Como ya saben, nos gusta mostrar las actividades que se ofrecen en nuestra ciudad, hoy le tocó el turno a Yoga, una disciplina que se viene practicando hace muchos años, no está de moda y poco se sabe realmente de sus beneficios. Pero quisimos saber un poco más, por eso visitamos a  Daniela Farroni, ella da clases de yoga hace 7 años.

El yoga aparece en la vida de Daniela a sus 25 años, sin saber muy bien de qué se trataba, se podría decir que el Yoga la buscó a ella.

Esta disciplina va a lo personal, a lo vivencial y como profe ella necesitó vivirlo para poder transmitirlo. “Lleven el yoga a su vida”, le decía su profesora. Algo que sencillamente no es nada fácil.

Hoy vivimos para el afuera, para complacer a otros, predicamos algo que después no es lo que queremos o sentimos realmente. Deseamos tener más dinero para comprar más cosas que no sabemos si nos hacen feliz y nunca se termina de tener todo, lo que implica un insatisfacción constante.

Si sinceramente nos preguntáramos qué queremos, sería simple. Pero para comenzar a trabajar con la energía, hay que estar predispuesto y hacerse cargo de lo que uno encuentra. Estar conectados con el aquí y el ahora y ser coherentes con lo que uno elige vivir es una tarea ardua, pero repleta de paz, si nos lo proponemos.

El yoga es respirar, conectarse, sentirse. Así como es de simple, hay que trabajar mucho en ello. Mediante las posturas, la respiración y la meditación pueden destrabarse los chakras, puntos energéticos del cuerpo, y alcanzar un equilibrio.

Es cierto que es una disciplina que va más allá de lo físico y uno cree que no hace ningún esfuerzo, pero se mueve todo el cuerpo gracias a ejercicios de elongación, fuerza, equilibrio, respiración. Es un trabajo de toda la vida y cada uno hace su proceso a su tiempo.

En sus alumnos puede ver el progreso y el cambio. Suelen decir: “Esta es mi hora” y dejan a un lado todos sus problemas cotidianos y conectan. “Se lo proponen y lo logran”, dice la profe.

Daniela da clases en Intendente Rico 430, lunes y miércoles a las 18 y a las 20 hs. Además, se le encomendó el desafío de dar clases de yoga al equipo de vóley femenino del Club Ingeniero Lucas Vazquez. Es una actividad distinta a lo que ellas vienen haciendo, son un grupo de adolescentes, pero la profesora sostiene que con el tiempo van reaccionando bien, lo van incorporando y tomando conciencia de su cuerpo y la importancia de cuidarlo. Ve una predisposición en las alumnas, una entrega que la motiva a seguir.

El yoga es en su mayoría práctica. Hay días que uno va a poder conectarse y días que no. El objetivo de la meditación es estar conectado y dejar que los pensamientos pasen. Ella nos dice, desde su experiencia, que cuando abrís los ojos ves todo desde otra perspectiva, percibís las cosas desde otro lugar.

Desde nuestra cultura occidental, intentamos acercarnos a la cultura en la que nace el yoga. Sin embargo, debido a las diferencias abismales entre ellas, nos resultan demasiado abstractas muchas de sus concepciones. Daniela propone que lo hagamos respetando nuestro entorno y llevar el yoga al lugar donde vivimos. No es necesario ir al medio de la montaña o a un templo para lograr meditar. Tiene que ver con uno y con nuestra predisposición para conectarnos con nosotros mismos.

En el caso de los niños, están más dispuestos y cada vez son más frecuentes las clases para ellos. Quizá sea por el hecho de que por estos días, los niños se muestran ansiosos, deseosos de jugar, de que les presten atención y canalizar esa ansiedad tan precoz. El yoga puede ser una alternativa para los más pequeños y es un proyecto de Daniela que está cerca.

Cuando le preguntamos si le costaba cobrar por su trabajo, ella nos cuenta que al inicio uno no valora su tiempo y esfuerzo, pero el dinero es energía y todo lo que uno da tiene que volver, por eso debemos ponerle un valor a nuestro trabajo.

Con respecto a la maternidad, en un principio fue complicado, sobre todo durante la lactancia, conjugar su pasión con los cuidados de Candelaria, su hija. Cuando no había quién la cuidara, la llevaba a la clase y compartía el yoga con las alumnas. “Si la tengo que llevar a la clase, la llevo”. Esta mamá cree que es una buena forma de que los hijos conozcan lo que los padres hacen fuera de casa, puedan acercarse y entender un poco más a los papás. Elegir una vida y trabajo independiente también posibilita compartir más con ellos.

El yoga es una alternativa que está disponible en Monte Cristo de la mano de Daniela Farroni y que nos permite movilizarnos desde otro lugar. A partir de la esencia del yoga, es posible superar los miedos, liberar tensiones y escucharse para saber lo que nuestro cuerpo y mente está necesitando hoy.