Sentir preocupación en momentos de inestabilidad económica es natural. Pero si el estado de alerta se instala, puede impactar negativamente en nuestro estado físico, emocional y psíquico. Estrategias para encontrar el bienestar en un contexto difícil.

En tiempos de crisis, la incertidumbre no pide permiso y se instala en muchas personas como un estado persistente. A cada noticia relacionada con el precio del dólar, la inflación y la situación de los mercados, la ansiedad aumenta. Es natural que eso suceda: aunque a veces las noticias nos resulten complejas y difíciles de comprender, el impacto en los bolsillos es indudable y el combo nos enfrenta a la preocupación.

Desde el futuro de nuestros hijos hasta la continuidad de nuestros proyectos de desarrollo personal: las inquietudes varían según el momento vital que estemos atravesando. En este proceso nos puede invadir una sensación de inestabilidad y el miedo, la angustia e incluso la rabia, constituir emociones habituales ante la crisis.

El estrés aparece como una respuesta normal de nuestro cuerpo para adaptarnos ante una situación difícil y desplegar recursos para resolverla. El problema es que, cuando se extiende en el tiempo, puede provocarnos tristeza, crisis de angustia, insomnio, cefaleas o llevarnos al aislamiento social; también, impactar en nuestra autoestima e identidad. El miedo y el estado de enojo con la vida en general, si persisten, nos terminan atrapando en un espiral de preocupaciones. 

En las consultas se hace evidente cómo la preocupación afecta las relaciones de pareja, familia y amistad. El miedo y la angustia pueden generar malos tratos, críticas y reproches con seres queridos. Proyectamos en nuestras relaciones el malestar que sentimos por un contexto amenazante. 

Independientemente de los condicionamientos externos y de la oscilación de nuestra reacción emocional para hacerles frente, existen estrategias que pueden ayudar a minimizar las consecuencias del estrés y desarrollar experiencias que generen bienestar en un contexto difícil. 

Estrategias para sobrellevar la crisis

  • Reconocer qué nos pasa 

Explorar cuáles son nuestras emociones asociadas a la situación. ¿Sentimos miedo, irritabilidad, angustia, tristeza? ¿Desde cuándo? ¿Con qué intensidad? ¿Cuáles son las situaciones desencadenantes? Puede ser útil recurrir a una evaluación profesional para descartar síntomas que respondan a una enfermedad. También, recurrir a un tratamiento psicoterapéutico como espacio de reflexión para afrontar mejor los problemas. 

  • Separar las aguas 

Exponernos a muchas situaciones negativas y de futuro incierto puede resultarnos agobiante. Por eso, es importante entender cuál es el problema a nivel personal y diferenciarlo para cada área: cuál es mi problema a nivel laboral, a nivel personal y a nivel familiar. De lo contrario, podemos terminar rumiando con todo al mismo tiempo y acrecentar la angustia. A veces es bueno escribir relatando los hechos sin adjetivarlos: simplemente describir cómo son, evitando calificativos como “terrible” o “tremendo”. Eso hace que podamos ver los hechos con cierta objetividad y diferenciar lo que sentimos. 

  • Explorar alternativas

Estas situaciones nos llevan a repasar una y otra vez los problemas, pero de forma superficial. La idea va y viene y no se focaliza en resolver la situación en particular. Por eso, intentar planificar ayuda porque, a diferencia de la rumiación, esta tarea tiene un principio y un fin. Si tengo miedo a perder el trabajo, en vez de acostarme y repasar el tema una y otra vez durante la madrugada, me dedico media hora a buscar alternativas, abordando un tema a la vez. 

  • Identificar y registrar nuestras fortalezas

Entender qué recursos tenemos y cómo los podemos usar en situaciones particulares. Nos puede ayudar a focalizarnos no solo en los recursos materiales que tenemos, sino también en los psicológicos, sociales y espirituales. A modo de ejemplo, si yo pienso que soy perseverante, eso que en algunas situaciones puede no ser bueno, en este momento me puede ayudar. Entender cuáles son los recursos externos: quiénes me apoyan, quiénes me contienen, quién me puede ayudar, en quién puedo confiar.

  • Mirar al pasado para fortalecer el presente

Consiste en ponerse en contacto con anteriores situaciones personales difíciles y reconocer cuál fue el proceso por el cual salimos adelante. Reconocer no solo qué recuerdos personales tenemos presentes, sino también las vivencias colectivas de situaciones similares.

  • Evitar la sobreexposición a las noticias

Años atrás teníamos pocas opciones para informarnos. El tiempo de exposición también era más limitado. Hoy nos vemos invadidos desde distintas plataformas con mensajes repetitivos todo el día, dificultando nuestra capacidad de abstracción y procesamiento de esa información.  Si uno tiene un temperamento ansioso y está expuesto todo el día a noticias negativas, el nivel de rumiación -la intensidad y la repetición pensamientos intrusivos que generan angustia- será mayor. Es positivo estar informado, en la medida que regulemos nuestra exposición y elijamos el tipo de contenidos al que queremos acceder. 

  • Buscar apoyo emocional en otros

Es importante evitar el aislamiento social y reunirnos con personas de confianza para hablar sobre lo que nos preocupa. Considerar que es importante que el tema de la conversación no sea siempre el problema personal. Esto puede generar que las personas se cansen y terminen evitando el contacto. Es bueno tener otros temas de conversación para no estar en contacto con emociones negativas.

Puede ayudar también retomar contacto o encontrar grupos espacios de resiliencia comunitaria que ofrezcan contención, resguardo e intercambio. Algunas alternativas pueden ser: organizaciones vecinales, centros comunitarios, grupos de amigos o grupos terapéuticos. 

Es más fácil atravesar la angustia si uno se siente acompañado en este proceso. En estos casos, el tipo de malestar adopta una cualidad diferente. Al no haber exclusivamente una atribución personal y diferenciarse de los factores externos, nos posicionamos frente a la situación de una manera distinta. 

* Por Pablo Hirsch. Médico psiquiatra, especialista en terapia cognitiva conductual, autor del libro Inteligencia para el bienestar (Sudamericana, 2017)

Fuente: Revista Sophia