En estos 45 años sus experiencias le enseñaron a obtener de cada momento una enseñanza para ver la vida en positivo y siempre tener la esperanza de que lo mejor está por llegar. A los 3 años por decisión materna la danza entro en su cuerpo y desde ese momento no salió nunca más. El baile la salva y la consagra, la moviliza y la estremece, le da la vida y la completa.

Estuvo en la cúspide del éxito como también padeció estar en lo más bajo y empezar de cero sin nada una y otra vez, aprendió a redimirse de las heridas más profundas y levantarse para continuar por sus hijas, por la familia.

Su vida personal y artística es tan intensa que por momentos parece extraída de una película. Un accidente de tránsito le arrebató a su hijo de 4 años.  Se consagró al recibir un premio “Carlos” al mejor espectáculo infantil en 2010 en Villa Carlos Paz. Padeció la desilusión del amor que la llevó a divorciarse. Cuando menos lo esperaba fue elegida para crear y dirigir en Monte Cristo el Ballet Municipal y posteriormente la designaron a cargo de la Dirección de la Cultura Municipal. En un momento tan importante en su faceta artística le diagnosticaron cáncer…sin dudas una vertiginosa vida en el límite del sufrimiento o en la felicidad absoluta pero siempre dispuesta a dar lo mejor de sí porque no concibe vivir de otra manera.

Madre de Rocío y Lara y abuela de la hermosa Emma a quien considera su transcendencia,  hoy está en pareja con Walter con quién apostó nuevamente por el amor logrando la armonía de una familia ensamblada.

Por su cuerpo corre sangre india y española lo que la convierte en una mujer aguerrida, impulsiva, libre y soñadora. Supo enfrentar los desafíos de su baja estatura capitalizándolos a su favor y convirtiéndolo en posibilidad de éxito.

Su historia de vida es tan rica y poderosa, pero a la vez tan emotiva y fuerte. “Épicas Mujeres” entrevistó a Roxana Mariela Prieto y parte de esa extensa charla te la contamos a continuación compartiendo con Uds nuestros lectores la vida y obra de una mujer tan intensa como profunda con una sencillez y humildad que deslumbran contagiando su postura optimista frente a la vida.

-¿Cómo te iniciaste en la danza?

Como la mayoría de las nenas de mi generación mi Mamá me llevo a una de las 5 o 6 academias que había en ese momento. Yo tenía 3 años y mi mamá tenía 20 años. Mi Papá era empleado, no tenía el gran sueldo por lo que mi mamá juntaba moneditas para pagar la cuota. Yo tomaba dos colectivos para ir y otros dos para volver del estudio de Piruja Montoya. Nos mudamos de casa cuando yo tenía 5 años y seguí con la misma rutina.

-¿Incorporaste la danza a tu rutina de vida?

Totalmente, con el sacrificio que eso implicaba. En mi familia hay un mandato: “lo que empiezas lo terminas” En el estudio de Piruja Montoya nosotros hacíamos clásico por un lado y danzas españolas emparentadas. En mi caso yo vengo de familia muy española por la parte de mi Papá, muy andaluces como mi tía Lola que ha vivido con nosotros toda la vida. Y por el otro lado tengo ascendencia india tengo una mezcla importante.

-¿La danza clásica fue muy fuerte desde el comienzo?

A mí me gustaba el clásico y de hecho ya llevaba 7 u 8 años estudiando clásico emparentado con el español. Cuando se dividen estas dos danzas me quedé haciendo español pero siempre tuve la veta del clásico. Y cuando descubrí el flamenco que sería equiparando en Argentina como nuestro tango me enamoré. Cuando me recibí de profesora tenía 17 años.

-¿Qué te dio la danza?

Para la vida diaria me dio la disciplina, el respeto por el espacio del otro, la tolerancia, saber esperar porque vos para bailar tienes que saber esperar tu turno, la música. Esto ha sido un ejercicio de aprender permanente.

-¿Qué querías ser con la danza?

Yo quería ser maestra de danza, no tenía idea lo que era ser bailarina profesional para mí no existía. Cuando yo estaba en 5to año me tocaba mi viaje de estudio y mi cena de egresada entonces yo cambié esas dos cosas por un estudio de danza. Es decir que era una decisión realmente tomada. Con la danza he comido, he vivido bien y he pasado hambre. He estado muy muy arriba y muy muy abajo. Y ahora estoy donde quiero estar. Y si tuviera que pasar por todo lo que pase para llegar a hoy y lo volvería a pasar . Cuando miro para atrás digo “cuánto que hice con tan poco”.

