La medicina llego a su vida desde muy temprana edad en Catamarca cuando acompañaba a su padre a visitar pacientes en la zona rural. La obstetricia le ha dado muchas satisfacciones como también momentos muy difíciles los que le dejaron grandes enseñanzas.

Madre de Leandro (22), María Lourdes (18) y María Victoria (14) está casada hace 22 años con Fabián Videla médico cardiólogo y reconocido profesional. Se especializó en toco ginecología, trabaja en la Maternidad Provincial y además tiene su consultorio particular en Monte Cristo.

Los adolescentes son el futuro por el cual apuesta y un desafío permanente en su consultorio. Armoniza el aspecto humano y el científico para llegar a sus pacientes con la experiencia y la solidez de 15 años en ejercicio de la profesión. Hoy, a los 45 años disfruta plenamente de su familia, amigos y siente la profesión a flor de piel.

¨Épicas Mujeres¨ charló con CAROLINA CASTILLO quien nos recibió en la calidez de su hogar para compartir vivencias, miedos y aprendizajes  de una profesional que tiene un rol muy importante como necesario en nuestra sociedad.

-Cómo te iniciaste en la medicina?

El único antecedente que tengo en mi familia es mi Papá, que es médico rural. Lo acompañaba a mi padre a visitar a pacientes. En esa época tenía 10 o 12 años.

Mi Papá actualmente es médico tiene 77 años vive en Catamarca y a la profesión la lleva en el corazón.

.¿Hace cuánto que sos médica?

Hace 17 años, me recibí el 7  diciembre de 1995, después me quedé acá en Monte Cristo y me casé.

-¿Por qué elegiste Monte Cristo para vivir con tu familia?

Principalmente porque lo conocí a Fabián. A él lo conocí como estudiantes en el Hospital Tránsito en una guardia. Cuando decidimos casarnos a él le faltaba muy poquito  para recibirse la opción era vivir en Córdoba o Monte Cristo y decidimos venir a Monte Cristo. Me pareció una linda opción, me gustaba estar cerca de la ciudad y como Fabián tiene una familia muy pequeña su Mamá sola, recién fallecía su papá, fueron como muchas cosas que conspiraron para que nos quedáramos acá. Empecé a trabajar aquí en el Dispensario Municipal  y también al mismo tiempo en Córdoba y me fue atrapando el pueblo. Lo fui haciendo parte mía, empezaron a nacer mis hijos y ellos empezaron a tener su vida aquí. Esas cosas te van anclando en un lugar y la verdad que yo cuando empiezo a echar raíces me cuesta dejar ese lugar porque me siento cómoda.

-¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

Y yo soy tocoginecóloga, soy obstetra entonces el parto es algo muy importante. Controlar un embarazo desde su inicio y llevar todo el control realmente es algo que te va atrapando y a pesar que las pacientes no son parientes o conocidas vas entablando una relación distinta con cada una, cada paciente es distinta y cada embarazo es distinto. Hay situaciones muy lindas con finales felices y también me ha tocado vivir finales no felices.

-¿Cómo enfrentas esas situaciones complicadas en tu profesión?

La facultad de medicina no me enseñó a enfrentar estas situaciones o hacer diagnósticos y comunicárselos a un paciente. La empatía que vos vas desarrollando con el paciente es muy importante, la relación de confianza, el vínculo que vas creando para que después los diagnósticos no sean tan chocantes. El parto es lo más lindo, lo más bello que puede pasar. Estás dando vida, estás dando una alegría y esa persona te está permitiendo compartir con vos el momento más importante de su vida.

-¿La ginecología infanto juvenil es a lo que más te dedicas?

Su familia: Fabián, María Lourdes, María Victoria y Leandro

Me gusta trabajar más con los adolescentes. Son como dos etapas, trabajo con dos grupos lo que es control de embarazo y su finalización; y los adolescentes. La adolescente te brinda tanto, es un desafío permanentemente. Trabajo en lugares distintos también, en mi consultorio aquí en Monte Cristo que es privado y trabajo en la Maternidad Provincial con otra realidad muy diferente. Uno se vuelve con una carga emocional terrible.

