En una época de grandes conflictos sociales, donde los valores y el respeto se ponen en duda en forma permanente los padres nos preguntamos cuál será la mejor forma de preparar a nuestros hijos para un futuro incierto y cada vez más agresivo. En este planteo es donde la decisión de la escuela se vuelve el puntapié inicial para un cambio de paradigmas.

Silvana Corso estuvo en Monte Cristo, es la segunda vez que viene a dar un Seminario – Taller para docentes, esta vez invitada por un grupo de profesionales locales: Maria José Molina, Paola Magnasco y Soledad Grudina.

Ella tiene una historia de vida muy particular, hija de padres humildes, en la primaria le dijeron a sus padres que no era capaz de aprender, pero su padre insistió en continuar hasta que un equipo pedagógico descubrió que su único problema era que no sabía estudiar. Allí le enseñaron métodos de aprendizaje y dispararon en ella un propósito de vida.

Silvana Corso es directora de la Escuela Media N°2 Rumania, una escuela con población mayoritaria del barrio conocido como Fuerte Apache, en Ciudadela. Su tarea docente está centrada en la integración de chicos con discapacidades. Fue elegida entre los 50 finalistas del Global Teacher Prize, una especie de Premio Nobel de la Educación.

A la escuela Rumania asisten unos 70 chicos con diferentes tipos de discapacidad provenientes de sectores vulnerables. Entre los 530 alumnos del establecimiento, hay adolescentes con parálisis cerebral, síndrome de Down, trastornos del espectro autista, esquizofrenia y espina bífida.

¿Silvana por qué crees que deberíamos valorar a la escuela pública?

La escuela pública tiene un valor agregado muy importante, porque es una escuela que trabaja con límites y cuando una escuela trabaja con límites, es desafiada todo el tiempo a repensar sus prácticas. Por eso no hay un encasillamiento en la cuestiones didácticas, no hay recetas. El docente está permanentemente interpelado por la sociedad misma. La escuela pública es la mejor escuela, trabaja sin recursos y condiciones edilicias básicas, sin embargo el docente se reinventa y saca lo mejor de sí. Allí los chicos crecen valorando la diversidad, llegan con valores transformadores sociales. Y lo más maravilloso es la misma diversidad.

Algunos papás piensan “Yo no mando a mi hijo a una escuela pública porque ahí hay niños con otras realidades sociales y no quiero que mi hijo haga malas amistades”. ¿Qué pensas de esto?

Lo más maravilloso que le puede pasar a nuestros hijos es que conozcan otras realidades. El contacto con otros niños les permite observar y observarse ellos mismos, valorar lo que tienen. Mi propio hijo, va a una escuela pública. Nosotros somos de clase media, aunque ahora como está el índice de pobreza parece que somos de clase media alta,  y él mismo hace críticas, me dice: “mamá los chicos de la privada nos ven en la calle y se cruzan porque somos de la pública”, él sabe que económicamente estamos en las mismas condiciones, pero ellos se pierden todo lo que él aprende de sus compañeros. Son pibes comprometidos socialmente desde muy chicos.

Algunos papás sienten miedo a que sus hijos pierdan tiempo en sus procesos de aprendizajes cuando tienen compañeros con capacidades diferentes, ¿cómo manejas esto?

Nosotros trabajamos en los límites de cada niño. Sabemos que cada chico es diferente y tiene un límite de lo que más puede y lo que menos puede, entonces no trabajamos con una misma propuesta para todos, si no con propuestas amoldadas a los límites de cada chico.

Los papas tienen más miedo a la formas de relacionarse que del aprendizaje. Hay chicos con espectro autista con conductas de ir al otro que algunos les da miedo, no saben bien cómo manejar, entonces surgen estas dudas de cómo vamos a solucionar esto, que tiene que ver con la aceptación de ambos niños.

Yo veo diariamente el efecto que genera alguien con discapacidad cuando comparte el aula con el resto de los chicos. Los convierte en mejores personas. El día de mañana si un alumno de mi escuela se convierte en arquitecto, por ejemplo, no va a hacer falta que se forme de manera especializada para saber que tiene que hacer obras accesibles. Es en la escuela donde se puede naturalizar y cambiar la representación social de la discapacidad. La verdadera inclusión social sólo es posible en la inclusión escolar.

Muchos docentes sienten que la inclusión en las escuelas no es posible, sin embargo tu escuela es un claro ejemplo de que sí puede lograrse. ¿Cómo trabajamos en eso?

En primer lugar tenemos que “creer” que es posible, además tenemos una ley que nos dice que debemos hacerlo. Después creo que los docentes deben hacer muchos talleres de sensibilización y concientización de quién es el otro, y reconocer cuales son nuestras propias limitaciones para reconocer dónde debemos capacitarnos. El docente debe estar en permanente formación, pero me refiero a “ética profesional” ¿qué elegís en tu formación?, por ejemplo cuántos docentes hacen talleres sobre “resolución de conflictos”, hay muchos niveles de capacitación de este tema, qué mejor para un docente  que estar capacitado en la resolución de conflictos, tiene que ver con el crecimiento personal.

Creo que el cambio primero tiene que existir en la cabeza de los directores, porque hay que tener mucha flexibilidad para armar recorridos escolares para cada chico. Hay que ser creativo porque la inclusión no pasa por un tema de recursos. En mi escuela los chicos a veces vienen sin comer y cuando de golpe ven a estos chicos que son dependientes de otra persona y pueden valerse en la vida, se dan cuenta de que ellos también. Ya no ven la limitación, sino el coraje que tienen para vivir. Si todos los chicos con discapacidad estuvieran ocupando su lugar en la escuela, toda la sociedad cambiaría.

Fuentes: Página 12 y La Nación