-¿Quisiste cumplir con el mandato familiar de estudiar otra cosa?

Intenté entrar al profesorado de Educación física para tener un título con validez oficial para cumplir con mi mamá y me rebotaron por la estatura. Esto era lo más parecido de lo que existía a lo que yo hacía. Era chica en ese momento tendría unos 19 años.

-¿Y qué hiciste cuándo terminaste el secundario?

Terminé el secundario y puse el estudio de danza y empecé a estudiar en aquella época gimnasia aeróbica, hice un instructorado durante un año y al año siguiente intento lo del I.p.e.f. Yo daba clases con una amiga. No nos iba mal pero no podíamos vivir de eso. Cuando no puedo entrar al profesorado de Educación Física ( I.p.e.f.) había leído sobre el profesorado de filosofía en el diario- todos los días leía el diario-  siempre he sido de leer mucho entonces dije me anoto en este profesorado. La idea era conformar a mi Mamá. Vuelvo del Ipef y voy a buscar el recorte porque tenía todo listo para anotarme cuando leo debajo de ese recorte que decía en el diario: audición para “Frutillita y los Ositos Cariñosos”ese mismo día a las cinco de la tarde en el teatro de la Ciudad. Recogí las dos cosas, agarré el analítico, el bolso y me fui.

-¿Fue tu primera audición?

Nunca en mi vida había hecho una audición no sabía de qué se trataba. Empecé a ver mujeres esbeltas, con tacos, pintadas, con mayas y yo pensaba que en el bolso tenía mi cancancito, mi mayita negra, mi rodetero y zapatillas de media punta no tenía zapatos con taco pero ya estaba ahí así que me quedé. La condición era bailarines con disponibilidad full time para una franja horaria y por 3 meses con ensayo de 8 hs diarias durante 15 días y después las funciones de martes a domingos. Se seleccionaba una chica y tres varones y éramos 40 chicas y 10 varones. Pensé que tenía cero probabilidades de quedar a esta altura ya estaba jugada… Y yo fui quedando hasta que éramos 10 de esos quedamos 3 y finalmente me llamaron.

-¿Cómo tomo tu familia esto?

Fui a ensayar y me enamore de la comedia musical, imagínate como llegue a mi casa con toda la felicidad. Les empiezo a explicar a mis padres, mi Mamá me dijo “vos no vas a ir” yo dije “Sí voy a ir”. Entonces mi Papá al ver que yo estaba muy ilusionada dijo voy a ver como es el ambiente y voy a firmar. Mis padres trabajaban en ese momento en el comedor de Astori entraban a las 4 de la mañana y salían a las 5 de la tarde. Y recuerdo que mi contrato eran 3 sueldos de mi Mamá. Con lo que yo trabajé en un año y medio junte para comprarme mi casa con la ayuda de mi Papá.

-¿Qué significo ser la protagonista de una obra infantil?

Un comienzo brillante. La obra se trasladó al teatro Comedia y cada vez que entraba al teatro el perfume, el olor al escenario, a las telas colgadas, del spray del cabello y que me dijeran que iba a ir todos los días a trabajar a ese teatro era irreal. Así que yo llegaba feliz de la vida. Allí era feliz. Hice un círculo de amistades sobre todo con los técnicos y con el entorno del teatro, no con los artistas porque son muy competitivos y yo venía virgen de todo eso. Asi que aprendí como acomodar las luces, cuáles son las luces para cada cosa, que tener en cuenta para los sonidos. Todo sobre la parte del atrás del teatro eso me encantaba. También vi mucho detrás del escenario que no me gustó pero cada artista elige como quiere ser, entonces había cosas a las que yo no estaba dispuesta a ceder.

-¿Tuviste espacio para el amor?

Me puse de novia con un profesor de danzas que me alentaba a seguir en la carrera pero también no acompañaba si yo decidía irme, él me decía que vaya pero no me acompañaba. Me casé con él y tuve mis tres hijos me vine a vivir a mi casa que había comprado pero que nunca había usado.

-¿Te casaste enamorada?

Muy enamorada. Y me divorcié porque era obligación no porque deje de amar. Eso fue muy duro y sorpresivo para mí. Yo venía de perder un hijo y en ese momento dijimos que íbamos a intentar salir de eso juntos pero cada cual pudo resolverlo a su manera. La pérdida de nuestro hijo no fue el motivo de la separación. Posterior al accidente de mi hijo yo pierdo un embarazo avanzado, ese fue mi quiebre total.

