Mi nombre es Anaiss Ramirez. Nací en Chile, Santiago. Siempre fui artística, nunca me fue bien en las matemáticas, crecí en una familia que le encantaba hacer videos familiares caseros y eso me marco mucho. Desde muy chica llevo conmigo una video cámara. Siempre tuve un espíritu viajero. A los 19 años conseguí una visa: “Work and holiday” y me fui de Chile para trabajar en Nueva Zelanda, allí comienza mi historia.

Al principio todo era emocionante, los lugares, la gente. Pronto aprendí inglés y estudié un Diplomado en animación y edición de videos, que me permitió trabajar y quedarme un tiempo más. En el fondo de mi corazón sabía que no iba a volver. Ese mismo año conocí a William, me enamoré desde el primer momento. Él es deportista y su gran sueño era, y es, vivir de las “artes marciales mixtas”.

Desde el primer día él tenía las ideas muy claras, iba por todo y esa pasión terminó arrastrándome con él también. Enamorada hasta los huesos sufrí mi primera desilusión cuando William ganó una beca para entrenar en Tailandia… no sabíamos si nos íbamos a volver a ver.

Pasó 1 año y medio hasta que nos volvimos a encontrar. El amor permanecía intacto y supe que quería pasar mi vida con él. Así fue como terminé teniendo un estilo de vida fuera de lo común. Nunca dejando de lado mis propios proyectos, pero siempre rogándole a la vida que nos llevara por el mismo camino.

Nos reencontramos en Nueva Zelanda pero duró poco el encuentro. Tuvimos problemas de visa y eso nos obligó a tener una relación a distancia otro año completo. Cada rencuentro era maravilloso pero las despedidas muy tristes ya que no sabíamos donde o cuando nos nos volveríamos a ver. Yo sentía mucha angustia, pero nunca perdí la fe de que pronto coincidíeramos en un pais que nos permitiera ejercer nuestra profesión.

Fue muy difícil convivir con esos sentimientos encontrados, por primera vez quería atarme a alguien pero el destino se había empecinado en separarnos y yo ya estaba perdiendo las esperanzas.

Ambos habíamos salido al mundo, dejado el confort de nuestros hogares detrás de un sueño y el final de la historia no estaba escrito.

Por esas cosas de la vida, el destino o la suerte, tuvimos una nueva oportunidad y mi corazón volvió a latir cuando logramos reencontrarnos en Tailandia. Al principio fue durísimo. Muchas personas aseguran que las artes marciales mixtas no son un deporte. Yo misma crecí escuchando esos comentarios. Cuando conocí este mundo de la mano de William me di cuenta que esto es una profesión, como cualquier otra y que además te puede llevar a conocer el mundo.

Sin darme cuenta me convertí en la compañera de vida de un deportista que se gana la vida en un RING/CAGE. Que prefirió ser independiente y perseguir su sueño a costa de mucho sacrificio en lugar de tener un cartón o un sueldo fijo que lo hiciera dependiente del sistema, con una vida más estable pero miserable.

Vivimos juntos en una ciudad al sur de Bangok. Yo trabajo para un hotel muy cerca de casa y él entrena 3 veces por día 6 días a la semana para uno de los mejores GYM de Tailandia FAIRTEX.

Recién ahora, después de varios años, comenzamos a ver los primeros frutos de tantos esfuerzos y sacrificios. La luchamos, la sufrimos juntos y separados. Y aunque mucha gente nos intoxicaba con sus comentarios como: “ya es hora de sentar cabeza”, “de esto no se puede vivir”… y muchos más… Juntos aprendimos que los sueños nos hacen libres y cuando somos libres amamos de verdad. Tus sueños son tuyos, tu pareja es el compañero que te apoya, que te abraza, que te anima y te da la libertad de amar y soñar tus propios sueños. 

Salí de Chile hace 7 años, quizá no regrese, pero seguiré siempre adelante y la vida irá marcando este camino que aún no está escrito, que vivo en presente junto a William y nuestros sueños.


Anaiss Ramirez