Cómo haces para que esa carga no llegue o no te afecte en tu vida personal, familiar?

Hay que agradecer mucho a la familia que te banca, es la manera de superar momentos difíciles. Yo creo que siempre, desde el lugar de la medicina, hay alguna forma de colaborar. Trabajo con un grupo muy lindo de profesionales en la Maternidad Provincial y es muy importante por la problemática social que viven los adolescentes en la actualidad, que debemos contener como médicos y como seres humanos.

-¿Cómo ves a la mujer actual que pasa por tu consultorio?

Desde la salud y desde el control está tomando conciencia y yo creo que mi función como médica es la prevención. El adolescente es con quien uno puede trabajar más, porque le explicas y le queda. Por ahí las mujeres adultas tienen ciertos mitos o prejuicios que son difíciles de derribar. Pero la mujer actual está tomando más conciencia de su salud está derribando paradigmas y cambiando mitos es una cuestión de tiempo. Gracias a Dios la medicina y la tecnología han ido cambiando.

-¿Cuál es la edad apropiada para llevar a una niña a la consulta?

Yo estoy viendo a pacientes a partir de los 10 u 11 años, la consulta va a depender del crecimiento y desarrollo. Por ahí tienes consultas porque a la mamá algo le preocupa o nota algo en el crecimiento de su hija que le llama la atención. Y a veces la mamá únicamente quiere llevarla para que conozca el consultorio y tenga un primer control, más como pediatra que como ginecóloga, en donde lo que hago es preguntar antecedentes, pesarla, medirla, hacer prevención y promoción, enseñar pautas de alimentación. No es únicamente ginecológico, yo creo que hay que espantar lo mitos de que voy únicamente a revisar. Por ahí es tan rica la consulta, es tanta la información que te pueden dar y tanto lo que se puede trabajar con ese adolescente y si vos le das información eso va ir multiplicándose.

-¿Es difícil llegar a los adolescentes a lograr la confianza vital para el trabajo del profesional

Hay que crear el vínculo y por ahí no se logra en una consulta. Para lograr esto, para que después me cuente o me consulte, tengo que lograr la confianza y la empatía para que, llegado el momento, recurra a mí o a quien ocupe mi rol.

-¿En tu rol de madre como lo has compatibilizado con tu profesión, con tus obligaciones?

Mi formación la hice ya con mi hijo Leandro, yo ya había comenzado mi residencia y antes de finalizar la residencia tuve a María Lourdes o sea que ellos vivieron todo mi crecimiento desde lo profesional al igual que mi esposo. Ellos han vivido esta parte de la formación con ausencias y presencias. Tratamos siempre con Fabián de no estar los dos de guardia al mismo tiempo, siempre en casa había uno de los dos. Mi suegra, Amanda, prestó una colaboración impresionante de lunes a viernes niñera a full time por la mañana y por las noches alguno de nosotros en casa. Los dos chicos más grandes, que eligieron nuestras mismas carreras, conocen esto, que son muchos años de estudio, las especializaciones, guardias, eso me deja tranquila también al saber que eligen una carrera que saben de qué se trata. Y también si la eligen es porque han visto unos padres felices, a pesar de que muchos de nuestros días son cansadores o terribles. Nos han visto en los momentos buenos y en  los de angustia o de cansancio pero han visto que somos felices con lo que hacemos. Yo soy muy feliz con lo que hago. No sé si les daba a mis hijos la cantidad de horas necesarias, pero la calidad trataba de que sea buena hasta el día de hoy.

-¿Qué momentos te han marcado en tus 45 años?

Primero, los tres nacimientos de mis hijos, los más lindos. Lo otro que me marcó muchísimo fue una cirugía grande que tiene Lourdes en la espalda de una escoliosis. Cuando me sucedió me costó aceptar la enfermedad que comenzó siendo control, su tratamiento no funcionó y su escoliosis seguía incrementándose hasta que en un momento me dijeron que había que operar eso significada colocar una prótesis en la espalda y rectificar su columna. Como médica se me potenciaron todos los miedos porque uno conoce todos los riesgos que hay. Yo lo iba viviendo como en una película y  me iba a despertar de esto en algún momento e iba a ser una cosa que no me tocaba vivirla a mí. Cuando el médico me decía que era el uno por ciento de la patología yo aprendí que el uno en el caso mío era el cien por ciento. Y aprendí a no hablarles de porcentajes a mis pacientes. Lo viví muy traumático pero la cirugía finalmente fue muy exitosa.