-¿Cómo descubriste la docencia?

En mi casa son todos bailarines no sé si por elección o por no opción. Yo descubrí ahí mi veta docente a mí me pagaban con monedas de cincuenta centavos, con pan casero, con huevo fresco con lo que traía mi alumno y todo era útil porque yo tenía que darle de comer a mi familia. Y entonces pase de estudiar en una escuela top de danza a dar clases de danza en un patio de tierra que me prestaban.

-¿Qué significo eso para vos?

Darme cuenta que la danza es para todos y que no tiene límites y que no necesitas ser una estrella que sólo tienes que hacer brillar el lugar en donde estás. Cuando me casé con José, él bailaba folclore y ese fue mi primer contacto con el folclore.

-¿La danza te salvo?

La danza me ha salvado la vida muchas veces. Con mi hijo Uriel que falleció en febrero ya en marzo tenía la tropa de alumnos que me preguntaban cuando empezamos. Y fueron mi sostén, mi acompañamiento y el de mi hija Rocío que fue testigo principal del accidente por el cual muere su hermano y en ese momento tenía 6 años. Fue un accidente de tránsito, estaban por cruzar la calle y un auto por esquivar un pozo se lo arranco a Uriel casi de las manos a Rocío. Pude tener en ese momento la capacidad de desviar la atención a Rocío y no al dolor del muerto. Al muerto lo tengo yo acá adentro para mí, Rocío necesitaba una Mamá completa. Y estos compañeritos, vecinos de danza fueron sus hermanitos. Los que la ayudaron nunca la dejaron sola. Esos 10 días que tuvo el en el Hospital de Niños yo tenía entre 30 y 40 personas 24hs del día acompañándome. Nunca estuve sola. Y tenía que estar bien porque ellos no me dejaron caer.

-¿Pudiste hacer tu duelo?

Sí, porque en el servicio de salud mental del Hospital de Niños inmediatamente Uriel entró nos apartaron y nos empezaron a contener a nosotros como padres y a Rocío como hermana y testigo. Eso nos ayudó un montón. Uriel tenía 4 años cuando murió con él aprendí mucho como Mamá. Tuve esa oportunidad y la agradezco y también agradezco haber aprendido lo que aprendí. Uno no puede pensar en la muerte como en el final, la muerte es la única certeza que tenemos cuando nacemos, es lo único que sabemos. Nacemos y sabemos que nos vamos a morir lo demás lo aprendemos. Si bien me encantaría tener mi muchacho que hoy tendría 21 años pero no está. He podido superar el dolor, yo recuerdo con mucha alegría entonces lo que recuerdo es la parte feliz y lo que aprendí de la tristeza que uno puede sentirse triste pero no puedes dolerte toda la vida porque que hubiera sido de la vida de Rocío, mi hija perdió la sonrisa en ese momento hasta que ella fue madre y creo que eso fue más duro que la muerte de Uriel. Tener un niño que no es feliz es muy duro. Y ha sido la danza un vínculo para nosotras. Es simbiótico y cuando nació su hermana Lara, que es nuestra niña “Arco Iris”porque los niños que nacen después de la muerte de un hermanito se llaman así porque pintan de colores otra vez. Entonces Larita fue la niña mimada, el nuevo motor entonces nos enfocamos en ella.

Sus hijas: Lara y Rocío

-¿Qué es la danza?

Es mi forma de vivir. Cuando mi marido se va, fue algo cruel y como él era mi bailarín al irse se lleva mi mitad, se fue mi compañero de baile. Y dije no bailo más y allí apareció Monte Cristo.

Una de las cosas que sucede en la danza es que siempre tienes que empezar de cero. Hoy tienes 50 alumnos mañana tienes 10. Hasta que te acostumbras en empezar de nuevo.

-¿Cómo llegaste a Monte Cristo?

Al poco tiempo que me divorcio me llaman para asistir a la profesora de gimnasia rítmica de Monte Cristo con la técnica clásica era el año 2011. Un día la profesora de gimnasia rítmica no puede venir y me pregunta si me puedo hacer cargo de su clase le dije que sí, pero les di una clase de danza, eso fue unos 3 o 4 meses. Al año siguiente empieza el ciclo cultural,  me llama Natalia Caballero (directora de Cultura) porque unas madres le habían recomendado mi trabajo. Yo a todo esto ya había conseguido trabajo en un taller mecánico. Y Natalia me invitó a abrir un taller de danzas clásicas, cuando vengo a inscribir me doy con que se anotaron más de 30 personas así que amplié la franja horaria y así arranco el taller.

