Clasificamos a los juegos en: ESTRUCTURADOS Y NO ESTRUCTURADOS.
Lamentablemente en la actualidad, los niños desde muy pequeños juegan cada vez más a juegos estructurados en los que suele haber una pantalla de por medio. Y las imágenes del tv o de un videojuego no permiten que el niño haga sus propias creaciones e imagine escenas, sino que lo recibe todo hecho. No puede aportar nada. Esto es muy limitador, no sólo porque no alimenta la imaginación, sino porque también la frena.

Cuando hablamos de juegos no estructurados, nos referimos a aquellos en los que el niño inventa con diversos objetos y juguetes, una escena creativa y despliega toda su imaginación en ese juego. Puede durar minutos, horas o aún días, en los que nos piden que “no desarmemos” aquello que tanta dedicación les llevó. Y ahí los podemos observar sumergidos en su fantasía casi concreta, pues un bloque se convierte en un barco, una mesa en una montaña, y la arena en comidita.
A medida que los niños van creciendo, aparecen también los juegos semi-estructurados, en los que existen algunas reglas que cumplir. ¡Son juegos sociales (de compartir con otros), donde los niños ya pueden respetar consignas, turnos, y poco a poco aceptar la frustración de perder, la aventura de ganar, superarse, conquistarse!

Todos los que de alguna forma trabajamos o tenemos contacto con pequeños, coincidimos en un pensamiento: Cuánto más pequeño es el niño, tanto más importante es que sea libre en sus juegos, que éstos impliquen moverse, desplazarse, trepar, correr, saltar, amasar, ensuciarse…..y no son frases simplemente! Esto tiene un sustento teórico-científico, donde podemos encontrar investigaciones que nos explican que un niño va desarrollando así su autoconfianza, pues el dominio de su motricidad permite que se conozca a sí mismo, que se anime, que pueda crear. Y es ahí, cuando los niños nos sorprenden formando sus propios mini mundos, con sus reglas, y dirigiendo en todo momento la acción y el movimiento.
El juego es en sí mismo, un ensayo de vida para el niño/a: manipular objetos, tocar los materiales con los que están hechos, acabar de definir con su imaginación las formas y detalles e integrarlo en un mini mundo que le sale de su interior, provoca que neurológicamente se formen muchas nuevas conexiones en su cerebro.

Todas las conexiones y circuitos neuronales que se crean en la infancia (época de una gran plasticidad neuronal, irrepetible en la vida), son vitales para el posterior desarrollo como adultos. Pues son los que determinan nuestra forma de afrontar las situaciones de la vida, cómo resolver los conflictos, buscar soluciones creativas, nuestra resiliencia, nuestras habilidades sociales, y por supuesto alimenta nuestros pensamientos y aprendizajes.
Está demostrado que los niños que juegan la mayor cantidad de tiempo de manera libre, obtienen mejores resultados académicos cuando comienzan la escuela.

También es fundamental fomentar el juego diario en el exterior, en la plaza, en el patio o en la terraza…La neurociencia ha demostrado que no hay nada que estimule y resuene más en el hemisferio derecho del cerebro (hemisferio imaginativo y creativo) como la naturaleza, pues nos mantiene en un estado idea para el aprendizaje, ya que nos equilibra, nos conecta, nos motiva y nos anima a explorar. Es absolutamente necesario que los niños jueguen afuera cada día, esto los fortalece en sus defensas, le brinda vitalidad y expande su imaginación.

Y todo eso, será visto en la vida adulta. Un niño creativo, será un adulto que pueda resolver una situación de conflicto. Un niño que conoce su cuerpo y sus límites será un adulto que se respete a sí mismo y a los demás, que descifre sus sensaciones corporales y exprese mejor sus emociones, por lo tanto, se enfermará menos! Un niño libre en sus movimientos, será un adulto que se animará a mostrar sus pensamientos, sus habilidades, sin miedo al rechazo, al ridículo o a no “encajar”. Un niño que aprenda a superar el aburrimiento y la frustración, será un adulto que podrá sortear las dificultades de la vida, saldrá en busca de soluciones o a pedir ayuda si se queda sin trabajo, por ejemplo.

Por lo tanto, brindemos a los niños la posibilidad de jugar libremente, trepar, gatear, saltar, correr, armar y desarmar. Fomentemos juegos en los que el niño no permanezca quieto mucho tiempo, sino que pueda inventar recorridos, escondites, sortear obstáculos, etc., pues de la calidad de ese psico-desarrollo, depende su éxito y felicidad en la vida adulta.