Muchas veces me llegan consultas sobre ciertas plagas que sufren los frutales presentes en los jardines de muchos hogares.

Lo que sucede es que existen plagas que por más control químico o biológico que le hagamos, encuentran la manera de escapar a éstos y continuar reproduciéndose y afectando a los cultivos de jardín. Un ejemplo de ellas es la mosquita de las frutas, que produce caída de los frutos. La mosquita realiza una picadura en la fruta, muy difícil de notar en el momento, depositando sus huevos en el interior. Cuando las mosquitas nacen provocan una podredumbre en el fruto y este se cae. Luego las larvas  salen del fruto y se alimentan de los restos, pasando su próxima etapa de crecimiento en el suelo, bajo las hojas y frutos muertos para luego convertirse en adultos en este lugar “protegidos”.

Ya te expliqué cómo atacan a tus frutales, ahora… para controlar esta plaga, no solo sirve aplicar un químico, que además debe realizarse en el momento oportuno y al que se le puede escapar parte de la población, sino que también se deben realizar controles con las llamadas “barreras fitosanitarias”.

¿Qué significa esto? Consiste en no dejar pasar frutas de zonas con posible contaminación a zonas “libres de plagas” ya que en los frutos picados se transportan los insectos vivos, y desde allí se multiplican. Por eso cuando viajamos a la zona de cuyo, no suelen dejarnos pasar frutas frescas.

Otra medida que podemos hacer para controlar el ambiente de nuestro huerto es juntar los frutos caídos y enterrarlos en un pozo, que esté cubierto con una malla mosquitera. De esta manera no podrán escapar los adultos cuando salgan de los frutos.

Si no hacemos esto es probable que de un año a otro se nos apesta una planta y no entendemos por qué si la venimos controlando, pues se debe a que estos seres vivos se manejan con total independencia y naturalmente buscarán que sobreviva su especie.