-¿Qué significa haber logrado ser elegida como la directora del Ballet Municipal y de la Dirección de Cultura Municipal?

Yo en Monte Cristo no tuve que golpear ninguna puerta. En mi vida golpee muchas puertas para trabajar para que me dieran una mínima oportunidad. Después de 2 años del taller le ofrecí a Adrián Calandri (director de la Banda Municipal) que hiciéramos algo juntos me dijo que sí. Lo primero que gestamos juntos fue el “Paso doble de la Virgen de la Macarena” para la inauguración del salón cultural y en ese momento el Intendente junto a la directora de cultura me proponen formar un ballet municipal.

Que me llamaran y me preguntaran si quería ser la directora de Cultura para mí fue gratificante. Esto es una rueda le puede tocar a cualquiera de nosotros yo he sido tallerista y cuando termine este proceso volveré a ser tallerista y alguno de ellos va a estar en mi lugar. Porque la idea es que en la cultura siempre tiene que haber nuevas ideas y nuevas opciones enquistarse en un lugar no está bueno.

-¿Sos una persona muy integradora desde el arte?

Todos somos artistas solo que algunos no se atreven, antes todos los oficios eran arte. Eso es lo que quiero hacer que todo sea arte y que tengamos esta sensibilidad hace que podamos conectarnos. Siempre tenemos algo que nos une por eso la idea mía es descentralizar, sacar los talleres a la calle, es llevar clases abiertas a cualquier espacio. Que se contagie todo el mundo aunque sea de espectador. Uno hace arte para generarle un choque al otro, le despierta la necesidad de hacer o agradece o genera un recuerdo bonito para su vida que en definitiva es lo único que nos va a quedar lo que hemos comido y lo que hemos vivido.

-¿A los 45 años decidiste seguir estudiando por qué?

Porque apareció la carrera que yo quería que existiera. La Universidad de Córdoba ha puesto en la currícula de la educación provincial el profesorado de danzas para escolarizar la danza. Esta carrera es para ser docente de escuela y llevar a la danza a la escuela. Y ahora yo estoy haciendo esa carrera como si fuera una alumna más, todo un desafío para mí porque físicamente no tengo las mismas condiciones que tienen los jóvenes y no te olvides que tengo cáncer.

-¿Qué te paso cuando te descubrieron la enfermedad?

Cuando descubrieron mi enfermedad hacía poquito que me habían ofrecido el Ballet Municipal y cuando me encontré con eso me dije tengo que poder hacerlo porque es la oportunidad de mi vida. Me tengo que poner bien como sea porque no voy a dejar esto. Esto es otro punto de cuando la danza me salva la vida.

Mi abuela- la madre de mi mamá- que era una gorda de risa contagiosa había tenido una historia parecida en su época. Ella perdió dos hijos pero jamás perdió la sonrisa fue referente muy importante para mí en esa cosa de levantarse por un lado y la filosofía simple de mi padre. “El amor dura toda la vida la lástima no”, me dijo una vez y esa frase me cambió la historia. Yo no voy a hacer nada por lástima pero sí lo voy a hacer por amor. Creo que esos dos fueron los referentes más gruesos de mi vida.

-¿Qué significa tu nieta Emma en tu vida?

Emma es el sinónimo de trascender. En ella yo me he visto, Emma le devolvió la sonrisa que había perdido Rocío su madre entonces yo le agradezco que haya venido al mundo. No tengo límites para ese amor, un amor sanador y salvador.

Roxana y Emma

-¿Volviste a apostar al amor a pesar de haber sufrido malas experiencias?

No creo en la palabra fracaso, las personas no fracasan se equivocan para aprender. Al lado del padre de mis hijos aprendí muchas cosas, lo que quiero y lo que no quiero más. Hoy con mi pareja actual Walter me volvería a casar porque creo que la familia, a pesar de todo, la familia es la respuesta. Uno en la familia aprende lo bueno y lo malo hay que empezar a desechar lo que no te sirve pero siempre rescatar lo bueno. Y lo que uno aprende en su casa de bueno te acompaña a lo largo de toda tu vida. Los amores se acaban o mutan y hoy tenemos una familia ensamblada que funciona muy bien porque los ex no son la competencia ni los enemigos son el pasado. Entonces la idea es seguir caminando para adelante con otra historia.