A sus 55 años y con 26 como docente, ella asegura conservar la paciencia para trabajar con los niños. Madre de 3 hijos y abuela reciente, ama lo que hace y a pesar de estar cerca de jubilarse, pone el corazón en cada clase. La seño Itatí, como más se la conoce, charló con Épicas Mujeres y nos dejó muchas enseñanzas para compartirles.

Cuando terminó el secundario el Director de su escuela en Yapeyú (Corrientes) le propuso dar unas horas de educación práctica y psicología, en aquella época no se conseguían maestras suplentes. Aquel maestro ya veía en ella una joven con actitud para desenvolverse en el aula, así nació su interés por la docencia. Luego estudió Profesorado para la Enseñanza Primaria, en 1988 comenzó a trabajar en la Escuela Nº428 San Martín de Yapeyú, se casó con un cordobés y en 1991 se mudó a Monte Cristo, donde consigue una suplencia en la Escuela 25 de Mayo. 

“Luego en 1992 /93 trabajé en la escuela de Capilla de los Remedios, el camino era angosto, tengo muchos recuerdos de aquella época, fue una hermosa experiencia”, nos cuenta con una sonrisa. “Más tarde tomé un cargo en la escuela Candelaria de Malvinas Argentinas y en el año 2001 quedo titular en la otra escuela que es Ciudad de Malvinas, en la segunda sección… allí trabajé varios años hasta que pedí el traslado a Monte Cristo. Había un solo cargo en la escuela 25 de Mayo, ya la conocía así que allí me quedé y sigo trabajando desde 2005. En el 2007 tomo una suplencia en el CENMA, es una modalidad para jóvenes y adultos, ya hace 12 años que trabajo allí.”

¿Me imagino que fue una experiencia muy diferente?

“Sí, muy distinta. Los adultos te cuentan sus problemas, sus penas… yo los escuchaba un ratito y luego les llenaba el pizarrón de cosas y les proponía actividades para aprender y motivarlos. Esa es la manera que encontré para trabajar con adultos durante estos años. En 2010 comencé a dar clases en el Servicio Penitenciario, acá en la Colonia Monte Cristo, dentro del plan FinEs… ese fue un nuevo desafío. Ahí estuve 4 años, hasta que se acabó el plan. Trabajábamos muy bien con las chicas de educación del Servicio Penitenciario, tenía mi aula en la escuelita, la biblioteca, era muy lindo. Jamás me sentí con miedo, al contrario. Siempre me trataron con mucho respeto. Me decían que era una maestra especial, porque enseguida me adaptaba a todo. Nunca me costó adaptarme, trabajé con niños, adultos, luego con los internos…de todas las modalidades aprendí que cuando uno quiere aprender, siempre se puede.”

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

“Ver los frutos… ver a un niño, un joven o un adulto apropiarse de los conocimientos que le van a permitir defenderse en la vida. Eso es lo que más me gratifica, me agrada compartir con ellos, ayudarlos a superar las dificultades. Siempre estoy pendiente del alumno que más dificultades tiene, lo siento adelante, cerca, los atiendo de forma más personalizada.”

¿Alguna vez te enfrentaste a un desafío que no pudiste resolver?

“Acepto siempre los desafíos y me acomodo. Una vez tuve una situación que casi me superó… fue un niño con serias dificultades de hiperactividad, pero poco a poco me hice querer con él… fui cariñosa, le hablaba siempre de las cosas que a él le gustaban y con paciencia fui logrando que trabajara en el cuaderno… el venía y me decía: seño yo te amo mucho (recuerda con una sonrisa) y siempre poníamos los límites claros (se rie).”

Los niños han cambiado mucho en los últimos 30 años, ¿cómo ves este cambio?

“Los niños de ahora vienen con otro chip, ha habido cambios positivos, los niños son muy incentivados en el hogar, escuchan, son escuchados, son niños con mucha estimulación… y tenemos otros chicos que no reciben la atención necesaria, no le miran el cuaderno, no llevan los materiales que necesitan… tenemos los dos casos en el aula. Los papás ahora trabajan más, están desbordados y algunos niños quedan solos. Mis alumnos me cuestionan, me hablan de las noticias, tienen juicio crítico… y son chiquitos. Yo doy primero, segundo y tercer grado. “

¿Cómo te manejas con los niños que tienen más dificultades de aprendizaje?

