A veces las madres nos sentimos tan cansadas y desanimadas…. Como si todo el esfuerzo que ponemos en el sostenimiento familiar no sirviera de nada.

Hay días en que una frase puede ser tan destructiva que nos rompemos por dentro. Un hijo que nos critica, un docente que nos marca falta de límites, un desaire de nuestras parejas, la soledad que sentimos cuando no hay nadie alrededor…. Son momentos que casi todas las mamás vivimos alguna vez. Una sensación de insuficiencia con el rol, de cometer errores enormes que se agrandan aún más con las opiniones del afuera. La idea de súper mamá que nos inculca la cultura no se condice con nuestro interior abatido….

Muchas mamás sentimos una culpa gigante por las relaciones que no fluyen con nuestros hijos, por el accidente que no pudimos evitar o la enfermedad que no vimos venir a tiempo. Por la pareja que no funcionó, el dinero que no nos permite darles todo lo que los chicos piden, el trabajo que nos consume tanto tiempo, las pesadas tareas del hogar. Por no poder consolar a nuestros hijos cuando se sienten mal, apoyarlos en sus decisiones difíciles, darles un consejo que les sirva para encontrar tranquilidad…  Sufrimos en silencio y tratando de que no se note, o gritamos locamente por algo insignificante.

Miles de situaciones nos ponen en esa encrucijada de preguntarnos ¿qué hice mal?, ¿cómo resuelvo esto ahora?, ¡¿cómo no me di cuenta antes?!.

Hay cosas que no tienen explicación inmediata, situaciones que comprendemos con el paso del tiempo, con la madurez y el trabajo personal. Pero más allá de no entenderlo en el momento, es importante revisar los pensamientos duros para con nosotras mismas, ese autocastigo mental de que todo es culpa nuestra. Ya sabemos que la culpa no sirve para nada, sólo nos hace sufrir, nos desvaloriza y desvitaliza. Para sentir que podemos con lo que nos pasa, es preciso comprendernos y perdonarnos en el error, aceptar que nos equivocamos, pero desde el amor. En esas situaciones dolorosas, que quisiéramos olvidar para siempre, ser crueles o víctimas no nos ayuda, serán un dolor por largo tiempo.

El perdón, como muchos maestros y autores nos enseñan, es una herramienta hermosa y sanadora. Perdonarnos en la ignorancia, en el descuido, en el “fracaso”, en lo que salió mal…. Perdonarnos por no saber cómo, por querer controlar todo, por no haber podido…

Cuando nos tratamos con amor genuino, el perdón llega solo. Nos eleva, nos alegra, nos renueva. Perdonarnos para corregir, para mejorar, para no decaer. Perdonar no es justificar ni quedarnos con un resultado negativo a cuestas. Perdonar es liberarnos de ser la mamá perfecta y empezar a caminar el sendero de la transformación. Es un acto casi mágico porque nos envuelve en una energía que nos trasciende y nos permite comprender también los errores de quienes nos rodean.

¡La maternidad no es sólo alegrías, verdad? ¡Hay épocas difíciles! Y a veces lleva bastante tiempo superarlas. Y está bien, si es con intención de aprender y resurgir.

Personalmente tuve y tengo momentos en los que no sé por dónde empezar. En donde me cuestiono primero y reflexiono después. Donde la mirada crítica quiere ganarle a la compasión. Y es mi compromiso conversar con esa mente que, si la dejo, me llevará a un lugar oscuro e inútil. Es en las situaciones más difíciles donde busqué y sigo aprendiendo a trabajar en el agradecimiento y el perdón. Una práctica cargada de bienaventuranzas, que despeja el camino hacia donde debemos ir, que nos enseña, siempre, sin que podamos controlar el resultado.

La vida puede ser difícil, muchas, muchas veces. Pero cómo nos tomamos las dificultades, es lo que nos da la posibilidad de hacer algo diferente.

Las invito a que se tomen en serio el trabajo con el perdón. Es una posibilidad de relajar las culpas y educar desde el amor. Cada día con menos juicio, menos exigencias, menos críticas. Busquen la enseñanza que sientan más sincera. Hay muchas y muy bellas.

En mi caso el Ho´oponopono, me acercó una comprensión más global de lo que nos pasa y nos une. Se los dejo como una referencia. Para quienes no lo conocen, anímense a bucear, y para las que ya lo practican, nos acompañamos.

Que tengan un hermoso y sanador Feliz Día de la Madre

Hasta la próxima y recuerden que pueden enviarme sus comentarios y consultas a valegazzoni@gmail.com

Gracias a todas las que se animaron a escribirme, estoy feliz de leerlas.