Todos alguna vez hemos escuchado hablar de Zumba. Si todavía no has probado la energía de una clase de esta disciplina fitness, dudo que después de leer esta nota puedas resistirte.

Para saber un poco más sobre este tipo de ejercicio y lo que implica la experiencia zumba, charlamos con Valeria Bracamonte o Pitu, como todos la conocemos. Ella es referente en nuestra ciudad de la disciplina y nos habló de sus inicios, su presente en Monte Cristo y de sus proyectos para el 2018.

Por casualidad, como suceden las mejores cosas, descubrió Zumba. Hace ya un tiempo, cuando todavía no era tan conocido ni promocionado el deporte, vio una nota en el canal CNN realizada al creador de Zumba, Beto Pérez, y realmente lo que escuchó le gustó mucho: “Zumba es una fiesta, es ejercicio disfrazado”. Ese mismo día encontró una clase a la cual asistir, se cambió y fue.

Después de un año y medio de clases y motivada por su profesora Soledad Siena, decidió tomar la certificación de Zumba, en noviembre del 2013. Hoy, además de ser instructora de Zumba Fitness, está especializada en Zumba Kids y Junior, para niños de 4 a 11 años (adaptación para los más pequeños que incluye actividades de exploración y juegos), y Zumba Gold, orientada a personas con más de 55 años, embarazadas, con lesiones o algún impedimento físico, ya que presenta un nivel menor de intensidad y rigurosidad coreográfica que la tradicional.

Un día, Emilia Depetris, hermana de una compañera de trabajo, la invitó al garaje de su casa, en Monte Cristo, a dar una clase y tomar unos mates. Solo se trataba de tener un sábado distinto, entre amigas. Así conoció la ciudad.

Las clases en el garaje de Emilia se repetían cada sábado y siempre eran más las chicas que se acercaban. Emi le propuso hablar con los encargados del Club El Carmen. Después de eso empezó con las clases.

Las siestas en el salón del club comenzaban con la música a todo volumen, las mujeres llegaban vestidas de todos los colores y la gente que iba a los partidos de fútbol las miraban. Más de uno terminaba participando de la clase cuando la curiosidad podía más. Las chicas de hockey también se entusiasmaban y bailaban entre partido y partido. “¡Los árbitros nos hacían bajar la música!”, recuerda Pitu entre risas.

Ella quiere que los que vayan a sus clases “se diviertan”. Cree que Zumba es un estilo de vida: “La música que utilizamos es contagiosa y alegre y el cuerpo responde a eso; después es inevitable estar cocinando, limpiando y bailar o cantar y decir: ¡Esa la hacemos en Zumba!”.

“Todos buscan en una actividad bajar de peso. En Zumba, particularmente, los resultados de la pérdida de peso se ven rápidamente porque las personas se olvidan de que están haciendo ejercicio; bailan y se divierten, eso genera constancia. En una clase podés bajar entre 500 y 1000 calorías. Empezás a sentirte más liviana y tu cuerpo está preparado para tener más entrenamiento y en cada clase le pones más intensidad a los movimientos sin darte cuenta”.

“Si la razón por la que llegan a la clase de Zumba es por estética o apariencia, eso termina siendo secundario, porque lo primero que encontrás es diversión y eso te hace sentir bien”, afirma.

Pitu considera a cada alumna/o como un/a amiga/o. Comparten momentos fuera de la clase: cumples, festejos de fin de año o simplemente juntadas. Charlas, consejos, abrazos de esos que te llenan el alma y sonrisas que contagian.

Se siente feliz por la aceptación que tuvieron sus clases en Monte Cristo: “ Darles a conocer una clase diferente y que tenga tanta repercusión es increíble”. Ella sostiene que la clase de Zumba es causa-efecto de muchas cosas: las oportunidades de trabajo y la idea de ayudarse entre todos, son un ejemplo. Hay alumnos que tomaron la certificación y en este momento dictan sus clases con gran éxito. Dj Juancito, actual musicalizador, en una oportunidad, la salvó cuando su parlante no andaba y puso música. Hoy dispone de un ingreso que le sirve para aportar en su casa. Se promocionan y fomentan los emprendimientos; en fechas especiales, cuando piensa en regalitos para el grupo, elige agasajarlos con productos de producción local (huevos de pascua y chocolates Morenita de Carla Maccio, pan dulce de Gris Cake, etc.).

Pitu Bracamonte está plenamente incorporada a nuestra comunidad y, de no saber adónde quedaba Monte Cristo, hoy está pensando en vivir en esta ciudad.

Cuando le preguntamos por sus nuevos proyectos, nos respondió entusiasmada: “Este año viene con mucho, tengo ganas de empezar a dar Zumba Kids, para los más pequeños de la casa, una alternativa estupenda para que los niños aprendan que el ejercicio físico no es aburrimiento, es diversión. La clase tiene coreografías de baile, pero se suman juegos y dinámicas con un fin educativo y que ayude en las etapas de crecimiento y desarrollo del niño, su proceso evolutivo de sus capacidades y habilidades cognitivas”.

Además de ser instructora de Zumba, trabaja en una consultora de recursos humanos, CIMA Gestión de Talentos, que, gracias a su amiga y actual socia, Mica Kaplan, le permitió vivir una nueva etapa en su vida profesional.

“Otra apuesta fuerte para este año es poder llevar el concepto de Pausas Activas al sector empresario de Monte Cristo, no sólo con intervenciones de Zumba, sino también con programas que realmente ayuden a la salud mental y física de los empleados/colaboradores”. En CIMA Gestión de Talentos hay una unidad de negocio focalizada en esta área y Pitu cree que es lo que se viene en concepto de Gestión de Capital Humano.

A fin de cuentas, ¿por qué vivir la experiencia Zumba? “Porque es una buena excusa para salir de un día rutinario, lleno de obligaciones y responsabilidades. Tenemos una hora para olvidar todo y bailar”.

La frase que debe escucharse lunes, miércoles y viernes a las 21hs es: “¡Ya vuelvo, me voy a Zumba con Pitu!”.