“Los ayudo, les doy actividades especiales, adecuadas, trato de contenerlos, tenerlos cerca. Cuando les falta alguna cosa se las presto o trato de que se sientan bien… si alguno me dice: seño mi mamá se olvidó la corbata para el acto, enseguida le armo una con papel crepé y listo! Trato de solucionarlo para que ellos no se sientan mal, sí.”

¿Hay muchos conflictos entre los niños?

“Los niños no saben jugar, se ponen la traba, se empujan… antes jugaban, ahora no les interesa los juegos que antes se hacían en los recreos, la rayuela, la soga… el problema es que terminan peleando… no saben compartir. Los niños pasan mucho tiempo solos en sus casas.”

En los últimos tiempos han aparecido las maestras integradoras, que comparten las aulas con las maestras de grado. ¿Cuál ha sido tu experiencia, que pensas al respecto?

“Son una gran ayuda en el aula. Están para ayudar al niño y para ayudarme a mí. Yo aprendo mucho de ellas. No me molestan para nada, al contrario. Siempre nos organizamos muy bien, nos ponemos de acuerdo y trabajamos juntas con tiempo para que ellas puedan hacer las adecuaciones. Los otros niños las quieren como si fueran una maestra más de grado. Es una linda experiencia, tuve dos años a un niño sordo y su maestra integradora, la seño Cristina, me enseñó lenguaje de señas, trabajamos muy bien con este niño…los niños aprendieron a comunicarse a su manera también”

¿Qué es lo que más les cuesta a los niños de ahora?

“Les cuesta mucho concentrarse, creo que se debe a la gran estimulación, por la tele, las computadoras, el celular… sería bueno que aprendan ajedrez en las escuelas, para que aprendan a pensar con calma… los niños no pueden parar.”

¿Gritas mucho en el aula?

“No, no me gusta gritar… si no me escuchan les digo: -bueno yo me quedo acá calladita hasta que me presten atención- ellos me miran un rato y empiezan a hacer silencio. También tenemos un semáforo con caritas… me funciona, son chiquitos. A veces me toca ponerles caritas tristes en el cuaderno y les digo: -cuando llegues a tu casa tenes que contarle al papá y a la mamá porqué la seño te puso una carita triste-.” 

¿Qué consejo le podes dar a las maestras que se están iniciando?

“Que se capaciten continuamente para satisfacer la demanda de las nuevas generaciones, que tengan mucha paciencia porque estos nuevos niños necesitan de nuevas propuestas de enseñanza, que los mantengan motivados para que no se aburran en la escuela.  Les recomiendo que hagan cursos de todo tipo, de ESI, hay muchos problemas por este tema, se debe explicar bien a los papás… es muy importante actualizarse y perfeccionarse, sobre todo en las TICS (nuevas tecnologías) más que nada las maestras que somos más grandes (risas).”

¿Cómo crees que debería ser una maestra ideal?

“Sería aquella que realmente ame la profesión, que escuche, ayude, guíe, que sepa explicar, que sea innovadora, que acepte los cambios, que sea capaz de crear las condiciones para que los alumnos aprendan y construyan su propio conocimiento del mundo que los rodea… para mi esa sería la maestra ideal.

¿Qué les dirías a los padres de estas nuevas generaciones?

“Que estén más atentos, que le miren el cuaderno a sus hijos, que los acompañen en el aprendizaje. En todo el primario es fundamental, en el secundario los podés soltar un poquito más aunque hay que controlarlos, que estudien, los horarios… Yo les aconsejo a las mamás que cuando los chicos llegan de la escuela los dejen un rato tranquilos, que descansen, que almuercen y después sí, que se preparen un mate y se sienten con el niño a ver todos los cuadernos, preguntarle cómo le fue, ver qué tienen de tarea… es un rato y después a jugar. Hay muchos niños que no los miran, las mamás no leen ni los comunicados que mandamos. La escuela necesita de padres comprometidos y los niños también, para asegurar los aprendizajes. Y a las maestras me gustaría dejarles una frase, que me gusta mucho: 

– La enseñanza que deja huellas no es la que se hace de cabeza a cabeza si no la que se hace de corazón a corazón.- 

de Paulo Freire”