóloga en el básquet, planillera también me encanta. Trabajar, trabajar, siempre en esto, es mi sueño. Me llena el alma. Hace dos años atrás le prometí a Gustavo que iba a hacer entrar al Club a la Asociación y lo cumplí.

¿No le tenés miedo a los obstáculos?

El miedo siempre está, siempre, pero soy muy perseverante. Yo con ver la cancha llena de chicos jugando me siento feliz. Leer una noticia donde el Club Ingeniero es reconocido me llena el corazón. El básquet me cambió la vida, me dio un propósito en mi niñez, mi adolescencia y nunca lo voy a olvidar. Ojalá a todos les pasara lo mismo.

Para terminar, contanos ¿Qué te enamoró del básquet?

No sé, yo caí al Club porque me mandaron, seguí porque estaban mis primas, renegué mucho al principio, Aquiles me apoyó mucho, me banco a muerte, era un poco mi psicólogo (jjajaja) y poco a poco el grupo, la actividad, el ambiente, las cosas que compartimos, la socialización me cambió. Me hizo una persona como soy, que consigue lo que se propone frente a cualquier obstáculo. ¿Cuántos adolescentes hoy se frustran por cualquier cosa? El deporte puede cambiarles la vida, no tengo duda.