Desde los 5 años se imaginaba recibida de médica, un poco por tradiciones familiares y otro poco por una clara convicción de ayudar a los demás, pero la vida nos va llevando por rumbos inesperados. Ese fue el caso de Alicia, que nació en el interior, le tocó mudarse varias veces, pasó por diferentes situaciones en la vida, hasta que una crisis profunda la hizo descubrir un talento dormido y hoy se anima a codearse con artistas plásticos de diferentes lugares, incluso a soñar con vender sus obras del otro lado del planeta.

Con una personalidad sencilla, amistosa y sin ánimo de hacerse notar, Alicia lleva 20 años viviendo del arte, sin haberlo planificado. En 2018 recorrió varios encuentros de pintura llevándose premios y muchas satisfacciones, empujada por las ganas de su hija, que es su principal “fan”. Nunca antes lo había hecho, quizá por no tener las motivaciones suficientes, quizá porque no era el momento.

Cuando terminó el secundario quiso estudiar medicina pero su analítico tardaría unos años en llegar, así que se inscribió en un profesorado de dibujo, pintura y cerámica que le valió para tener su primer título. Entre medio se casó y tuvo a su única hija Agustina. Fueron tiempos de idas y venidas, cambios y crisis. Cuando por fin obtuvo su título secundario la carrera de medicina sería difícil de llevar, así que ingresó a la facultad de Agronomía, con la fiel convicción de vivir del campo y su amor por la naturaleza. Con su hija chiquita, recién separada y sus ingresos reducidos pudo cursar sólo hasta tercer año. En el peor momento de su crisis, allá por el año 2000, una amiga (Lorena) se dispuso a darle una mano y le propuso vender unos baúles de madera decorados. Allí consiguió sus primeros ingresos generados por la pintura y fue convocada para dar clases en los talleres de La Casa de la Cultura. Llegó a tener 16 alumnitos en una misma mesa, fue una época muy gratificante.

Nunca más dejó la docencia, sus talleres crecieron y decidió llevarlos a su casa. Sin darse cuenta el arte se convirtió en su principal ingreso y el sustento para ella y su hija. Hoy tiene 2 grupos de alumnas de pintura, uno en Monte Cristo y otro en Piquillín. Son todas mujeres desde 30 a 70 años. Muchas de ellas la acompañan hace 19 años, otras ya no están. “En las clases estamos todas juntas durante 3 ó 4 horas, pero cada una tiene su ritmo y me voy ajustando a sus necesidades. Yo las guío en las técnicas y trato que cada una siga su propio estilo” Se emociona al darse cuenta que comparte sus vidas, sus preocupaciones, sus mejores momentos pero también aquellos donde las manos tiemblan y la memoria empieza a fallar.

Según ella misma cuenta, sus clases son una terapia para el alma, las alumnas llegan buscando aliviar sus penas y en sus clases encuentran una forma de expresarse, un oído que las escuche y un grupo de contención.

Su trabajo es tan silencioso y generoso que prácticamente no sale de las paredes de su casa. Los primeros cuadros se los vendió a su tío, apenas los vio los quiso comprar. Poco a poco fueron surgiendo nuevas posibilidades ligadas al arte. Ahora su hija, que creció entre pinceles y cuadros ya transita sus estudios universitarios y empezó a animarla para que salga a mostrar su talento.

El primer encuentro de pintores al que se animó a participar fue en Monte Cristo, hace unos años, allí obtuvo el segundo premio, pero recién el año pasado volvió a participar de un encuentro de pintores, esta vez en San Marcos Sierra donde obtuvo una mención especial. Más tarde, participaría en el encuentro de Los Reartes, éste convoca artistas de todo el país, no obtuvo ningún premio, pero la experiencia la llenó de energía, tanto, que se animó a participar del encuentro en Colonia Caroya, donde obtuvo una doble satisfacción: El tercer premio en una de sus obras, la más pequeña y a la otra obra se la compró el dueño de la bodega que pintó en el cuadro.

De estas experiencias surgieron muchos contactos y conexiones que le permitieron exponer sus obras en galerías de arte de Córdoba y tiene invitaciones para exposiciones en Buenos Aires también.

Este año aún no ha participado de ningún encuentro, algunas cuestiones personales le impidieron enfrentar el desafío, pero ya está contando con la posibilidad de aceptar una invitación  para enviar sus obras a una muestra de artistas de todo el mundo en el Museo de Louvre (Paris). Allí una delegación de Buenos Aires lleva cuadros de diferentes artistas y es una oportunidad única de hacerse conocer por admiradores del arte de todos los puntos del planeta. El año pasado casi lo consigue, de hecho hizo un cuadro pensando en enviarlo (la niña de Jujuy) sin embargo no se pudo. Seguramente el año que viene lo consiga.

Hoy transcurre su vida entre sus clases y los trabajos por encargo, cada tanto un encuentro, o un curso por hacer, su personalidad multifacética la convirtió en “radioaficionada” y también en “navegante de rally” el saber y la aventura siempre tienen un espacio en su vida. El año pasado inició un curso de Paramédico y no descarta intentar completar su primer sueño, el de ser médica.

El Arte para Alicia es como esos amores que llegan despacio, que te salvan la vida, que se van haciendo fuertes muy de a poco, que te acompañan sin pedir nada a cambio, que no te sofocan, que son libres y no temes perderlos… el arte para Alicia es amor del bueno.

Podés conocer más sobre su obra en la Fanpage: Alicia Martini artista plástica