Y un día empezó a llover… y le costó parar… Siguiendo con la manera de mirar las cosas que proponemos en esta columna, les digo que podemos aprovechar esos días, que son unos de los mejores para nuestras plantas, para hacer varias cosas. Por ejemplo, sacar todas aquellas plantas de interior a que tomen agua de lluvia. Verán que nunca han estado tan bellas como cuando reciben el agua del cielo. Otra es reubicar algunas plantas que son muy sensibles al exceso de agua y también podemos enseñar… Si, enseñar, podemos armar un germinador y les enseñamos a los más pequeños de la casa conceptos básicos de biología.

Para esto vamos a buscar algún frasco vacío, o vaso descartable transparente; un puñado de algodón, alguna cartulina o en su defecto papel tissue; semillas que tengamos por casa, pueden ser lentejas, arvejas, garbanzos, chia, lino, sésamo, poroto… En fin, cualquier semilla sirve.

A poner manos a la obra:

Cortamos la cartulina de manera que cubra en altura al frasco y todo su contorno interior, luego rellenaremos el centro con el algodón.

Posteriormente, colocaremos las semillas entre la cartulina y la pared transparente, de manera que queden a la vista, y así observemos mejor todo el proceso.

Lo último que haremos será humedecer (tengan bien claro que “humedecer” es diferente a “mojar”) el interior del frasco.

Luego lo ubicaremos en un sitio cálido de la casa, puede ser luminoso o no, lo esencial es la temperatura.

Verán que, al cabo de unos días, más o menos según las semillas elegidas y el vigor que éstas tengan, comenzarán el proceso de hinchado y posterior brotación del hipocótilo, para luego dar un ejemplar de una planta.

Los menores de la casa se divierten mucho y prestan atención a las etapas del proceso de crecimiento…y así de a poco comienzan a comprender la maravilla de la vida.

¿Te gustó la idea? A trabajar en familia!