A veces me pregunto qué más puedo hacer para ayudar a un niño o un adolescente que ya no encuentra razón de ser? Y digo “ya no encuentra” porque estoy segura de que en algún momento de su corta existencia sabía que todos los días tenían un sentido, sabía que era importante para sus padres y familiares y tenía sueños para su futuro. Pero hubo un momento (o quizás varios) en los que su sufrimiento empezó a tener tanta fuerza, que la alegría de vivir, de ir a la escuela, de reunirse con amigos o pensar en la magia de una pareja, deja de entusiasmarle. Hubo un momento, que posiblemente no logró identificar, en los que la vida se puso gris…

Y los adultos, posiblemente no lo percibimos. O quizá vemos un cambio, pero no comprendemos su causa. También puede suceder que nos parezcan “cosas de chicos”, ya se les va a pasar! El tema es que puede no pasar tan fácil, puede empeorar y si no estamos atentos, puede empañar la vida de toda una familia profundamente.

El bullying, la depresión, los dolores amorosos, las desilusiones con amigos, las peleas y desacuerdos con los padres, las separaciones, cambios de colegios, mudanzas, etc, siempre existieron…pero qué pasa actualmente que son causas de tal ahogo para los chicos? Qué pasa que los papás y adultos que los acompañamos no podemos contener esa experiencia?

No creo que exista una sola respuesta a estos interrogantes, cada familia, cada situación, es compleja en sí misma, quizá hay casos en los que se hace más sencillo identificar el “problema”, pero hay otros en los que nos lleva años encontrar “la punta del ovillo”. Y a veces el desconsuelo de ese niño/adolescente se hace insostenible para su endeble emocionalidad, y no nos da tiempo a encontrar esas respuestas. Sé que estamos hablando de situaciones que pueden causar mucho dolor, y con todo respeto, intento aportar un poquito de luz que nos anime a abordar estas circunstancias desde un compromiso social conjunto.

Es tarea de los adultos generar confianza en nuestros hijos, alumnos, nietos, sobrinos, etc, para poder hablar abiertamente de todos los temas que puedan preocuparles, aunque no sepamos cómo! Transmitámosles que SIEMPRE pueden contar con nosotros, que lo que no sepamos lo podremos aprender juntos, no nos horroricemos con lo que puedan confesarnos, podemos tratar de infantilizar nuestra mirada, desarrollar cada vez más nuestra capacidad empática y sentir lo que pueda estar sintiendo ese ser sufriente. Lo que para nosotros puede parecer muy sencillo, para un niño puede estar siendo lo PEOR de su vida, y lo peor a veces, es la causa de un dolor muy profundo y sin salida.

Podríamos hablar mucho sobre esto, y seguro que todo es importante, pero quisiera compartirles una reflexión que a mí me permitió comprender un poco más el vacío que están sintiendo muchos adolescentes de hoy: las generaciones anteriores (nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc), transmitían a su descendencia un “rol” que debían cumplir. Casi siempre era ayudar en los trabajos de sus padres. Los chicos sabían que todos colaboraban en las tareas que les garantizarían la subsistencia; podrían ir a la escuela o no, pero sabían que además de eso, tendrían una tarea que cumplir en su familia. Y seguramente sería lo que marcaría su desempeño en la adultez… Ahora eso es muy diferente, los niños desarrollan la libertad de poder elegir lo que quieren para su vida adulta. Nos caracterizamos por preguntarles ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, pero….les brindamos las herramientas para ayudarles a descubrirlo?

Creo que la libertad de “poder ser lo que quieras” está siendo un peso para muchos adolescentes que no tienen las herramientas para decidirlo, porque no les ayudamos a trabajar en ello mientras fueron pequeños. Quiero decir con esto, acompañemos a nuestros niños en su búsqueda personal, en descubrir sus fortalezas y sortear las dificultades. Desde pequeños podemos mostrarles que siempre es más importante la Vida que cualquier otra cosa que puedan tener. Que ser feliz es posible, pero que no llegará mágicamente, sino aprendiendo a convivir con las dificultades, a superarse, a dar lo mejor de sí mismos en lo que sea que quieran hacer.

Revisemos nuestra transmisión de valores, les enseñamos a respetar las diferencias? A convivir con la incertidumbre? A amarse aún en las equivocaciones?

A veces aparentamos tanto, que nuestros hijos nos muestran eso que ocultamente sentimos. Siempre digo que en cada manifestación de nuestros retoños, hay una posibilidad de mirarnos como padres, de ser valientes y responsables, para cambiar o remediar lo que tengamos delante! Nos enamoremos de la vida para que las generaciones futuras puedan vivirlo así, encontrando un sentido en cada etapa que les permita superarse y ayudar a otros. Que se contagie el amor y no el sufrimiento, pues de eso se trataba vivir, aunque a veces pareciera que lo olvidamos.