Otro momento que me marcó fue apenas recibida como obstetra tuve un evento, cuando se muere un bebé en la panza de su madre, si bien no fui la responsable, pero sentí que era mía la responsabilidad sin serla. Eso me chocó, me frustró de tal forma que quise irme de Monte Cristo. Fue mi primera situación dura en la especialidad. Los años, no sé si me han hecho más sabia, pero, me han dado más experiencia. Los cimbronazos hoy si bien son los mismos pero uno ya los maneja de otra forma.

– ¿La cirugía de tu hija hizo un quiebre en la forma de relacionarte con tus pacientes?

Y yo creo que sí, eso fue muy importante. Al paciente le importa lo que está viviendo ahora. Lo que uno trata de brindarle la contención para que tenga confianza y yo la recibí como paciente.

Uno se pone desde un lugar donde decís voy a dar todo lo que tengo porque a alguien le puedo ser útil. Si voy a brindar algo me tengo que perfeccionar. Así como alguien lo hizo por mi hija.

-El rol de médico tiene una función muy importante, tal vez la más pesada de todas porque tienes la responsabilidad de salvar vidas.

Es un peso muy importante encima de tus hombros. No es una sola persona sino el paciente con su familia. Una gran parte curamos con la ciencia y la otra con escuchar. Esa parte también la viví con mi Papá, él iba a hablar al lado de la cama del paciente. Y con Fabián me pasa algo parecido. Creo que mientras le des contención y confidencialidad eso ayuda mucho, en especial en los tratamientos, porque el paciente siente confianza en lo que le estas dando. No hay que ocultar información, lo importante es que el paciente colabore.

-¿Tus hobby o actividades que te gusten hacer?

Yo creo que me he concretado desde lo profesional y sigo teniendo metas por cumplir. Me gusta hacer deportes. Salgo en bici, lo que ayuda a liberar adrenalina. Me encanta también la repostería es un cable a tierra, lo hago por placer para mimar a la familia. Tengo tiempos muy justos muchas horas dedicadas a la profesión y las restantes a la familia.

-¿Sentís culpa de tus ausencias en la familia?

No, porque después trataba de recuperar el tiempo. En vacaciones, en lo que yo podía. Si hubiese sentido culpa tal vez no sería tan feliz en mi profesión. Me parece que pude lograr el equilibrio.

-¿El hecho que estés casada con un médico te ha beneficiado en tu relación al entender la profesión?

Sí, porque te entiende mucho. En el tema de los tiempos y las ausencias. Hablas el mismo idioma y tratas de compatibilizar. A pesar de que nuestras especialidades son distintas si ayuda porque entiende tu posición.

-¿Te ves en otro rol que no sea el de médica?

No, creo que no. Cuando elegí esto no me plantee ninguna otra posibilidad que no sea la medicina. Nunca dudé de la medicina.

-¿Estás enamorada de tu marido como la primera vez?

Si, lo volvería a elegir todas las veces. Hemos tenido como toda pareja nuestras discrepancias porque los dos somos de armas llevar, pero sí lo volvería a elegir a Videla, yo le digo así cariñosamente.

-Nos dejarías un mensaje desde tu rol de profesional de la medicina para nuestros lectores

Yo creo que la mujer de este siglo está cambiando, está perdiendo ciertos mitos y con eso se están viendo otros resultados porque está accediendo más al control y se está llegando a la cura de distintas enfermedades. Desde mi función de tocoginecóloga mi consejo es que sigan asistiendo a los controles y para el adolescente decirle que siempre tiene un consultorio abierto para cualquier necesidad que tenga.

La actitud es siempre para adelante, yo soy muy positiva, le pongo todas las pilas a las nuevas generaciones.