En estos últimos años se ha incrementado en todo el mundo la cantidad de personas que sufren de diversas enfermedades o malestares. Algunas más relacionadas con lo orgánico, otras con lo anímico o con lo espiritual. Por supuesto que siempre que hablamos de una persona que sufre, tenemos en cuenta que no es un cuerpo o una mente que se enferma, sino todo un Ser Completo que está en desequilibrio.

Seguro te pasó alguna vez, o quizá ahora mismo lo estás vivenciando, que alguien muy cercano está atravesando una situación de enfermedad, de crisis, de confusión, de adicción, lo que sea que le hace estar pasando un mal momento. Muchas veces conversamos de esto, porque es un tema que nos preocupa a un gran número de seres humanos: ¿cómo ayudo a esta persona que quiero tanto a transitar lo que está viviendo?

Salvo algunas particularidades, hay actitudes que podemos aplicar en gran variedad de situaciones. Por ejemplo: alguien que está sufriendo ataques de pánico, que está deprimid@, que se quedó sin trabajo, que está en duelo, con un reciente diagnóstico impactante, etc, manifestará una confusión y posiblemente quiera evitar salir de su casa, estar con mucha gente y sonreír como si no pasara nada! Si queremos ayudar, no le digamos: “tenés que salir”, “acomodá tu casa para que esté agradable”, “tenés que comer!”, “andá a bañarte”, “hacé ejercicio físico”… Recordemos que si no lo hace es porque no puede, no pudo, no se dio cuenta, está débil, etc….

Volvamos a mirarnos con más amor, a ponernos en el lugar de esa persona que la está pasando mal, a ser compasivos y comprensivos. Todos sufrimos, quien padece el malestar y también su entorno!

Si en tu vida, alguien cercano está con alguna enfermedad, no dejes que te gane el mal humor, el cansancio, la exigencia. Pedí ayuda para que las cargas no sean tan pesadas, pero ponete al servicio desde lo que puedas dar.

Hoy queremos acompañar a los que les toca acompañar a otros. Queremos que puedan sentir que no están solos, que sabemos que a veces se torna agotador, que están preocupados, que no duermen bien, que piensan mucho y no saben qué hacer! Queremos compartirles algunos tips que pueden servir a la hora de interactuar con quienes están atravesando alguna crisis:

  • Si puede caminar, invital@ a salir, despacito, a su ritmo. A un lugar donde no se sienta muy expuest@.
  • Si no quiere salir, está muy triste, con pánico, dolores, etc. Ofrecele compañía, acomodale un poco la casa, limpiá lo que no puede hacer, cocinale o preparale una infusión que le guste!
  • Si el arte es una herramienta, podés leerle, pintar mandalas junt@s, ver una peli, cantar o tocar algún instrumento… Quizá puedan participar de algún taller que se brinde cerca de donde están.
  • No invadas sus espacios, pero no te creas siempre que te diga: “estoy bien!” Avisale que pasarás, organicen acciones en equipo con gente que pueda sumar a la causa.
  • Es muy importante cuidar lo que decimos. Hablar poco y escuchar más. Nada de chismes, de consejos inútiles, de frases consuelo por no saber que decir. Nos animemos a verbalizar y ser sinceros, en cuanto lo que sentimos. Por ejemplo: “La verdad no sé qué decirte, pero estoy acá para acompañarte”.  No se asusten con el silencio, compártanlo! A veces es necesario para crear un clima de confianza y armonía.
  • Si vas de visita para “distraerl@”, no estés mirando el teléfono o atendiendo otra conversación, mientras la persona te cuenta algo o simplemente te mira. Que no sepas qué hacer, no te hace irresponsable y desconsiderad@.
  • Cuidemos los hábitos! Respetemos lo que la persona puede consumir, los horarios que deba cumplir, las dinámicas de su vida. No ingieras delante de ella cosas que no puede, o te jactes de la fiesta a la que fuiste el finde y todo lo que tomaste! Llevar alegría no es lo mismo que ostentar diversión frente a alguien que aún no puede hacerlo.
  • Hay estados, en los que el cuerpo está sano, pero las personas se sienten muy mal, débiles, inseguras. Como la depresión, los ataques de pánico, los duelos, entre otros. En esos momentos, más que en otros, seamos muy conscientes de las exigencias con las que nos acercamos y nuestras propias frustraciones. Puede pasar que nos da impotencia que no salga de ese estado, que nos parezca que no pone esfuerzo, que no logre cambios. Sí, te entiendo, estar de afuera tampoco es fácil. Pero dentro de ese cuerpo que sufre, hay un alma lastimada, veamos cómo ayudamos a sanarla.
  • Buscá o armá equipos con otras personas que puedan ayudar. A veces las enfermedades largas traen inconvenientes en los vínculos que los rodean. Pero animate a pensar más allá del círculo íntimo. A veces hay gente más lejana que está dispuesta a ayudar, aunque sea una vez por semana, o cada quince días, siempre que sea respetuosa de los acuerdos que realicen, aceptá su intervención para que puedas descansar ese día y les renueve la energía a todos.

Acompañar al que está sufriendo es un gran aprendizaje. A veces puede resultar durísimo, por eso te sugiero que abras a la posibilidad de que más personas intervengan en ese cuidado. No todos tenemos la misma resistencia en momentos de presión y exigencia. Hay personas que pueden darte una mano y otras que es mejor pedirles un poco de espacio. Decir que NO también es sano!

Hoy te acompañamos para que acompañes. No te olvides que desde este espacio nos construimos colectivamente….

Linda jornada para vos!

Hasta la próxima…

Y recordá que puedes escribirme a valegazzoni@gmail.com