Las chicas de Monte Cristo se siguen animando a viajar y a elegir lo que les hace bien y las hace sentir libres. En esta oportunidad, Luisiana Lezcano, de 32 años, nos cuenta su historia de viaje y superación personal.

Su familia es de Tucuman y se vinieron cuando ella tenía apenas 9 años. Le fue muy difícil adaptarse a la nueva provincia, a su tonada, a la escuela.

Logró recibirse de psicopedagoga y acompañante terapéutico, pero en el medio tuvo que enfrentarse a difíciles desafíos. Superó grandes pérdidas, atravesó una relación de pareja tóxica y violenta con un desenlace trágico, sin embargo, e inspirada en los consejos que su padre le dejó y con el apoyo de su familia, consiguió reponerse y estudiar lo que la hacía feliz.

Miedos, paranoias, inseguridades fueron las secuelas de un pasado complejo y doloroso que con Nicolás, su actual pareja, van sanando lentamente. En él encontró un compañero que la animó y la ayudó a salir adelante, la hacía sentir mejor y así comenzó a proyectarse hacia nuevos horizontes.

Su primera experiencia viajera fue a Machu Pichu, fue viaje de turismo, como cualquier otro, sin embargo  abrió un nuevo capítulo en sus vidas. A partir de allí aprovecharon al máximo sus vacaciones para visitar algún lugar y de a poco fueron enamorándose de los viajes. Recorrieron el norte argentino, el sur de Brasil, el sur de Argentina y el sur de chile. Cuatro meses antes comenzaban a planear el viaje, a investigar sobre el destino, y todo el trabajo previo ya era un pasatiempo y disfrute en sí mismo.

Un primo de Nicolás viajó a Nueva Zelanda con su esposa y esa fue una experiencia que los entusiasmó muchísimo. El destino era soñado, pero por cuestiones de papeles y dinero no pudieron concretarlo. Fue un proyecto viajero que quedó latente.

Cuando Luisiana terminó la facultad, decidieron hacer un viaje que cambiaría definitivamente sus vidas. Ambos renunciaron a sus trabajos. Siete meses lejos de casa en los que recorrieron Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, en barco navegaron cuatro días por el Amazonas, Guayanas y bajaron por la costa brasileña hasta volver a nuestro país.

Mediante CouchSurfing, un sistema de intercambio, buenas personas los alojaron en sus casas. Ellos ya habían tenido su experiencia de intercambio cultural en la Argentina. En su casa alojaron a unas chicas peruanas, a brasileños, a ingleses, alemanes, holandeses. “Viajas estando en tu propia casa”, afirma Luisiana. Les cocinaban y ellos cocinaban comidas de su país. Además del intercambio gastronómico, la situación se prestaba para hablar sobre música, educación, política, sociedad.

Cuando volvieron, querían seguir viajando. Pero, por problemas de salud de su mamá, se quedaron a ayudar con la fábrica de pastas y colaboraron para mejorarla, desendeudarse y atraer más clientes.

Ahora, con miras a Nueva Zelanda, con pasajes sacados, están planeando una “work and travel” por un año. Luego de concretar ese viaje que hace tanto sueñan, su plan es conocer el sudeste asiático. Es un aventura que los desafía pero los entusiasma muchísimo. Cada país tiene un idioma y una cultura diferente. Con inspiración en otros viajeros, piensan realizar una lista de 150 palabras clave para poder hablar el idioma e intentar establecer un vínculo con la gente local que les permita tener más oportunidades para relacionarse.

Desde chiquita soñaba con viajar, hojeaba los manuales de geografía soñando con estar ahí. Luisiana hoy cree que viajar le sacó los prejuicios y le abrió el panorama de tal forma que le permitió darse cuenta de la cantidad de personas buenas que hay en el mundo, que son más que las malas, solo que las malas tienen más publicidad.

Muchas personas le han ayudado a lo largo de sus viajes; ella aconseja andar con cuidado, pero no con miedo. “El mundo es demasiado grande, demasiado lindo para que te quedes encerrado en tu casa”.

Todo lo pasado la fortaleció y le da fuerza para hacer mucho más. A pesar de algunos contratiempos, siempre las experiencias de viaje fueron positivas.

Con respecto al futuro, algo que a todos nos preocupa y muchas veces nos paraliza, ella sostiene que su futuro es incierto. ¿Y si después de este viaje quiere seguir viajando? Por lo pronto, tiene algunos destinos en agenda sin embargo, no sabe cómo va a volver de este viaje, por lo que le es muy difícil proyectar.

Sí se pregunta sobre qué hacer en la vejez. Si deciden viajar, ¿en qué momento para? Esa incertidumbre es la que le permite vivir el día a día e intentar ser feliz ahora, mañana se verá.

A Luisiana le encanta que haya mujeres viajando por el mundo porque cree que te libera del sistema impuesto: estudiar, trabajar, tener hijos, esperar toda la vida para ser feliz. Hay un cambio en la forma de ver la vida en las nuevas generaciones que es evidente y se ve en estas chicas viajeras. Viajar significa despojarse de lo material, no postergar la posibilidad de ser feliz con poco, no esperar momentos porque hoy se puede ser feliz.

Con respecto a la maternidad, su elección de vida no incluye un hijo. Piensan que algún día quizá lo tendrán y, si no se da, no está mal. No lo ven como una obligación, es una elección.

Luisiana piensa que, en una ciudad tradicional como la nuestra, la mujer está cambiando. Hay nuevas mujeres que vienen con otra perspectiva sobre la vida, que no están dispuestas a reproducir modelos, que se animan a salir de ese mandato y van dejando el machismo atrás. Están cambiando las mujeres y están cambiando a los hombres. Las anima a hacer lo que quieren, a soñar, a ser felices con lo que tienen y no postergar. Y si pueden viajar, que lo hagan porque es una experiencia que te abre la cabeza.

Conocé más del viaje de Luisiana y Nico en su blog: altoviajeblog.wordpress.com/