Quisimos contar la historia de un grupo de chicas, mujeres, igual que muchas lectoras, pero con una diferencia con la gran mayoría: ellas se atrevieron a soltar. Dejaron atrás la comodidad de sus casas, la protección de su familia, sus estudios, sus trabajos, lo que se suponía estaba correcto para responderse algunas preguntas: y si lo intento qué puede pasar?… que cosas me estoy perdiendo?… que hay del otro lado?… y si no sigo las reglas?. Las mismas preguntas que muchos hombres se hicieron en la historia del mundo, pero pocas mujeres tuvieron permitido hacerse.

Hoy le tocó a Julieta Pucheta, una hermosa mujer de 26 años, que, como muchas de nosotras, ha nacido y crecido dentro de la previsibilidad y seguridad de nuestra ciudad.

Recibida de diseñadora de indumentaria y complementos, con las mejores notas y un futuro interesante, dejó atrás prejuicios y certidumbres para seguir su instinto aventurero. Quizá la vida, un profesor, una amiga, los padres que le tocaron, su destino, o simplemente el haber nacido en este siglo hicieron un cambio en su historia.

Estos fueron algunos de sus primeros diseños de indumentaria.

La aventura comenzó allá por 2012 entre los pasillos de la Ciudad de las Artes, en la Escuela de Artes aplicadas, donde estudiaba junto a su amiga Eugenia. Allí comenzó a gestarse un ambicioso proyecto: “Conocer el mundo”. Después de terminar sus carreras de grado y sin demasiada planificación decidieron trabajar para reunir algo de dinero y lanzarse a la hazaña.

El plan de Eugenia comprendía un viaje por varios años a lo largo de Latinoamérica. Juli la acompañó solo en el primer tramo de su viaje que abarcaba América del Sur. Juntas recorrieron Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, donde se separaron. Juli siguió hasta Venezuela, se quedó allí por 3 meses y decidió regresar a Argentina. Esta primera experiencia duró 11 meses.

Julieta y Eugenia en el viaje que cambiaría sus vidas para siempre

Una vez en casa, y después de lo vivido, supo que quizá vivir en un solo lugar teniendo una vida rutinaria no era lo que deseaba; que quizá viajar, moverse y conocer nuevos lugares sí era para ella. A partir de ese momento su propósito se había convertido en viajar.

Durante los próximos dos años confeccionó vestidos de fiesta a amigas, vecinas y conocidas para juntar dinero. Su emprendimiento comenzaba a prosperar cuando un nuevo proyecto trotamundos se presentó. Junto a Valeria Oietto, su amiga de secundario, emprendieron viaje a Rio de Janeiro, Brasil, llevando a cuestas solo lo necesario.

Ya en el país vecino, recorrieron diferentes costas y se reencontró con Eugenia, quien, a esa altura, estaba viviendo en Buzios, después de haber cruzado el Amazonas en una increíble aventura. El encuentro fue increíble, pero Juli y Vale continuaron por las playas del norte de Brasil hasta llegar a Porto de Galinhas. Una vez allí, Valeria regresó a casa y ella, enamorada de la paz, el mar y de la vida sencilla que llevaban las personas del pequeño lugar, decidió quedarse un tiempo más. Ese tiempo se extendió hasta 2018 y por estos días está iniciando un nuevo emprendimiento: la confección de mantas y bolsos de playa, los cuales se venden en la playa misma y en algunos comercios del centro de esa ciudad.

“Sola no estuve nunca”. A lo largo de su relato, Juli destaca el valor de la amistad, no solo de esos amigos de toda la vida sino también de aquellos amigos de viaje, que en solo una semana pueden convertirse en amigos, consejeros, compañeros. Esta experiencia la hizo madurar y en cada persona que conoció descubrió algo de sí misma, que la hizo sentirse segura, acompañada, alejando todos sus miedos.

Esta experiencia le permitió tener ideas propias sobre el mundo, la naturaleza, la política y la gente a partir de nuevas realidades, personas y costumbres muy diferentes, pero esencialmente iguales a todas.

“Al final, uno puede ver su mundo y su país desde otra perspectiva y sentirse agradecida por cosas tan cotidianas y fundamentales como el agua potable. Después de miles de aventuras y vivencias, después de noches de posadas, hostels, campings y fogatas, después de viajes en camiones, autos y colectivos, siempre el balance fue positivo”. Siempre las experiencias fueron enriquecedoras y eso, según Juli, tiene que ver con la energía que uno le imprime a todo lo que encara.

Hoy ya no se siente una extranjera. Hoy es una ciudadana más de Porto de Galinhas que domina la lengua, que conoce los códigos del lugar y que puede vivir de su trabajo. Esto es algo de lo que Julieta se enorgullece.

No tiene planes a largo plazo. Sólo vive el día a día. En marzo, al concluir la temporada alta de verano, es probable que continúe su viaje a nuevos destinos.

A todas aquellas que estén pensando realizar un viaje, emprender un proyecto, realizar un cambio, Juli aconseja no ponerse trabas. El dinero no es un problema. Más allá del destino, las Sierras o el Caribe, o del tiempo, una semana o meses, lo importante es salir y hacerlo. “Una vez que uno sale, todas las preguntas e incertidumbres se van resolviendo por sí solas”. Dormir en una cama diferente, conocer nuevas personas y formas de vivir o cualquier experiencia que nos permita salir de nuestra zona de confort nos ayudará a abrir nuestra mente y a crecer en todos los sentidos, asegura Juli. “Lo importante es hacer lo que uno siente”.

“Ser mujer no es un límite para nada. Ser mujer y viajar sola no es un peligro, no tiene que dar miedo o dar que hablar mal a todo el mundo. Al contrario, hay que ser muy valiente y tener muchas cosas claras para hacer algo así. […]Esta es una experiencia increíble y lograrlo es algo de lo que uno no se va arrepentir nunca”.

Después de conocer esta historia de viaje en primera persona, que derriba mitos y nos alienta a crecer, a emprender y a descubrirnos, solo podemos agradecerle a Julieta Pucheta por compartirla con nosotras e inspirarnos a seguir nuestro instinto.

Ahora, ¡a buscar la mochila!