Ella es Camila Torrazza, una joven de 20 años que vive en Monte Cristo. Mientras cursaba el secundario comenzó vendiendo piezas de porcelana que aprendió a hacer en un taller junto a su tía. Tiene una personalidad inquieta, siempre la tuvo, por eso, en medio de una charla familiar, su papá le sugirió hacer un curso de peluquería. Se recibió antes de terminar el secundario y comenzó a atender a familiares y amigos en el quincho de su casa.

Lo que más le gustaba eran los cortes, así que se perfeccionó en barbería y como los clientes empezaron a aumentar su papá decidió modificar su casa para darle un espacio propio. Cami, que siempre fue muy responsable de sus cosas, trabajó unos meses en la panadería de sus tíos para juntar unos pesos, así compró el mobiliario y las máquinas para montar su propio local.

Y eso no es todo, porque además de trabajar en su propia barbería, Cami estudia diseño gráfico en la UNC. Cursa todos los días por la tarde y el tiempo libre investiga nuevas técnicas y herramientas para perfeccionar sus cortes.

Camila vive con su familia, su papá Gustavo, su mamá Silvina y su hermano Enzo (17). Es tímida al principio, pero a la vez muy decidida, simpática y súper amable. Se desenvuelve muy bien con sus clientes, para atenderlos y organizarse, aunque a veces confiesa que mucha gente mirándola la ponen nerviosa. No le gusta mucho hacer las cosas de la casa, pero su mamá la acostumbró a ser independiente y hacerse cargo de todas sus tareas. “En casa cada uno tiene su tarea y nos vamos turnando entre todos”.

Trabaja durante la semana en horarios acotados por su estudio, sus clientes ya lo saben y coordinan para pedir sus turnos los fines de semana. El sábado trabaja todo el día, hasta tarde, pero se guarda un poco de energía para salir con su novio.

Tiene clientes desde 1 añito, el más pequeño, hasta hombres mayores, como sus abuelos y tíos. Los más grandes son más clásicos, prefieren un número de máquina o corte con tijera. Incluso algunos llegan con miedo, haciendo chistes del tipo “no me vas a dejar pelado, no?”. Los más jóvenes piden cosas raras, dibujos y detalles. Es importante tener la mano ligera porque el trabajo es casi artístico. A ella le ayuda su capacidad para dibujar.

Se lleva muy bien con sus clientes, logra empatía enseguida y se siente cómoda trabajando con varones ya que son trabajos rápidos y más dinámicos, como es ella.  Tiene un grupo de clientes de Piquillín que vienen siempre, se retocan casi todas las semanas. Los chicos de ahora son coquetos, les gusta estar siempre arreglados, muy prolijos y con toda la onda. Otros clientes son más tímidos pero Cami los invita que vayan con sus novias o algún amigo para que se sientan mejor, en eso no tiene “drama”.

Su barbería aún no tiene un nombre definitivo, pero ya está trabajando con un compañero de la facu en un logo y así poder poner cartel para promocionarse mejor.

Su papá le enseñó  a administrarse en el negocio, a manejar sus ingresos y egresos para que sea rentable y pueda tener dinero para reinvertir lo necesario: service para las máquinas, insumos, etc. Su abuela y su mamá también aportaron cosas y toda su familia la ayuda con sus consejos e ideas.

Sus papás la apoyan pero siempre le piden que estudie y se esfuerce. Su papá le habla y la aconseja, marcándole los errores y ayudándola a progresar. Él no está mucho en casa, por su trabajo, pero es un papá muy presente y atento con ella y su hermano. Cami reconoce que tiene un carácter polvorita, igual que su papá y a veces siente que él la vive retando, pero sabe que tiene razón y valora mucho su apoyo. Para ella su papá es todo, es su guía y quien la baja a tierra cuando hace falta.

Aún es muy joven pero tiene muchas ganas de hacer cosas y ya se adelantó mucho a las chicas de su edad. Nos encantó conocerla porque es un ejemplo de joven comprometida y responsable. Una pequeña emprendedora!!!!

Podes seguirla en sus redes: Instagram: camiiitorrazza