Emprender para crecer, ese podría ser su lema. Ella es  Florencia Bustamante, con apenas 25 años y su título de maestra de grado, se animó a emprender. Siempre quiso ser docente, nunca imaginó que iba a contagiarse de esta creatividad y alma de artesano que viene de familia.

Desde muy chica supo que para salir adelante hay que abrirse camino, por eso, ya en el secundario, hacía trabajitos para salvar sus gastos. Trabajó en atención al público y como promotora, incluso daba clases particulares para hacerse de algún ingreso extra.

Con el dinero que pudo recaudar emprendió un viaje, motivada por las experiencias de su hermana mayor Eugenia. A los seis meses de viajar y recorrer sola el país vecino, volvió y empezó a ejercer su profesión. Aunque, las ganas de conocer siguen latentes.

Con su amiga Cintia recorriendo América. Foto gentileza: Flor Bustamante.

Su primera experiencia fue difícil, incluso mantuvo su anterior trabajo, pero nunca se alejó de su pasión por el deporte. Ella es jugadora de hockey desde los doce años en el Club del Carmen, al cual considera su segunda casa. El deporte es su cable a tierra y, a pesar de los nuevos proyectos y de las nuevas responsabilidades de la vida adulta, no deja de lado su primer amor. Por esa gran razón, todos los domingos está ahí para su club y sus compañeras.

Su equipo de hockey femenino de Club El Carmen. Foto gentileza: Flor Bustamante.

Pero el ser emprendedora de las artesanías tiene un objetivo más profundo y es cumplir el sueño de su casita. Con la motivación de su madre, se animó a encarar esta difícil tarea y las artesanías la están ayudando a comprar los materiales. Ella piensa que todo lo puede porque las ganas le sobran. “Tardarás más o menos, pero se logra”. Florencia se puso una meta, terminar su departamento, y está convencida de que va a alcanzarla.

El emprendimiento de las artesanías comenzó en un primer momento como medio para juntar dinero y viajar. Cuando Eugenia estuvo unos meses en Argentina, le dieron una estructura más firme a la empresa familiar.

Pero cuando ella se fue a Asia ya se habían asumido compromisos con varios clientes, por lo que, Florencia con su hermano Lautaro continuaron al frente del emprendimiento. Así, con la ayuda de sus padres, lograron organizarse, dividirse las tareas y continuar cumpliendo con los pedidos.

Junto a su familia. Sus papás: Marcela y Hugo, y sus hermanos: Eugenia y Lautaro

El contacto con sus clientes, la flexibilidad en los pagos y generar una relación de confianza son cualidades que han logrado desarrollar y han fortalecido a la marca. Sus mayores compradores son negocios ubicados en lugares turísticos, por lo que hay épocas de mucho trabajo, sobre todo en temporada. Así que en esos momentos de tanto compromiso y presión, su novio y sus amigas también colaboran de alguna manera con las artesanías.

Trabajando en el taller. Foto gentileza: Flor Bustamante.

Florencia nunca pensó ser artesana, pero le encanta verse en ese rol más relajado, donde puede trabajar en su casa, a su tiempo.

Ella en un futuro se ve como maestra, encuentra una gran satisfacción al ver a los niños aprender; sus alumnos la enamoran, porque son puros, inocentes, sanos, espontáneos.

Hoy por hoy, sigue estudiando y está cursando la licenciatura en Ciencias de la Educación. Quizá en un futuro pueda hacer la carrera de gestión; le gustaría ser directora algún día y participar en la educación desde otro lugar.

Ella se proyecta como madre, pero está esperando el momento adecuado. Quiere seguir concretando sus ideas, sus actividades, sus proyectos. Por lo pronto, cree que este es el momento de las artesanías y lo va a seguir haciendo poniendo todo de sí, sin dejar de reinventarse y continuar creciendo.