Se acerca la primavera y es inevitable que el chip se prenda en nuestra cabeza, añoramos unas vacaciones urgente, y lo peor está por venir!

¿Dónde ha quedado el hogar dulce hogar?, en el pasado… nada añoramos más que salir de casa y tomarnos unas vacaciones, no podemos evitar llegar y querer dejarlo todo, romper los esquemas de nuestra cuadriculada y rutinaria vida. ¿Qué está pasando? “Necesitamos desconectar. Igual que conectamos el celular, también podemos desconectarlo una vez hayamos contestado ese mail urgente. Vivimos con prisa todos los días, ¿por qué programamos el gimnasio con tan poco margen que tenemos que salir corriendo? Nuestra rutina ni tiene espacio para activar el modo disfrute”. Todo esto nos ahoga y ahonda en esa llamada “crisis post-vacacional”.

¿Mito o realidad? El psiquiatra Benito Peral nos ayudaba a entender cómo el romper con las rutinas y volver a retomarlas hacía estragos en nuestro ánimo y en nuestro cuerpo.

Pero queremos llegar más allá: ¿por qué nos da por querer volver a lo básico, a la felicidad menos artificiosa? “No es ninguna tontería querer volver a lo básico; en el fondo somos prisioneros de cosas superfluas y cuando salimos de vacaciones el tiempo se para y empezamos a ver que es posible estructurar un día de otra manera, vivir de otra forma”, sentencia Peral.

Bien. Así que es algo sensato, no estamos locos ni se trata de una idea descabellada. Pero la conclusión es algo desalentadora: ¿tenemos más y estamos más insatisfechos? ¿Dónde está entonces el tope? ¿En prescindir de todo y llegar a lo auténtico?

“La crisis es más que la económica, es una derivada de algo mucho mayor y, aunque nos falta perspectiva histórica, quizás estamos en un punto de cambio de paradigma, de ruptura del estilo de vida, de los esquemas en general”.

Esta necesidad de algo nuevo, diferente y emocionante se ha venido gestando desde hace mucho, desde que empezamos a querer comernos el mundo, estudiar cada vez más, hasta que nos hemos dado cuenta de que el trabajo dignifica y también nos somete porque cada vez se hace más difícil el trabajar para vivir y más real el vivir para trabajar.

Peral concluye que “quien tenga un mínimo de lucidez e introspección sabrá que es un afortunado por no estar parado. Pero eso no quita que sigamos sintiéndonos terrible.

Somos seres biopsicosociales y todo determina nuestro (des)equilibrio. Somos seres expuestos a estímulos, pero no somos libres. Como pececillos en una pecera, las responsabilidades, las perspectivas de futuro, el llegar a fin de mes… son las realidades con las que lidiamos día a día.

Y cuando tenemos la oportunidad de sobrepasar el límite de las responsabilidades como en vacaciones, damos por hecho que siempre puede ser así. Y quizás pueda ser o quizás no.

Lo cierto es que cada quien es diferente y sólo tú puedes descubrir cómo lograr ese equilibrio en tu vida que te acerque a la felicidad.

Fuente: Traveler.es