Como lo habíamos prometido, seguimos contando historias de mujeres emprendedoras, este mes le tocó el turno a María Eugenia Cávolo, ella es una conocida mujer de Monte Cristo. Fuerte, decidida, carismática, amigable, magnética, madre de tres 3 hijos y esposa de Daniel Muñoz.

Ella, al igual que sus 4 hermanas, es muy creativa e ingeniosa. Poseen una sensibilidad para lo estético que las atraviesa y Eugenia piensa que puede ser una especie de herencia por parte de sus padres, así como heredó su afición por la jardinería de sus tías maternas.

Se define como una mujer de carácter, lo que le ha permitido sortear situaciones difíciles, no le teme a los desafíos y no se permite estar triste por mucho tiempo. Dedicada a su casa, a su jardín, a sus hijos, a su marido y a sus amigas. Es hospitalaria y disfruta de recibir visitas en su casa.

Desde muy pequeña se destacó en las artes plásticas y tuvo la suerte de cruzarse con docentes que la alentaron y motivaron a acrecentar sus talentos. Después del secundario, comenzó a estudiar Bellas Artes pero, a pesar de sus aptitudes, los costos de la carrera eran demasiado altos para poder afrontarlos, por lo que tuvo que abandonarla.

A los 19 años, Nancy Avendaño le propuso llevar adelante una idea ambiciosa pero que definitivamente marcaría el desarrollo artístico de nuestra ciudad: fundar la Casa de la cultura. Junto a Mabel Welter y Lucila Vitale lograron dar vida a este proyecto en el primer edificio de la Casa de la cultura; “muy a pulmón”, como ella misma describe esos inicios. A su vez, había montado su propio taller de cerámica en su casa, donde dictaba clases a niños.

A los 21 años se casó con Daniel, su amor de toda la vida y quien la apoya incondicionalmente en todos sus proyectos y ocurrencias. En ese momento, se mudó a Villa Allende pero asimismo siguió con las actividades de la Casa de la cultura y las de su taller.

En el 2001, mientras la crisis apretaba a nuestro país, ella se atrevió a incursionar con su marido en un ámbito totalmente nuevo, el de la panadería. Así fue como abrieron las puertas de “Panadería Muñoz”, donde ofrecían cosas ricas, dulces y variadas, toda una novedad para nuestra ciudad. A lo largo de diez años le dedicaron muchísimo amor y trabajo a su emprendimiento, el cual les dio muchas recompensas por su esfuerzo, pero como todo ciclo este también llegó a su fin y decidieron cerrarlo.

En el año 2011 se enamoró de la porcelana fría. Entró por curiosidad a un local en el que había visto un muñeco de porcelana fría en la vidriera, preguntó y a la semana siguiente estaba iniciando un curso. De esta manera, despertó nuevamente esa faceta creativa tan marcada en Eugenia que había permanecido dormida por años. Asegura que el mundo de la porcelana es muy vasto, pero ella tiende a la especialización para perfilarse en un área y capacitarse intensamente en ella.

Seminario a seminario se fue perfeccionando. Hace cuatro años dicta clases en el taller que instaló en su casa y ha ido acondicionando para que sus alumnas se sientan cómodas. Destaca lo importante que es para ella la personalización de sus clases para que cada alumna reciba el tiempo y seguimiento que necesita y puedan avanzar en su técnica. Para lo cual, Eugenia planifica las clases de modo tal que los trabajos que realicen sean diferentes año a año e impliquen un desafío y un consiguiente crecimiento para las niñas que asisten a su taller. Hoy tiene 45 alumnas y se siente plenamente reconfortada por el cariño que le demuestran y los progresos que ve en ellas.

Es exigente en su profesión y asume la dirección de su taller con mucho compromiso y responsabilidad. Aspira a dictar nuevos talleres en los próximos meses de diferentes disciplinas con especialistas serios y de renombre. Desea poder brindar la posibilidad de acceder a capacitación de calidad a aquellas que no puedan viajar a Córdoba. Su anhelo es lograr convertir el taller en un espacio de reunión y aprendizaje.

Agradecemos a Eugenia por recibirnos tan cálidamente en su casa, compartir su historia con todas nosotras y visibilizar así la iniciativa de mujeres reales de Monte Cristo en pos del crecimiento y formación de otras.