“Los niños creen en los padres. Cuando les decimos una y otra vez que son encantadores, que son los príncipes o princesas de la casa, que son guapos, listos, inteligentes y divertidos, se convierten en eso que nosotros decimos que son. Por el contrario, cuando les decimos que son tontos, mentirosos, malos, egoístas o distraídos, obviamente, responden a los mandatos y actúan como tales.  Aquello que los padres -o quienes nos ocupamos de criar- decimos, se constituye en lo más sólido de la identidad del niño”.

L. Gutman

Elegí comenzar esta nota con una frase que nos enseña de manera muy gráfica, lo que podemos generar en los niños quienes estamos a su cuidado. ¿Vieron qué importante resulta revisar lo que les brindamos a nuestros hijos?

Cuando hablamos de Crianza Respetuosa, hacemos principal hinca pié en lo que transmitimos a nuestros niños, en los tratos, en sus necesidades, en lo que pensamos de ellos. Entonces, quiero invitarlas a reflexionar hoy al respecto, más profundamente, sobre algunas actitudes que tenemos como madres (y padres) que pueden ser destructivas para nuestros hijos. Vamos a poner como ejemplos, algunas frases que decimos, inconscientes del daño que pueden provocar, y de a dónde nos están llevando como humanidad:

  • “No puedo manejar a mis hijos”.
  • “No sé cómo dominarlos!”
  • “Hasta que no le grito no me hace caso”
  • “Parece que no entiende si no lo amenazo con un chirlo!”
  • “Me manipula”
  • “Me agarró el lado”
  • “Me lo hace a propósito”
  • “Se porta mal hasta que me saca”

Conectemos un minuto, bien conscientes, con estas frases….  ¿Pueden sentir lo duras que son? ¿Se imaginan lo que sentirán nuestros hijos al escucharlas? O, si fueran ellos los que estuvieran leyendo, ¿qué puede ocasionarles en su interior?

Devenimos del paradigma donde el adulto podía hacer casi lo que quería con los niños. Pero la idea es superar esa época y afianzar el respeto a los niños como seres humanos pequeños, cuidando su crecimiento con amor a sabiendas de que serán los encargados de continuar con la especie y de cuidar la tierra. No estamos tan lejos de eso, estamos en camino, pero debemos animarnos a cambiar algunas cosas.

Principalmente debemos revertir esa concepción de que ser padres es “ser dueños” de nuestros hijos… no, no son máquinas que tenemos que aprender a manejar, ni cuadernos que debemos llenar con nuestras ideas, ni seres inferiores que supuestamente podemos domesticar.

Es fundamental corrernos del lugar en el que por ser adultos tenemos derecho a gritar y a pegar para que los hijos hagan caso. Es una idea vieja y dañina. Que enseña que la violencia está aceptada como modo de educación. Que cría personas que también lo harán en su futuro porque es lo que aprendieron como correcto. Que llena de inseguridad y malos deseos a los pequeños.

Los chirlos no son graciosos! Una paliza como se decía antes, porque eran muchos hijos, porque los padres estaban cansados, porque había que colaborar entre todos, porque no se sabía criar de otra manera, etc…. Era costumbre, lo entiendo, pero no era correcto. Fue una época de sacrificio y donde la consciencia del Ser estaba “poco de moda”. Pero ahora tenemos otras herramientas, mucha más información, sabemos lo que produce la educación y la crianza en el futuro. Somos más conscientes, por lo tanto, no podemos seguir pensando lo mismo!

¿Acaso le pegamos una cachetada a la persona que se adelanta en una cola? ¿O al vecino que no te dejó dormir? ¿Les parece que podríamos resolver algo en una reunión de padres si todos nos terminamos pegando y gritando? ¿Le pegamos a quien nos atiende en un negocio y nos denegó la tarjeta? NO. Definitivamente no andamos por la vida resolviendo las cosas con chirlos o cintazos. Entonces dejemos de creer que está bien educar así a los hijos, porque realmente no es educar, es intentar domar, someter al niño a nuestras órdenes.

Educar implica límites, sí. Con firmeza, pero con amor, sin necesidad de generar miedo. Eso habla de nuestras inseguridades, de nuestra impotencia, no del niño que “se porta mal”. Los golpes y los gritos son violencia y generarán más violencia.

Si fuiste criada en la época de los chirlos, seguro estarás de acuerdo conmigo, en que no te gustaba, que te hacía sentir muy mal. A veces nos adaptamos a eso, lo vemos normal. Pero no es sano acostumbrarse al maltrato.

Hay otras formas de educar y criar. Volvamos a los círculos de crianza, nos acompañemos como mujeres en esa etapa. Generemos espacios o busquemos los que ya existen, para dialogar y debatir los temas que nos preocupan. Hay muchísima información al alcance de todas. Mucho por hacer y por concientizar.

No naturalicemos la violencia. Criemos seres que sepan amar, cuidarse y cuidar todo a su alrededor.

Te invito a reflexionarlo, reconsiderar tu modo de crianza si es necesario y compartir con más mamás que estén necesitándolo!

Hasta la próxima…

Y recuerda que puedas escribirme a valegazzoni@gmail.com